Es cierto que la importancia constitucional de la monarquía ha disminuido a lo largo de los últimos años, pero, a cambio, la reina pilotó la transformación de la institución y la convirtió en una especie de gran animadora nacional, con miembros de la familia convertidos en activistas y promotores de las causas que más valoran personalmente. Aquella monarquía de «se mira, pero no se toca», de guantes blancos y grandes bolsos, hace tiempo que pasó a la historia.

Justo antes de su cuadragésimo cumpleaños, en junio de 2022, el príncipe Guillermo copó titulares en todo el mundo cuando salió a las calles de Londres a vender ejemplares de The Big Issue, una revista distribuida por personas sintecho para conseguir ingresos con los que aliviar su situación de pobreza. Reconoció que su fuente de inspiración habían sido la labor y el ejemplo de su difunta madre, Diana, quien en su día llevó a sus hijos a conocer a personas que dormían en la calle para hablar con ellas. En su momento, la colaboración de la princesa con los sectores más desfavorecidos y marginados de la población se consideró poco convencional; sin embargo, a día de hoy es casi una costumbre establecida.

La reina presidió esa transición en las labores de los miembros de la realeza, y el comportamiento de las nuevas generaciones contribuirá a asegurarle a la monarquía una relevancia continuada en el futuro. Tal y como Guillermo comentó en una entrevista publicada precisamente en The Big Issue: «Siempre he creído en usar mi propia plataforma [como príncipe) para llamar la atención y mover a la acción a propósito de la situación de quienes pasan dificultades. Y ahora que cumplo cuarenta años, tengo aún mayor intención si cabe de seguir haciéndolo».

No basta con que hagamos nuestro trabajo; el servicio también nos exige sacrificio

Para la reina era un motivo de satisfacción saber que su sucesor no sólo compartía su compromiso con el servicio al país, sino que también tenía una sólida vida familiar y una comprometida dedicación a ella, algo que le recordaba a su propia infancia feliz. Como señaló en un documental de la BBC, Elizabeth: The Unseen Queen, narrado por ella misma, «por mi experiencia sé que una familia feliz sigue siendo uno de los elementos positivos de la existencia humana». También reveló los valores fundamentales que le sirvieron de sostén tanto en los momentos triunfales como en los más duros de su reinado: «La fe, la familia y la amistad no solo han sido una constante para mí, sino también una fuente de consuelo y tranquilidad personales», dijo.

Una frase en concreto permite entender cómo era su carácter y por qué concitaba un respeto tan generalizado tanto entre los líderes mundiales como entre los ciudadanos de a pie: «No basta con que hagamos nuestro trabajo; el servicio también nos exige sacrificio». Este sentimiento fue para ella una especie de guía: un conjunto de admirables valores que ella misma se forzó por transmitir a la generación siguiente. Durante la mayor parte de su reinado fue una presencia invulnerable y perdurable, un «hilo dorado» que cosió entre sí a naciones, organizaciones y constituciones dispares y, a menudo, rivales. La monarquía siempre se ha basado en contradicciones, ambigüedades y paradojas, en discordancias que la institución ha mantenido intactas durante muchos años.

Los interrogantes del rey Carlos

Con la llegada al trono del rey Carlos, acompañado de la reina consorte Camila, se plantean ciertos interrogantes fundamentales sobre el futuro de la monarquía, aunque en un clima muy distinto del que imperaba en 1952, cuando Isabel se convirtió en reina. Con la desaparición de la sumisión y la deferencia de antaño, y el creciente cuestionamiento del que son hoy objeto instituciones de todo tipo, tanto antiguas como modernas (desde la Iglesia hasta el Parlamento), la monarquía y su sentido y su relevancia estarán sometidas a un feroz escrutinio en el comienzo del nuevo reinado.

La monarquía y su sentido y su relevancia estarán sometidas a un feroz escrutinio en el comienzo del nuevo reinado

¿Por qué, por ejemplo, debería dársele a una familia blanca, anglosajona y cristiana la consideración automática de representante de una nación y de una Commonwealth multiétnicas? ¿Puede el rey Carlos reinar en Escocia, ahora que la independencia escocesa continúa siendo tema de debate? ¿Cómo aceptará la ciudadanía a la reina Camila, teniendo en cuenta el papel que jugó en el divorcio de Carlos? ¿Seguirá teniendo sentido a largo plazo la Commonwealth, esa organización que tanto cuidó y mimó Isabel? ¿Podrá una monarquía recortada y reestructurada, tal como la quiere Carlos, ejercer un verdadero liderazgo sobre ese grupo de países?

La reina Isabel murió el 8 de septiembre de 2022 en su residencia de Balmoral. Los ciudadanos británicos le mostraron su respeto y admiración durante diez días de luto oficial. Al funeral de Estado acudieron ochocientos mandatarios de todo el mundo, que le rindieron honores antes de ser enterrada en Windsor junto a su esposo. Isabel II dejó tras de sí un formidable legado de servicio, entrega y respeto. Está por ver que los nuevos actores protagonistas de la escena monárquica, Carlos III y la reina Camila, sepan responder al reto como lo hizo su predecesora. Una cosa es evidente: será difícil estar a la altura de su actuación.


Fragmento de ‘La Reina‘ de Andrew Morton, recién publicado en español por Espasa.

Andrew Morton ha escrito algunas de las biografías más vendidas de las últimas décadas. Sus libros, que han acercado al gran público a estrellas como Madonna, Monica Lewinsky, los Beckham, Tom Cruise o Angelina Jolie, han figurado siempre en las listas de los más vendidos. Alcanzó el éxito en 1992 con Diana: su verdadera historia, el libro que revelaba el mundo secreto de la desaparecida Diana de Gales.