La salida diplomática de la guerra en Oriente Medio, acordada esta semana entre Estados Unidos e Irán, ha sido recibida como una buena noticia por la mayoría de la región. Tras meses de ofensiva que han hundido la economía en esta zona del mundo, los países del Golfo aliados de la Casa Blanca han agradecido el fin de un conflicto que ellos no iniciaron y que han sufrido con mayor intensidad que cualquiera del resto de implicados.

PUBLICIDAD

Sin embargo, el acuerdo alcanzado entre Washington y Teherán deja múltiples dudas sobre la estabilidad en la región, que se ha visto atrapada en medio del fuego cruzado entre EEUU, Israel e Irán. En la reciente reunión del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo, el secretario general de la organización, Jasem Mohamed Albudaiwi, señaló que estos países han interceptado más de 7.000 misiles balísticos y drones lanzados contra su territorio por el régimen iraní en los tres meses de guerra.

PUBLICIDAD

Enfrentados desde hace años con los ayatolás, los líderes del Golfo han presenciado cómo las bases norteamericanas en sus países han sido blanco de los ataques de la República Islámica. Mientras, el Ejército norteamericano ha contestado con tibieza a la ofensiva, provocando un sentimiento de "ninguneo y traición" en sus aliados regionales, explica a El Independiente el profesor titular de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma, Ignacio Gutiérrez de Terán. Una sensación que se ve aún más reforzada por el contenido del acuerdo con Irán, que es quien sale más beneficiado de las negociaciones.

¿Adiós a las bases?

Dentro de las múltiples concesiones que ha hecho Donald Trump en su acuerdo con Irán, una de las más llamativas y que ha pasado desapercibida aparece al final del cuarto punto: "Estados Unidos se compromete a retirar sus fuerzas de las proximidades de la República Islámica de Irán en un plazo de 30 días tras la firma del acuerdo definitivo". Una promesa ambigua, que esconde interpretaciones diversas.

La frase ha llamado la atención del investigador del Middle East Institute, Jason Campbell. Y es que un alto funcionario iraní podría argumentar que este compromiso significa "que todas las fuerzas estadounidenses deben ser retiradas de Oriente Medio en su totalidad", detalla el experto. Bajo su punto de vista, este fragmento ejemplifica la "falta de especificidad" del memorando de entendimiento, con el consecuente riesgo de que ambas partes puedan tratar de imponer sus propias interpretaciones en aspectos clave del mismo.

Espero una reevaluación exhaustiva de la postura de Estados Unidos en toda la región

JOHN CAMPBELL, MIDDLE EAST INSTITUTE

Una perspectiva que comparte con Gutiérrez de Terán. Como miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC), cree que este apartado es uno de los puntos del acuerdo que no se van a cumplir. Aun así, deja claro que, cuando hablan de "proximidades", los iraníes se refieren a las bases estadounidenses en la región. "Es algo que supuestamente los iraníes dan por hecho, pero las bases van a seguir ahí, a nadie se le ocurre que EEUU retire sus contingentes militares de Kuwait", añade.

Ambos expertos coinciden en que el escenario más probable será que los norteamericanos retiren el despliegue naval en la zona, aunque Campbell no descarta que el régimen iraní presione para que Washington retire a sus militares del Golfo. Mientras que percibe complicado el abandonen la región, sí ve factible una "reevaluación exhaustiva" en un futuro lejano. "Que incluirá no solo a los altos cargos políticos estadounidenses, sino también a los líderes de los países anfitriones que han invertido sus propios recursos para apoyar la presencia de EEUU", matiza.

La imagen de EEUU como aliado, por los suelos

Durante el trascurso de la ofensiva, los países del Golfo han sido testigos de cómo las posiciones estadounidenses o con presencia norteamericana en su territorio eran atacadas sin que desde Washington hiciesen nada para evitarlo. No solo eso. También han recibido duros golpes contra sus instalaciones energéticas. En el caso de Catar, los ataques iraníes contra Ras Laffan, el mayor complejo gasístico del planeta -responsable de una quinta del suministro mundial-, destruyeron casi el 20% de su producción de gas natural licuado.

Al apoyo inicial de la ofensiva por parte de algunos de los más hostiles hacia Irán, como Emiratos Árabes Unidos, le ha seguido una sensación de abandono hacia sus socios norteamericanos, que han negociado con los iraníes sin tener en cuenta su punto de vista. En un análisis para la Observer Research Fundation, el investigador Madhi Ghuloom escribe que "las contradicciones de Washington están exacerbando la frustración en los países del Golfo".

EEUU se ha embarcado en un conflicto del que ha salido cuando le ha interesado, relegando a un segundo plano los intereses de estos Estados

IGNACIO GUTIÉRREZ DE TERÁN, CENTRO DE ESTUDIOS ÁRABES CONTEMPORÁNEOS

Desde la región, se ha percibido que la presencia de bases estadounidenses en su territorio no ha sido una garantía de seguridad para estos países. De hecho, parecía que los norteamericanos no mostraban mucho interés en detener los ataques. "Todo esto ha dejado la impresión de que EEUU se ha embarcado en un conflicto del que ha salido cuando le ha interesado, relegando a un segundo plano los intereses de estos Estados con respecto, por ejemplo, a Israel, que ha recibido siempre un trato de primera línea", resume Gutiérrez de Terán.

Por ello, el experto del CEARC ve probable que los Estados del Golfo reevalúen sus relaciones prioritarias con la Casa Blanca. Así, existe la posibilidad de que emerja "un nuevo eje regional en el que participen países como Arabia Saudí, Turquía o incluso Pakistán para intentar una alternativa propia y una capacidad para moverse de otra manera si vuelven a surgir conflictos de este tipo".

La colaboración con Irán no está fuera de la mesa

En el puzzle geopolítico de la región, la última pieza que falta es Irán. La República Islámica ha salido beneficiado del acuerdo con EEUU hasta el punto de que se ha introducido la posibilidad de que sus Estados vecinos a los que atacó paguen los 30.000 millones de dólares para su reconstrucción. Así, ha quedado claro que la Casa Blanca no va a plantar cara a los ayatolás, al menos no por el momento. Y los países del Golfo tendrán que actuar en consecuencia.

Mona Yacoubian y Will Todman apuntan en un análisis para el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales que "forjar lazos de interdependencia económica entre Irán y los países del Golfo" es probablemente la mejor forma de disuasión ante futuros ataques. Desde el think tank estadounidense, abren la posibilidad de una integración iraní en el modelo económico regional como solución a los enfrentamientos. Sin embargo, queda por saber si la República Islámica estaría abierta a un escenario de este tipo. Por el momento, nada indica que el régimen de los ayatolás vaya a cortar su financiación a los grupos armados que contribuyen a desestabilizar la región.