Paco Salazar parece que pasó hace mucho, ahora que Sánchez sólo se dedica a montarse películas de Gru y a coleccionar las teteras rotas de su gestión, según el símil de Óscar Puente, que quizá lleva todo el tiempo confundiendo su ministerio con un museo de cerámica cartuja. La intención de la oposición era sacar a Salazar en la Comisión Koldo del Senado para hacerle anticampaña a Pilar Alegría, pero yo creo que eso ya no hace falta. Primero, porque Salazar también ha pasado a formar parte del museo de teteras rotas, colgado de sus orejas de asa y de su bragueta de pitorro, y ya nadie se acuerda de él (Sánchez produce escándalos como botijos de recuerdo, que luego, como suele pasar con los recuerdos, se olvidan en cualquier sitio). Y, segundo, porque ni a Sánchez parece importarle la campaña de Aragón, sólo ir en cohete de Dubái al ciberespacio (ya nadie dice ciberespacio, se nos ha domesticado e interiorizado el concepto y el espacio y ahora es tan poco exótico y extraterrestre como el sofá). Lo importante del caso Salazar fue que provocó una revolución en el propio PSOE, en las mujeres del PSOE sobre todo, que ya dejaron de ser coristas de Sánchez como de Julio Iglesias. Pero es que Sánchez ha abandonado a su partido, sólo quiere salvarse él con el único paracaídas, como un malvado de Pixar con pico de viuda en la frente.

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Paco Salazar parecía recuperado del museo o del formol, como un urodelo, indeterminado en el tiempo, en el color, en la vida, en la trascendencia de su presencia. Salazar, que podía ser el quinto del Peugeot como el quinto beatle, por supuesto no sabía nada de irregularidades en las primarias, ni de los chanchullos de los otros mosqueteros (esos mosqueteros mofletudos y gordos como mosqueperros), ni de financiación ilegal en el PSOE, ni de nada, ni siquiera reconocía su bragueta, cosida como la boca. Le preguntaron por aquella comida con Pilar Alegría y admitió que no le recriminó en ningún momento su actitud con las mujeres, como afirma Jorge Azcón, el candidato del PP en Aragón, que ella llegó a comentarle. Tampoco hablaron nada profesional, sólo desde un punto de vista “humano”. A todos estos, después de haber sido mangantes, puteros, chistorreros, babosos o esbirros alrededor de Sánchez, les entra enseguida “lo humano” como una especie de moquillo lastimero, se vuelven familiares, sopicaldistas, reumáticos y hasta perripadres. Pero todo esto, en realidad, que es a lo que yo iba, da igual. A Sánchez le da igual, quiero decir, que es lo más escalofriante.

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El desastre de Aragón será como el Extremadura, o como el de toda España, y Sánchez no parece inmutarse ni conmoverse

Pilar Alegría está haciendo toda la campaña aragonesa sólo con la boquita pintada y torcida de su apellido irónico y su destino cruel. Alegría va a palmar como una princesa china, entre el honor y la inutilidad, mientras Sánchez se enfrenta a Elon Musk con bacía de barbero o palangana talaverana en la cabeza y se paga publirreportajes megalómanos o megacéfalos en la prensa internacional. Desde luego, Sánchez ha perdido toda la vergüenza hace mucho, así que no creo que le preocupe en exceso usar citas apócrifas del Quijote (la de ladrar y cabalgar es como el brutal descabalgamiento del falso pedante de casino), ni que su artículo o remitido en el New York Times se titule “Soy el presidente de España. Por esto Occidente necesita inmigrantes”. Después de ver que Sánchez empieza el artículo como un rey las cartas, como si todo lo demás manara de su autoridad, o como si nada en realidad importara salvo esa divisa de autoridad; después de eso, decía, uno se da cuenta de la ambigüedad y la guasa de la cosa. Porque, a menos que uno traduzca con cierta intención (“estas son las razones por las que Occidente…”) lo que parece que dice es que Occidente necesita inmigrantes porque él es el presidente de España. Que es justo la verdad, claro. Entre Occidente y Aragón, Sánchez, por supuesto, está a lo que está. La pregunta es si el PSOE lo aguantará mucho.

El desastre de Aragón será como el Extremadura, o como el de toda España, y Sánchez no parece inmutarse ni conmoverse. No le importan Alegría, ni Salazar, ni Cerdán, ni Adamuz. Es como si Sánchez ya no estuviera ahí, ni en las campañas ni en la corrupción ni en los desastres que a ellos les parecen desastres de teteras, pequeños desastres de la cocinera. Alegría, ya digo, se sacrificará como las sati hindúes en la pira, y luego vendrán otros, mientras Sánchez sigue con campañas, advocaciones, viajes, luchas y milagros personales. Y es que yo creo que Sánchez ha llegado a la última conclusión, o a la última locura, de pensar que su salvación sólo depende de él, de su voluntad, de su confianza, de su imagen, de su aura. Por eso no le preocupan los resultados del PSOE, ni los corruptos que callan o croan, ni lo que pueda pasar aún con la banda del Peugeot, la financiación, la fontanera, Begoña, Venezuela ni lo que venga.

Pilar Alegría saldrá en la noche del domingo como una dama desdomingada, con el íntimo fracaso de esas fiestas que ya se sabían fracasadas de antemano. Pilar Alegría enviudará de sí misma y a Sánchez le dará igual. Sánchez se cree inevitable, y sólo espera su hora, hora en la que su magia, o su fuerza bruta sin más, se volverá a revelar por encima de todo lo que haya podido pasar, incluso de la propia España destruida, incluso del propio PSOE destruido, incluso de sus fieles viudas desvendadas de seda por las llamas y sus fieles esbirros despellejados por el ácido de la cárcel o del desprecio de la sociedad. Pero diría que en el PSOE, más que creer en el milagro o en el hipnotismo, empiezan a creer que el que suena como una tetera es Sánchez. Y creo que ya están mirando el único paracaídas.