Durante meses Donald Trump ha repetido el peligro que supone para el resto del mundo el programa nuclear de Irán. Tanto sus ataques del pasado verano como la guerra iniciada a finales de febrero contra la República Islámica se han justificado desde la Casa Blanca bajo el objetivo de frenar las ambiciones nucleares de los ayatolás. Visto el temor de Washington a la carrera por el arma atómica, el último acuerdo suscrito con Arabia Saudí ha llegado por sorpresa.
EEUU y el reino saudita han firmado un Acuerdo 123, el nombre que dan los norteamericanos a los pactos que regulan la cooperación pacífica en tecnología nuclear con otros países. Aunque esta posibilidad llevaba explorándose desde que Joe Biden estaba en la Casa Blanca, el contexto en el que llega es tremendamente significativo. Con el conflicto en Oriente Medio en un punto álgido desde hace dos semanas, este movimiento no hace sino añadir más tensión a una región en ebullición.
Tal y como avanzó el Wall Street Journal, el acuerdo permite que Riad tenga un programa nuclear y abre la puerta a que el reino pueda enriquecer uranio en su propio territorio en el futuro. Con una vigencia de treinta años, se espera que el pacto genere decenas de miles de millones de dólares en contratos para empresas estadounidenses.
En la elaboración de este acuerdo, Washington ha desoído su política habitual cuando firma esta clase de compromisos, el llamado "estándar dorado" (gold standard), que exige a la otra parte renunciar expresamente al enriquecimiento de uranio. Según la información que se ha ido avanzado, se prevé que EEUU y Arabia Saudí lleven a cabo un estudio sobre la viabilidad del enriquecimiento durante dos años. Si se concluye que está justificada a nivel comercial, se planificará la construcción de una planta para este fin.
La temida reacción de Irán
Por el momento, las autoridades de la República Islámica no se han pronunciado sobre el acuerdo entre Washington y Riad. Pero el temor a la reacción iraní es evidente, teniendo en cuenta que Arabia Saudí es uno de sus principales rivales en la región. Agnieszka Nimark, investigadora del Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB), ha explicado a El Independiente el riesgo de una escalada.
"Irán ya ha avanzado en sus planes para salir del Tratado de No Proliferación impulsado por los ataques militares en su territorio. El acuerdo entre EEUU y Arabia Saudita podría acelerar este proceso", comenta la experta, que es también investigadora asociada del Reppy Institute for Peace and Conflict Studies de la Universidad de Cornell.
Los últimos datos registrados por la OIEA el año pasado indicaban que Irán tenía en su poder 440 kilos de uranio enriquecido al 60%. Para obtener armas atómicas, este metal radiactivo debe alcanzar un nivel de pureza del 90%. Pese a los ataques contra su infraestructura, "Irán aún es capaz de desarrollar su programa nuclear hasta el punto de fabricar varias armas", asegura Nimark.
Los saudíes responderían al arma nuclear iraní
Según lo acordado con EEUU, en el caso de que Arabia Saudí iniciase un programa de enriquecimiento de uranio, este no podría ir destinado a fines militares. Para asegurarse de que este requerimiento se cumple, las norteamericanos tomarían el control de las operaciones. Así, la hipotética instalación de enriquecimiento en el reino saudita estaría gestionado por ingenieros estadounidenses, de tal manera que el personal local no tuviese acceso al conocimiento tecnológico necesario para el uso militar del uranio.
Sin embargo, esta suerte de salvaguarda no convence a los expertos. En un análisis para el think tank Defense Priorities, con sede en Washington, Rosemary Kelanic ha señalado que la aprobación de un acuerdo que pueda ayudar a Arabia Saudí a enriquecer uranio es una idea "terrible". "El enriquecimiento civil puede constituir la base de un programa de armas nucleares", alerta la experta.
Los líderes saudíes han dejado clara su posición en este asunto. En una entrevista con la cadena CBS en 2018, el príncipe heredero Mohamed bin Salmán, aseguró que su país desarrollaría "sin ninguna duda" el arma nuclear si Irán hacía lo propio.
Israel también tiene que decir en este asunto
Tras las dudas iniciales surgidas alrededor del acuerdo, Donald Trump ha dejado claro que el pacto conlleva condiciones para el lado saudí. El presidente estadounidense ha asegurado este jueves que la ayuda norteamericana a Riad dependerá de que los saudíes suscriban los Acuerdos de Abraham. Es decir, normalicen sus relaciones con Israel.
A pesar de ser el único país con armas nucleares en la región, Israel siempre ha sido receloso de los programas atómicos en el resto de Estados de Oriente Medio. Sin embargo, en el caso saudí, Tel Aviv y Riad han acercado posturas en los últimos tiempos, impulsados principalmente por su animosidad compartida hacia Irán. Así, el acuerdo con EEUU podría ser el paso final para que formalicen sus relaciones.
Aunque el jefe de Gobierno israelí, Benjamín Netanyahu, ha acogido con satisfacción la noticia, la maniobra de EEUU no termina de convencer en territorio hebreo. En declaraciones recogidas por el Canal 12 israelí, un alto funcionario ha asegurado que el enriquecimiento de uranio en Arabia Saudí es "representa un peligro para la seguridad de Israel".
Una balanza geopolítica
La experta del CIDOB admite que el acuerdo entre EEUU y Arabia Saudí puede motivar a que otros países intenten seguir el camino marcado por Riad. Algunos importantes actores en la región, como Turquía y Egipto, están considerando el desarrollo de programas nucleares civiles, recuerda.
Sin embargo, no cree que el pacto anunciado esta semana tenga una "implicación inmediata" para la seguridad en Oriente Medio, aunque se trate de un reflejo de "la falta de equidad del régimen nuclear global". Y es que la construcción de una instalación de enriquecimiento de uranio suele tardar entre tres y cinco años, subraya Nimark. Un proceso que se puede dilatar entre diez y quince años si se tienen en cuenta las licencias, el diseño y las aprobaciones regulatorias.
En este sentido, el principal temor que rodeaba a un hipotético programa de enriquecimiento saudí era que países como Rusia o China pudieran proporcionar al reino la tecnología necesaria para este fin. Así, para Washington el acuerdo representa una "victoria" sobre Moscú y Pekín, asegura Jennifer Gordon en un análisis para el think tank conservador Atlantic Council.
Otro de los riesgos que EEUU quería atajar era el Acuerdo de Defensa Mutua firmado entre Arabia Saudí y Pakistán en septiembre de 2025. La posibilidad de que Riad contase con el paraguas nuclear pakistaní, único país musulmán con armas atómicas, podría haber impulsado a la Casa Blanca a firmar un acuerdo más laxo con los saudíes, pero que le siga asegurando cierto control sobre su futuro programa nuclear.
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