Opinión

Los nuevos frentes de Israel

Los nuevos frentes de Israel
Vehículos blindados israelíes | EFE

Hay que dejar clara una afirmación inicial, aunque sea incómoda para el griterío casposo anti-EEUU y, por supuesto, anti-Israel, máscara que encubre con frecuencia el antijudaísmo que hunde sus raíces en la Europa medieval, reverdecida por Hitler y sus acólitos. Y esta afirmación dice que Israel ha logrado superar, con una eficacia extraordinaria, una ofensiva militar en tres frentes a la vez: Gaza, Líbano e Irán, más apoyos de cobertura terrorista desde Yemen y en Cisjordania, y en medio de una oleada de propaganda en la que las opiniones de defensa de valores occidentales fueron desbordadas por viejos dogmas y nuevas mentiras.

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Pero Israel se está encontrando con nuevos frentes que, sin dejar de existir los anteriores, presentan un nuevo y preocupante escenario para Jerusalén y la sociedad israelí. El principal es la sensación de vulnerabilidad que dejó el ataque terrorista del 7-O y que no se ha podido restaurar del todo con las victorias militares en Líbano y Gaza y las operaciones en Irán, sumado a la contención de los hutíes y el mantenimiento del suficiente orden en Cisjordania para evitar una ofensiva terrorista como soñaban Hamás y algunas facciones palestinas.

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Esa sensación de vulnerabilidad ha abierto un frente interno que se está complicando cada día que pasa. Hay que recordar que la agresión terrorista de Hamás y aliados llegó en medio de una gran movilización de la sociedad israelí para frenar los proyectos autoritarios de Netanyahu que, como el antiguo gobierno polaco, el derrotado Viktor Orban en Hungría y el propio Pedro Sánchez, sueña con limitar el poder judicial e introducir nuevos mecanismos de intervención que expandan el poder del Gobierno a costa de los poderes legislativo y judicial. La ofensiva terrorista aplazó, pero no anuló, ese debate y, a la vez, abrió el de la responsabilidad de quienes no advirtieron el riesgo y tomaron medidas suficientes y que Netanyahu está empeñado en obstaculizar y seguir aplazando.

Las elecciones del próximo 27 de octubre para elegir a los 120 diputados en el Parlamento de Israel suponen un escenario idóneo para retomar esos debates en un clima de susceptibilidad, sensación de inseguridad y gran incertidumbre. Es un escenario convulso, con grupos de judíos llevando a cabo acciones violentas contra pobladores árabes de Cisjordania, que han encontrado apoyo en algunos militares, sancionados, y que el Gobierno de Jerusalén no ha sido capaz de atajar de momento, lo que dificulta las operaciones antiterroristas en la zona y alienta la campaña internacional anti-Israel.

Una campaña dura

La sociedad israelí es muy compleja y está muy politizada desde la guerra de la independencia y la fundación del Estado. La pluralidad étnica y religiosa que se desenvuelve en unas cotas de libertad equiparables a las europeas, la situación de alerta permanente producto de una rivalidad político-religiosa que data de muchos siglos, la rápida transformación de una sociedad agrícola tradicional en una de las economías más importantes del mundo en materia tecnológica y el extraordinario y sofisticado aparato de inteligencia y de defensa hacen de Israel un país de difícil comprensión, a veces incluso para algunos de sus ciudadanos. Una ley electoral que hace prácticamente imposibles las mayorías absolutas y obliga a pactos a varias bandas añade complejidad a la hora de tomar decisiones que en Israel suelen tener un carácter de supervivencia del Estado mismo.

La campaña va a ser dura, crispada, llena de jugadas sucias y debates crudos, con jefes militares y la política de defensa en primer plano y con la obligación, para el próximo Gobierno, de comprometerse con medidas que restauren la confianza en las instituciones, la seguridad y la continuidad de la consolidación de la única democracia de Oriente Medio. Todo eso es clave para conseguir una estabilidad que permita aprovechar las oportunidades de redefinir las alianzas regionales que aparecen en el horizonte.

Una reunión significativa y discreta

Precisamente a propósito de estas oportunidades y a raíz de la nueva ofensiva de los aliados yemeníes de Irán, los hutíes, en el Canal de Suez, se ha producido un encuentro en Alemania que está pasando relativamente desapercibido y que han revelado fuentes israelíes al portal Axios.

Jefes militares de Israel, Estados Unidos, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Kuwait, Qatar, Jordania y Egipto celebraron una reunión en Alemania hace unos días para tratar la guerra con Irán y las tensiones regionales.

EEUU e Israel quieren obtener del conflicto con Irán el fortalecimiento y la ampliación de los Acuerdos de Abraham, firmados en 2020 para normalizar las relaciones políticas y comerciales entre Israel y varios países árabes, con la mediación de Estados Unidos, y que cambiaron radicalmente la situación en la región, hasta el punto de que se da por hecho que la ofensiva terrorista de Hamás se precipitó porque se consideraba inminente el establecimiento de relaciones plenas entre Israel y Arabia Saudí, referencia mundial del Islam, que alberga La Meca, que ejerce una gran influencia en el islam suní y que, además, es una gran potencia energética y financiera. El camino es sinuoso y está lleno de obstáculos. Las erráticas decisiones de Trump y las convulsiones internas de Israel no facilitan el trayecto, pero la persistencia de la amenaza de Teherán para todos los países vecinos y la economía mundial está ofreciendo una oportunidad que merece ser aprovechada.

Aunque la reunión fue exploratoria, sí hubo un acuerdo de fondo: Irán es el principal factor desestabilizador de la región, es urgente mantener abiertas las rutas marítimas en Suez y Ormuz y, como paso previo, se han reforzado los canales de intercambio de inteligencia entre los países asistentes al encuentro. No parece que sea un mal resultado en una buena dirección. Los países que se encontraron en Alemania no van a ser estrechos aliados entre sí, ni siquiera el grupo árabe, y hay discrepancias entre Israel y EEUU. Pero sí hay una base de intereses comunes que se van consolidando y que cualquier error puede hacer fracasar.

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