El año 2022 ha llegado a su fin. Su legado nos deja mucho sobre lo que reflexionar mientras el año que ahora inauguramos todavía no tiene prisa por revelar sus incógnitas. Fuimos testigos de acontecimientos y fenómenos inéditos que pensábamos que eran de otras épocas, muy remotas.

Ya casi se queda en el olvido que hace precisamente un año la humanidad se animaba al avecinar el ansiado fin de la pandemia del coronavirus. La guerra a gran escala que se atrevió a desatar Rusia en pleno centro de Europa la pilló desprevenida.

Quizá fue la primera y la mayor, pero no la única, revelación que nos esperaba en 2022. Nadie imaginaba que en el siglo XXI Europa se convirtiese en la escena de unas hostilidades, comparables por su escala con las escenas bélicas de la Segunda Guerra mundial.

Igual que hace más de ocho décadas el perpetrador está llevando a cabo una guerra en toda regla, aunque la llama hipócrita y descaradamente «operación militar especial«, sin respetar ninguna de las leyes y costumbres de guerra. Los horribles crímenes de guerra y de lesa humanidad que acompañan la invasión y la ocupación rusas es algo a lo que la humanidad nunca se acostumbrará.

Las ejecuciones arbitrarias de los civiles, las deportaciones forzosas, las violaciones, los secuestros, las torturas, ciudades enteras asoladas por los bombardeos indiscriminados – estos y otros crímenes de las tropas rusas en el suelo de Ucrania se amontonan a diario. Parece que no haya quedado ninguna regla del derecho internacional humanitario que Rusia no haya violado. No es de extrañar que el mundo fuera testigo del éxodo más masivo de civiles. Se calcula que una cuarta parte de la población de Ucrania encontró refugio en el exterior, en primer lugar, en Europa y Norteamérica.

Hasta la fecha la Fiscalía General y otras fuerzas del orden de Ucrania han abierto expedientes para investigar más de 59.000 episodios de crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos desde el 24 de febrero de 2022.

Todo apunta a que el invasor ruso se adapta para una guerra a largo plazo que ya tiene todos los rasgos de genocidio encaminado al exterminio de los ucranianos como población»

Todo apunta a que el invasor ruso, incapaz de conseguir sus objetivos en una campaña militar relámpago, se adapta para una guerra a largo plazo que ya tiene todos los rasgos de genocidio encaminado al exterminio de los ucranianos como una nación. Las investigaciones del crimen del genocidio ya están en marcha. La propuesta de crear un Tribunal Especial para el crimen de agresión contra Ucrania, como una herramienta de llevar a la cúpula política y militar rusa ante la justicia, cuenta con el apoyo de varios países y este número indudablemente va a incrementarse con el avance de las investigaciones.

El invasor ruso no solo recurre a las peores prácticas de sus mentores nazis sino también las complementa con el terror nuclear y el chantaje energético y alimentario. Europa aprendió por las malas que en las manos de Rusia, incluso la energía, es un arma que va a ser usada contra cualquiera que dependa críticamente del suministro del gas ruso, una tesis que Ucrania no se cansaba de repetir públicamente desde hace casi dos décadas.

Por otra parte, el Kremlin trató de explotar la dependencia crítica del Sur global de los suministros de los cereales ucranianos cortando las rutas tradicionales de su transporte. Todo con vistas a provocar la instabilidad y nuevas olas migratorias a Europa que es tan sensible a este tema.

A 10 meses de la guerra las bajas mortales rusas superaron los 100.000 efectivos. Con estas cifras impensables un gobierno responsable reconsideraría su postura y renunciaría a los planes de conquistar otro país. En la práctica, el Kremlin sigue insistiendo en sus propósitos iniciales de restaurar la así llamada «Rusia histórica» dentro de las fronteras de la URSS en 1991, donde no quedaría espacio para los ucranianos. La sociedad rusa, si la noción «sociedad» es apropiada en este caso, en su totalidad apoya la guerra y la idea de aniquilación del pueblo de Ucrania, aunque la mayoría es reticente a tomar parte en persona en los combates y prefiere desertar.

Parece que tanto la élite como la población rusas estén dispuestas a pagar cualquier precio si se trata de la restauración del imperio. Hay que admitir que siempre han sido adoctrinadas con esta idea hasta la obsesión. Y ahí viene otra revelación – los intentos de democratizar y westernizar Rusia fracasaron. La amenaza a Ucrania (y a Europa por igual) que proyecta la Rusia de Putin es existencial.

Para la comunidad democrática la buena noticia es que, como lo demuestran los hechos, la omnipotencia militar rusa es nada más que una mera exageración, un mito.

Para el asombro de todo el mundo el ejército ucraniano, situado el puesto número 22 en el ranking global, primero detuvo y luego empezó a expulsar con éxito a la «segunda potencia militar» del mundo. Hasta la fecha las fuerzas de defensa ucranianas han logrado recuperar la mitad del territorio ocupado por las tropas rusas desde el 24 de febrero de 2021.

Cuando en los primeros instantes de la invasión a gran escala, los comandantes rusos esperaban que la exposición masiva de superioridad se tradujera en una completa confusión y consternación del Gobierno y el ejército ucranianos, volvió a revelarse el espíritu de resistencia y rebeldía ucraniano. 

Cuando Vladimir Putin dio órdenes de mover sus tropas a Ucrania, al invasor ruso no le plantó cara el ejército de Ucrania sino a toda una nación. El ejército representaba solo el estrato más visible de este pueblo comprometido con la libertad.

Mientras las Fuerzas Armadas de Ucrania trituraban meticulosamente a las tropas rusas y sus convoyes en los suburbios de los grandes núcleos urbanos de Kyiv, Cherníguiv, Járkiv y Mariúpol, la gente de a pie hacía colas en masa en las oficinas de conscripción para alistarse al ejército o las fuerzas de la defensa territorial, construyendo las barricadas y puestos de control, organizando las estructuras del voluntariado para comprar cascos y chalecos antibalas.

Para perplejidad de escépticos, fue el presidente quien asumió el papel de liderar la resistencia de Ucrania»

Una agitación de esta magnitud incluso una sociedad como la ucraniana que se maduró en dos revoluciones populares y ocho años de guerra requería un símbolo nacional, una imagen visualizada de resistencia y resiliencia. Para perplejidad de escépticos, fue el presidente Volodymyr Zelenskyy quien desde los primeros instantes de la invasión asumió este papel de liderar la resistencia de Ucrania. Hablemos claro –  no solo los enemigos en Moscú, sino también los socios en ambos lados del Atlántico no esperaban que el pueblo ucraniano y el presidente Zelenskyy estuviesen dispuestos y capaces a plantar una resistencia tan feroz. Es obvio que Putin calculaba que el presidente de Ucrania se desmoronase y abandonase el país sumergido en el caos.

Todos los indicios apuntan a que los socios en el Occidente tampoco creían que Ucrania pudiese resistir más allá de pocas jornadas y ofrecieron al presidente una evacuación segura. «Necesito armas, no un taxi» – con estas palabras se arrojaron los dados. Esta frase, como ninguna otra, refleja hasta qué punto se equivocaban inicialmente, malinterpretando el espíritu nacional ucraniano. 

Al apelar a la opinión pública, a la gente de a pie que no estaba adoctrinada con la Realpolitik, el presidente Zelenskyy, vestido con una sencilla camiseta, supo elegir la mejor manera de concienciar a la élite política occidental de que Ucrania no iba a rendirse bajo ningún concepto.

Cada discurso dirigido al público y los parlamentos se traducía, al pie de la letra, en el incremento de las ayudas a Ucrania, porque los líderes del mundo democrático sentían presionados por una opinión pública, consciente de la injusticia de esta guerra y los sufrimientos del pueblo de Ucrania.

Estas apelaciones públicas de Volodymyr Zelenskyy, junto con el coraje colectivo demostrado por los ucranianos desde los primeros meses de la guerra, y en especial la exitosa contraofensiva de las tropas ucranianas, hicieron a los gobiernos occidentales despertar paulatinamente y perder el miedo de suministrar de forma directa las armas de tecnología punta y de alta precisión que el ejército de Ucrania pedía para igualar sus capacidades con las del invasor.

Esta fusión del compromiso del pueblo ucraniano con la defensa de su libertad y valores democráticos, por una parte, y de la solidaridad de los gobiernos y la sociedad civil occidentales con Ucrania, por otra, dio sus frutos, cambiando la lógica y la dinámica de esta guerra.

Hoy en día el flujo de las armas y municiones que permiten proteger las ciudades y la infraestructura crítica de Ucrania es una realidad. En gran parte, gracias a España que se sumó de forma activa y práctica a la coalición de las democracias comprometidas con Ucrania y por ende con la causa de la defensa de los valores compartidos.

Los sistemas antiaéreos entregados por el Gobierno de España hacen el cielo de Ucrania más seguro, especialmente, cuando Rusia se esfuerza en causar el mayor daño posible a la red eléctrica y hacer la vida de los civiles insoportable en las condiciones del duro invierno. Los vehículos militares y las ambulancias dotadas al ejército ucraniano protegen y salvan las vidas de las tropas en el campo del combate, mientras las armas y municiones ayudan a contener al enemigo y expulsarlo de las tierras ucranianas. Los generadores y transformadores que donaron el Gobierno de España y las compañías españolas contribuyen a mitigar la gravedad de la escasez de las potencias energéticas en Ucrania, fruto de los incesantes bombardeos rusos del sistema de generación de electricidad ucraniano. Gracias a estos equipos eléctricos los médicos siguen atendiendo a las mujeres y niños en las maternidades y los cirujanos salvan vidas en las mesas operatorias. 

Es emblemático y apreciable que esta casa, ‘El Independiente’, ponga su granito de arena apoyando la campaña de la Embajada enfocada a recaudar fondos para adquirir ambulancias blindadas

Igualmente, el pueblo de Ucrania está muy agradecido a la sociedad civil española que demuestra un nivel ejemplar de solidaridad acompañándolo todos estos meses con las iniciativas humanitarias de recogida de los alimentos y medicinas, acogida en sus casas de los desplazados, sumándose a la campaña de recolección de los fondos para comprar las ambulancias blindadas. Es emblemático y apreciable que esta casa, El Independiente, también ponga su granito de arena en este empeño, apoyando la campaña de la Embajada, enfocada en recaudación de los fondos para adquirir ambulancias blindadas. Indudablemente no tiene precio la solidaridad y la contribución española que mantiene viva la esperanza del pueblo de Ucrania en su lucha contra la agresión rusa.

El presidente Volodymyr Zelenskyy merecidamente personifica el espíritu de resistencia de Ucrania y de su pueblo, un pueblo dispuesto a soportar duros sacrificios, incluso en un invierno con escasez de luz y calefacción, para seguir defendiendo su libertad y los valores del Occidente.

No es de extrañar que el rostro del presidente Zelenskyy, el de la resistencia, la resiliencia y la lucha por la libertad, esté en las portadas de los periódicos y revistas políticas más influyentes del mundo que lo reconocen como la persona del año, como ha hecho El Independiente.

En la guerra más sangrienta de las últimas ocho décadas Ucrania, el país más grande de Europa, finalmente ya se ha ganado su lugar merecido entre las naciones democráticas. Una vez más la democracia demuestra su superioridad, en primer lugar moral, ante la autocracia. Nuestro mundo no volverá a ser como lo conocíamos. Este es el cambio y la revelación clave para nuestra generación.


Serhii Pohoreltsev es Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Ucrania en el Reino de España.