Opinión

Trump quiere ganar las elecciones de Israel

Trump se encuentra por segunda vez con Netanyahu en el Despacho Oval.
Trump se encuentra por segunda vez con Netanyahu en el Despacho Oval. | EFE/EPA/YURI GRIPAS / POOL

Donald Trump ha anunciado su apoyo a Benjamín Netanyahu en las elecciones en Israel del próximo día 27. Como tantas otras decisiones del presidente de Estados Unidos el anuncio podría dar lugar a pensar que detrás hay una operación calculada y, aunque tal operación existe, nada indica que esté dando frutos.

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Los enviados habituales de Trump a todos los conflictos: Steve Witkoff y su yerno Jared Kushner, a los que ha sumado el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, han mantenido en las últimas semanas discretas y tensas conversaciones con los dos principales candidatos a primer ministro de Israel, Netanyahu y Gadi Eisenkot, tras las elecciones. La propuesta de Trump es conseguir el compromiso de ambos dirigentes de que, gane quien gane (los sondeos predicen un empate), se constituya un gobierno de unidad nacional sin representantes del ala más dura de la derecha y donde el cargo de primer ministro sea rotatorio entre los dos principales candidatos, sea quien sea el vencedor.

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Detrás de estas conversaciones impulsadas por Trump hay una ambiciosa obsesión y un objetivo estratégico. Su obsesión es atenuar el fracaso que le pronostican los sondeos en las elecciones de medio término a las que el presidente de EEUU tiene que enfrentarse el próximo 3 de noviembre. En nombre de aminorar ese fracaso, Trump está obligando al presidente ucraniano a aceptar un acuerdo de supuesta paz favorable a Moscú y trata de imponer al próximo primer ministro israelí un plan pensado desde los intereses más inmediatos de EEUU.

Así, Trump plantea como objetivo estratégico limitar más las acciones ofensivas de las Fuerzas de Defensa de Israel en Líbano, moderar las acciones militares en Gaza para facilitar la transición y comenzar la reconstrucción de infraestructuras en el territorio, frenar el extremismo de algunos colonos en Cisjordania y, lo más importante desde la concepción de la Administración Trump sobre la situación regional, conseguir un acuerdo público de reconocimiento entre Israel y Arabia Saudí, ahora más abonado por la ofensiva de los hutíes de Yemen aliados de Irán. Para los saudíes, oficializar un acercamiento que en parte ya existe sería más fácil de cara a las sociedades árabes si Netanyahu aparece como menos protagonista en la escena israelí.

Pero Trump ignora aparentemente que la ley electoral israelí favorece una fragmentación parlamentaria que podría dar lugar a alianzas de gobierno que hagan imposible un acuerdo de ese tipo y que limitar las acciones militares, por ejemplo en Líbano, darían un espacio de recuperación a Hizbullah así como pretender que avance el proceso en Gaza sin desarmar a Hamás es una ingenuidad peligrosa.

La propuesta de Trump es conseguir el compromiso de ambos dirigentes de que, gane quien gane se constituya un gobierno de unidad nacional sin representantes del ala más dura de la derecha"

Y así parecen haberlo entendido los dos candidatos. Gadi Eisenkot, líder de Yashar y principal candidato de la oposición en las elecciones, ha declarado que no formará parte de un gobierno liderado por el primer ministro Benjamín Netanyahu, ni siquiera bajo un acuerdo de rotación. “Prometo categóricamente que no trabajaré bajo las órdenes de Netanyahu en un acuerdo de rotación” ha precisado a medios israelíes.  Añadió Eisenkot que, si bien no descarta formar gobierno con el Likud (el partido de Netanyahu), se niega a trabajar junto a este debido a la responsabilidad que tiene como primer ministro por lo sucedido el 7 de octubre de 2023.

Las presiones de Pete Hegseth, el secretario de Defensa, sobre Netanyahu han insistido en otro punto: el de no atacar, ni provocar nuevos incidentes con Irán, antes de las elecciones  de noviembre en Estados Unidos. Netanyahu y sus asesores creen que los titubeos de Trump y los recovecos de las conversaciones sobre el estrecho de Ormuz ha dado un tiempo precioso a Teherán para recomponer en parte sus sistemas de defensa, comenzar a reconstruir su programa nuclear y reafirmar su discurso, falso pero efectivo, de que están ganando su pulso a EEUU e Israel. Por eso las fuerzas armadas israelíes realizaron un simulacro de ataque a Irán hace unos días para detectar el estado actual de sus capacidades de alerta y respuesta de cara a un ataque por sorpresa, esta vez real.

Según ha filtrado la oficina del primer ministro a los medios de comunicación, tras la entrevista con Hegseth, Netanyahu sostuvo una conversación telefónica de Trump en la que planteó un posible regreso a la guerra con Irán, diciéndole a Trump que tenían "un trabajo que terminar" y que lo "terminarían juntos".

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