A lo largo de la semana, millones de personas se han congregado en Irán para despedir a su líder supremo, Alí Jamenei. Sin embargo, entre las multitudes que han llenado las calles de la República Islámica, ha habido una gran ausencia que no ha pasado desapercibida. El hijo y heredero del ayatolá, Mojtaba Jamenei, no ha hecho acto de presencia en el funeral de su padre. De hecho, el nuevo dirigente iraní no se ha dejado ver desde que fue elegido por un consejo de clérigos en marzo.
La justificación de esta ausencia ha sido la seguridad. Aparentemente, la Guardia Revolucionaria iraní no le habría permitido atender al funeral bajo el pretexto de que Israel podría tratar de asesinarlo durante la ceremonia, según información del New York Times. Pero la imagen de sus tres hermanos llorando sobre el ataúd que contenía el cuerpo del líder iraní, ha hecho que muchos se pregunten si Mojtaba Jamenei está siquiera vivo.
¿Qué se sabe del nuevo líder supremo?
La elección de Mojtaba Jamenei como líder supremo no provocó una gran sorpresa entre los iranólogos. La repentina muerte del presidente Ebrahim Raisí, que se perfilaba como el más claro sucesor de Alí Jamenei, allanó el camino para que el hijo del ayatolá tomase la ventaja en la carrera por el poder en la República Islámica.
Sin embargo, su nombramiento como líder de Irán llegó después de que el propio Jamenei resultase herido -algunas informaciones sugieren que "gravemente"- en el bombardeo que mató a su padre. Desde entonces, las especulaciones sobre su estado de salud han ido en aumento. Aún más según pasa el tiempo y sigue sin aparecer en público. "Llegados a este punto, es muy difícil determinar si quedó desfigurado o perdió alguna extremidad como sugieren algunos informes", explica a El Independiente Jason Campbell, investigador en el Middle East Institute, un think tank con sede en Washington.
Es evidente que se está gestando un consenso más intransigente, con altos mandos de la Guardia Revolucionaria ejerciendo cada vez más influencia
JASON CAMPBELL, MIDDLE EAST INSTITUTE
Para el analista hispano-iraní Daniel Bashandeh, la falta de apariciones de Mojtaba Jamenei sugiere que la Guardia Revolucionaria "está marcando los tiempos de la política iraní". Mientras que su padre había consolidado su poder hace mucho tiempo, el actual líder supremo no ha logrado afianzar "una coalición con identidad y liderazgo propio" por el momento.

Un equilibrio difícil
Tradicionalmente, la política iraní ha estado marcada por "una serie de entidades civiles y militares de alto nivel que compiten por perspectivas e intereses que a menudo son contradictorios", detalla Campbell. Por lo general, se los suele dividir en dos grandes grupos: una línea más dura, formada por los altos mandos de la Guardia Revolucionaria y los clérigos chiíes, y otra más pragmática, representada por figuras como el presidente Masoud Pezeshkian o el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi.
Por el momento, las distintas facciones del régimen han cerrado filas en torno a la figura de Mojtaba Jamenei. El motivo responde a "garantizar la continuidad del legado de su padre durante este contexto de guerra", según Bashandeh. Pero, en ocasiones, las roturas dentro del aparente consenso emergen. Es lo que sucedió durante los funerales del ayatolá padre, cuando Pezeshkian y Araghchi fueron increpados por algunos de los asistentes, de acuerdo a informaciones de medios iraníes opositores.
Las facciones más conservadoras consideran el proceso negociador una amenaza para su influencia y capacidad de poder
DANIEL BASHANDEH, ANALISTA HISPANO-IRANÍ
"Es evidente que se está gestando un consenso más intransigente, con altos mandos de la Guardia Revolucionaria ejerciendo cada vez más la influencia que les confiere su defensa de Irán y sus éxitos en la represión", apunta en este sentido el investigador del Middle East Institute. Aun así, percibe que los elementos más extremistas del régimen "parecen más centrados en la represalia contra los enemigos de Irán que en la gobernanza a largo plazo".
La guerra con EEUU, clave para el futuro político de Irán
La reanudación de la escalada bélica con la Casa Blanca puede servir para cohesionar de nuevo al régimen. Han sido las negociaciones con los norteamericanos las que han dejado al descubierto las grietas en la cúpula política. En este sentido, Campbell recuerda que, en más de una ocasión, la Guardia Revolucionaria "ha refutado públicamente" las declaraciones del presidente Pezeshkian sobre los ataques y las negociaciones con EEUU.
En palabras de Bashandeh: "Los sectores favorables al diálogo ven el proceso negociador como una oportunidad para reforzar su posición dentro del sistema político, mientras que las facciones más conservadoras lo consideran una amenaza para su influencia y capacidad de poder".
Todo esto lleva al analista a sugerir que la transición política de la era Jamenei padre a la de su hijo estará condicionada "por el éxito o el fracaso de las negociaciones con Estados Unidos". Así, no descarta que se produzca un reajuste por el que los militares acaben teniendo "la última decisión" en lo que respecta al poder en Irán. Tampoco una revisión de la institución del líder supremo, que dé paso a una "mayor cuota de influencia" para el resto de actores.

El cambio de régimen, cada vez más lejano
En un primer momento, los ataques de EEUU e Israel contra Irán abrieron la puerta a la posibilidad de un cambio en la cúpula de poder persa. Al parecer, el candidato escogido por Washington y Tel Aviv no era otro que el expresidente iraní Mahmud Ahmadineyad. Como dirigente mantuvo una línea muy dura, aunque en los últimos años había protagonizado choques con el difunto Alí Jamenei, por los que se encontraba en arresto domiciliario. Sin embargo, resultó herido en un ataque contra su domicilio y perdió la confianza en el plan de los norteamericanos.
Otro de los nombres que sonaban en las quinielas para liderar una transición en Irán era el del hijo del depuesto sah, Reva Pahlaví. Desde su residencia en EEUU, el heredero al hipotético trono persa había expresado su intención de liderar el proceso de cambio, una vez se asegurase el vacío de poder en Irán. Pero según han ido pasando los meses, su figura se ha ido diluyendo.
En una entrevista para The Times, el opositor advertía a EEUU de que cualquier intento de negociación con Irán fracasaría. "Es moralmente reprochable y erróneo a nivel estratégico", aseguraba el pasado junio, cuando se supo que Trump y los ayatolás habían alcanzado un principio de acuerdo. Con lo poco que le gusta que le lleven la contraria, parece poco probable que el presidente estadounidense, que ya había expresado sus dudas sobre el posible papel de Pahlaví como dirigente de Irán, se decida ahora por él.
La población iraní, la gran olvidada
Durante todo este tiempo, los iraníes han asistido con incertidumbre a todos estos movimientos. Aunque desde la Casa Blanca aseguraron en un primer momento que su ofensiva contra la República Islámica pretendía acabar con el régimen, este objetivo claramente no se ha cumplido. Trump llegó a animar a la población iraní para que saliese a las calles a derrocar a su gobierno.
Sin embargo, cuando Washington y Teherán firmaron su memorando de entendimiento hace menos de un mes, la situación de los derechos humanos en Irán ya no era una preocupación. "Hoy los iraníes se encuentran en su peor situación en décadas", aseguraba Holly Dagres en un análisis sobre el contenido del acuerdo para el Washington Institute for Near East Policy.

Desde que comenzaron los ataques contra territorio iraní a finales de febrero, la represión contra la disidencia se ha intensificado dentro del país persa. El pretexto, lo que las autoridades iraníes calificaron de "condiciones de guerra". Según datos de Amnistía Internacional, se ha registrado un aumento en las ejecuciones por motivos políticos. En este tiempo, 44 personas han sido asesinados y muchas más corren el peligro de sufrir la misma suerte.
Y al aumento de la represión de las autoridades se suma la crisis económica que atraviesa el país, la destrucción de su infraestructura durante la guerra y el trauma para la población, que ha sido testigo de la muerte de miles de iraníes bajo las bombas estadounidenses.
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