Las elecciones en Sajonia-Anhalt han provocado un terremoto político en Alemania, porque por primera vez desde 1945 una facción política de extrema derecha consigue el gobierno de un estado federado. El aplastante resultado de Alternativa por Alemania (AfD) ha sorprendido, ya que se han quedado al borde de la mayoría absoluta. Con el apoyo de la Alianza Sahra Wagenknecht, AfD llegará al poder. La Unión Demócrata Cristiana (CDU), y la Unión Social Cristiana de Baviera (CSU) han decidido persistir con el cordón sanitario (Brandmauer) a la extrema derecha, aliada de China y Rusia.
No es la primera vez que la CDU y la CSU necesitan mantenerse firmes en la defensa de las instituciones democráticas con un pronóstico de resultados adversos. En 1983 se fundó el partido Los Republicanos, una escisión de la CSU bávara que pedía más contundencia frente a la inmigración, contra la Unión Europea, contra la OTAN, contra cualquier atisbo de multiculturalidad. Se aferraba a la defensa del Estado-nación frente a las leyes europeas. Su modelo de referencia era el Frente Nacional francés, de Jean-Marie Le Pen.
Prometían una regeneración democrática de las instituciones, abolir los sindicatos, reducir el Estado y volver a las fronteras de 1937. Los Republicanos consiguieron dos millones de votos en las elecciones al Parlamento Europeo de 1989, el 7,1% de los votos. En Berlín Occidental lograron el 7,5% de los votos en las elecciones federales del mismo año. El canciller Helmut Kohl reaccionó rápido, y Franz Josef Strauß, ministro-presidente de Baviera y líder de la CSU, también. En las siguientes elecciones, Los Republicanos tenían que estar desactivados electoralmente.
La respuesta de Kohl y Strauß fue directa. Si no querían que la ultraderecha creciera tenían que hacer un discurso que diera respuesta a determinadas cuestiones como migración, integración europea, política exterior y cuestiones de la política diaria desde la derecha. Y al mismo tiempo, no deberían ser una copia para no perder al votante centrista, ni provocar tensiones con sus socios de coalición, los liberales (FDP). Por si fuera necesario, Kohl también moderó el giro a la derecha para conseguir crear un muro cortafuegos (Brandmauer) con el Partido Social Demócrata, por si fuera necesario establecer un pacto entre ambos para una eventual subida de los Republicanos. No fue necesario, porque la estrategia funcionó, pero fue la primera vez que el concepto de cordón sanitario o Brandmauer frente a la ultraderecha se aplicaba en la política alemana.
Pocas horas después del anuncio de los resultados en Sajonia-Anhalt, el ministro-presidente de Baviera, Markus Söder, lanzaba un mensaje en redes sociales donde afirmaba que estábamos en un punto de inflexión histórico. Decía que hay que recordar que Alternativa para Alemania no quiere sacar al país de ninguna crisis, sino crear nuevas dependencias y arruinarlo. En un post posterior, habló de la conexión entre Rusia y Alternativa para Alemania.
El canciller federal, Friedrich Merz, de la CDU, señaló desde el Bundestag que AfD está situado en el margen de los principios fundamentales alemanes de libertad y democracia. Y recordaba que a pesar de los resultados que dan el gobierno a Alternativa para Alemania en Sajonia-Anhalt, el 56% de los electores del Land no les votó. El discurso en el Bundestag fue una continuación del que hizo desde la sede de la CDU el 6 de septiembre, donde afirmó que AfD dañaba la República Federal de Alemania, y tiraba por los suelos todo lo que se había conseguido hasta ahora.
Ahora la situación es más compleja que en los tiempos de Kohl como consecuencia del equilibrio de coaliciones en los diferentes estados y a nivel federal. La alianza de la CDU y el SPD en algunos Länder hace que no se pueda derechizar el discurso unilateralmente por parte de la CDU y la CSU como entonces, y al mismo tiempo se tiene que huir de buscar copiar ciertos tics de AfD para arrebatar sus votantes.
Ahora se debe dar respuesta a cuestiones de la política doméstica que preocupan al votante alemán"
Kohl hizo una estrategia interesante junto con Strauß, y es que se erigieron en el voto útil para conseguir determinadas cuestiones. Por un lado, cambiaron las leye para restringir la política de nacionalización, pero a la vez apoyaron toda política a favor de la integración europea para facilitar el libre movimiento de personas y bienes entre todos los países de la UE, además de facilitar y promover el entendimiento hacia el Este. Este equilibrio interno dio respuesta a la cuestión migratoria, y al debate de fronteras y comercio en pleno bullicio de la unificación. Ahora, se debe buscar el equilibrio en la misma dirección, dar respuesta a cuestiones de la política doméstica que preocupan al votante alemán, como la situación económica y la migración, y al mismo tiempo consensuarlo con los socialdemócratas para conseguir un apoyo institucional ya que integran parte del gobierno. Es el bloqueo de la legislatura donde más se apoya AfD para ir contra ambos partidos, ya que la legislatura no avanza.
El ministro-presidente Strauß afirmó en 1987 que a la derecha de la CSU y la CDU no debería haber ningún partido democráticamente legitimado, y que ellos deberían llenar ese espacio político. Söder desenterró este principio esta semana. Y Merz parece que se ha despertado de un largo letargo. Como el cuento de los hermanos Grimm del lobo y los corderitos, el lobo de la ultraderecha parece que haya entrado en la casa, y se haya comido a algunos corderitos sajones. Ahora tiene que venir la segunda parte, donde la madre coge unas tijeras, y libera a los corderitos de la panza del lobo. En las encuestas de las próximas elecciones, las regionales en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, el 20 de septiembre, AfD se sitúa primera, y el Partido Social Demócrata segundo frente un estrecho margen, lo que podría significar que la suma de las facciones de gobierno pueda establecer un cordón estable.
Como dijo el presidente federal Richard von Weizsäcker en 1990, la historia no se repite, pero sí repite sus lecciones. Y es quizás que ahora debemos recordar que la ultraderecha no ha solucionado nunca nada cuando ha llegado al gobierno de ningún lugar. El principal bastión contra una extrema derecha fuerte es una derecha democrática más fuerte todavía. Como sucedió en Francia con Chirac contra Le Pen, como sucedió en Alemania con la CSU contra Los Republicanos, y como sucedió en Italia con la Democracia Cristiana frente el Movimiento Social Italiano.
Ahora, los resultados en Sajonia-Anhalt muestran cómo los partidos tradicionales se han olvidado de los problemas reales de la gente, de las emociones que les llevan a votar por AfD, y en el caso del Este prueba que la unificación se hizo mal.
Guillem Pursals es doctor en Derecho (UAB), máster en Seguridad (UNED) y politólogo (UPF), especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado. Aquí puede leer sus artículos publicados en www.elindependiente.com
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