Opinión

Trump gana la guerra y entrega la victoria

El presidente de EEUU, Donald J. Trump
El presidente de EEUU, Donald J. Trump | Aaron Schwartz/EFE

Cuando EEUU e Israel decidieron atacar Irán cada país tenía objetivos cercanos pero con matices diferentes ante la amenaza de Teherán de volver del revés y a través del terrorismo todo el Oriente Medio. Mientras para EEUU era necesario aplastar la capacidad militar iraní y crear las condiciones para un nuevo acuerdo más restrictivo respecto a la tecnología nuclear, Israel aspiraba, y aspira, a una derrota de Irán más profunda, que impida un protagonismo de Teherán en la reordenación del espacio geopolítico de Medio Oriente en la próxima década.

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¿Esto se ha conseguido? Pues del todo no pero en gran parte sí. A pesar de los profetas apocalípticos, Trump no ha perdido la guerra ni Irán sale fortalecida por más que el discurso de Teherán, como lleva haciendo desde que los ayatolás tomaron el poder, explique cada acontecimiento como pasos hacia la victoria planetaria contra los infieles satánicos. Irán sale de la guerra con una economía agónica, unas fuerzas armadas muy debilitadas aunque puedan lanzar misiles que no desequilibran el balance militar y sólo dispersan el terror, y unas capacidades para apoyar, potenciar y dirigir a sus terminales terroristas en Líbano y Gaza con más dificultades  que nunca. 

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Sorprenden algunos comentarios de expertos que llegan a afirmar que Irán sale fortalecido militar y políticamente del conflicto reciente. Aunque es verdad que la fanfarronería de Trump, sus discursos de taberna, sus mentiras propagandísticas y sus promesas de destrucción subieron expectativas que fueron de consumo masivo en los medios. Pero estas expectativas alimentadas por el bocazas de la Casa Blanca estaban más en los discursos que en los planes aunque tal vez debieron haber estado. Y ese discurso fanfarrón ha acabado en una entrega de la victoria a Irán. De hecho, en el memorándum firmado, Irán solo asume colaborar en devolver la vía de Ormuz al estado anterior a la guerra. Lo demás son solo promesas, como ha hecho siempre, y recibir ayudas financieras mientras se abre un periodo para concretar los detalles. 

EEUU no ha sabido explotar el éxito pese a las advertencias de Israel, Emiratos Árabes y Arabia Saudí. Y las proclamas chulescas, de barra de taberna y de negociador inmobiliario de película de serie B de Donald Trump han dibujado un escenario proclive al discurso simplista sobre el acuerdo.

Una de las características de los analistas occidentales, no es así entre los analistas árabes de la región, es la creciente importancia del detalle de la espuma sobre las líneas profundas del oleaje o de los árboles sobre el bosque. 

Pongamos como ejemplo el problema de Ormuz. Suele plantearse como error monumental cómo es posible que EEUU no haya previsto el bloqueo que Irán siempre ha anunciado y documentos del Pentágono preveía como riesgo. Pero esto no ha sido así. EEUU no cometió un error de imprevisión sino de prepotencia lo que es un error grave pero no una ingenuidad. La Armada de EEUU destruyó la columna vertebral de la flota militar iraní los primeros días y subestimó el papel de las lanchas rápidas armadas con misiles. La DIA, la agencia de inteligencia de la defensa de EEUU creyó que Irán así no podría bloquear Ormuz y ese fue el error. Luego éste se palió en parte con el boicot a los barcos que Irán sí dejaba pasar lo que estranguló más la economía de Irán y precipitó las negociaciones. Y convendría analizar la renuncia europea a afrontar el desafío iraní a la estabilidad de la economía internacional.

¿Y ahora? Tras el post acuerdo va a llegar un replanteamiento de las alianzas geopolíticas en la región con los países presentes estudiando los siguientes pasos y las potencias calculando como sacar tajada.

Países árabes e Israel: más cerca que nunca y tan lejos como siempre

Durante el conflicto, los principales países árabes de la región, Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Bahrein, apoyaron la intervención de EEUU e Israel y se alinearon con Jerusalén  en sus advertencias a Trump de que no tuviera prisa en llegar a un acuerdo y no dejara la presión a Teherán antes de tiempo. En segundo plano pero muy cerca de esta postura estuvieron Jordania y Egipto. Sólo Qatar fue un poco más cauto aspirando a ejercer de mediador y a pesar de sufrir ataques constantes por parte de Irán y albergar la principal base norteamericana en la zona. 

De hecho, la colaboración entre Israel, los EAU y Bahrein durante la fase más intensa de la guerra ha sido tan estrecha que se han coordinado los respectivos servicios de inteligencia, Israel ha transferido tecnología de defensa contra drones y misiles y se han combinado los servicios de alerta y detección de amenazas, algo sin precedentes en la región y que una filtración a medios israelíes estuvo a punto de perturbar por temor de los países árabes concernidos a sus propias sociedades largo tiempo empapadas de un discurso antijudío proveniente de círculos religiosos y académicos.

Existen pues posibilidades, y así se está planteando, de construir una nueva arquitectura de alianzas en la región que consistiría en a mayor colaboración de los países árabes con Israel en una ampliación de los Acuerdos de Abraham que se firmaron en el primer mandato de Donald Trump. Los ataques recibidos desde territorio iraní, las necesidades un replanteamiento de los sistemas de defensa regional y las capacidades tecnológicas israelíes empujan en esa dirección. La retórica anti israelí y antijudía que impregna a las sociedades árabes y la construcción del imaginario palestino son sin embargo obstáculos difíciles de sortear.

Pero hay más obstáculos. El bloque árabe de Oriente Medio no es homogéneo. EAU y Arabia defienden soluciones distintas respecto a Yemen y la amenaza de los hutíes armados por Teherán y están en bandos distintos en la guerra de Sudán y discrepan sobre la relación del Islam con la política y la gestión del Estado. Además, a pesar de su recelo hacia Hamás y su desconfianza respecto a los dirigentes palestinos en Cisjordania no van a acordar fácilmente con Israel soluciones para el problema palestino. Y todo eso hay que integrarlo en la fórmula para unas nuevas alianzas. 

No parece que Trump, como ha demostrado en la guerra con Irán, tenga claro la complejidad del problema cuando habla de nuevas alianzas o exhibe nuevas ocurrencias sobre el Líbano. Israel está asumiendo el riesgo de un presidente de EEUU que usa su inmensa fuerza para llevar adelante iniciativas necesarias que abandona antes de tiempo en función, no de los intereses de EEUU sino de los suyos propios.

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