En Irán se sienten ganadores. Resistir casi cuatro meses la ofensiva militar de los EEUU y haber puesto en vilo la economía mundial, les da argumentos. A ello suman un memorándum de paz que les insufla el oxígeno económico del que carecían antes de iniciarse la contienda bélica. En este tiempo, el régimen de los ayatolás no solo no ha caído, sino que se ha fortalecido tras la fallida estrategia bélica iniciada por Trump y Netanyahu el pasado 27 de febrero.
Al menos sobre el papel, la revolución enarbola hoy la bandera de una victoria fundamentalmente económica. Las sanciones que pesaban sobre Irán y asfixiaban su economía serán levantadas, los activos financieros por valor de miles de millones bloqueados en cuentas internacionales serán "descongelados" y los EE. UU. contemplan ya una suerte de "Plan Marshall" de 300.000 millones de dólares para reconstruir el país que sus bombas han destruido. También se compromete a levantar el bloqueo perimetral sobre los puertos iraquíes impuesto por Trump. Y todo mientras el petróleo iraní volverá a fluir por el Golfo y su economía a recuperar el pulso perdido en estos meses.
El valor estratégico del estrecho de Ormuz
Ahora quedan por delante dos meses para escribir los detalles, la letra pequeña y cumplir lo acordado. Pero sin duda, lo que ha quedado claro es que EE. UU. no ha podido con Irán y que el régimen ha descubierto la eficacia de su mayor baza de guerra: el control del estrecho de Ormuz y, con él, una capacidad de influencia en la macroeconomía.
Pero levantar una herida Irán no será sencillo. Sus 93 millones de habitantes padecen no solo una opresión política y social, sino una carencia económica casi crónica. Ser la tercera potencia mundial en reservas de crudo y la séptima economía en producción de petróleo no ha impedido que su inflación siga disparada y el desempleo se extienda por grandes capas de la población. Antes del inicio del conflicto las protestas estuvieron impulsadas por la carestía de la vida. La inflación de los alimentos alcanza el 105% y la del conjunto de la economía el 50%. De los cerca de 66 millones de personas en edad de trabajar, apenas 26 millones participan de modo efectivo en la actividad laboral.
El impacto de las sanciones y el apoyo de China
El horizonte que se abre para las autoridades iraníes es mejor que el actual. Ahora el riesgo es gestionar "la paz" y la amenaza se escribe en clave interna. La guerra no ha logrado tumbar al régimen, pero sí ha abierto grietas en su seno. La división entre la Guardia Revolucionaria y los ayatolás se ha agrandado en estos meses de guerra. La represión social ha continuado y ninguna potencia internacional ha apelado a la necesidad de erradicarla y de abrir un nuevo tiempo en Irán. Hoy los ayatolás están apuntalados en el poder y con más herramientas económicas para hacerlo.
“De algún modo, en Irán la economía se había normalizado en las últimas semanas. Los comercios están abiertos y la gente va a trabajar. Económicamente es una población acostumbrada a la presión, llevan muchos años circunvalando las sanciones internacionales”, asegura Irene Martínez, profesora de Geopolítica en la Universidad Aga Khan de Pakistán y experta en Irán. Asegura que, de algún modo, China le ha permitido a Irán tener oxígeno a través de la compra de crudo: “Es difícil que Irán colapse”.
Un incierto y millonario plan de reconstrucción
El petróleo, el verdadero motor de su economía, debe ahora volver a arrancar. No lo tendrá fácil. La destrucción de muchas de sus plantas requiere un ambicioso plan de reparaciones y reconstrucciones. Es ahí donde se invertirían parte de los 300.000 millones de dólares que EE. UU. promete a Irán, pero por ahora se desconoce con detalle el modo en que se financiaría. Unos recursos que se condicionarían al cumplimiento de los acuerdos: “Aún faltan muchos detalles y en ese plan no podrán intervenir los bancos iraníes, así que aún queda mucho por conocer”. Algunas voces aseguran que sería un fondo sin recursos públicos y con capital privado procedente de grandes corporaciones interesadas en la reconstrucción iraní.
“Es posible que ahora Irán diversifique más su política de exportación de crudo. Habrá que ver en qué condiciones podrá venderlo, evidentemente mucho más barato que el precio de mercado. No creo que tenga mucha fuerza para negociar”, señala Martínez. La profesora reconoce que poder reabrir el estrecho de Ormuz es un paso importante, “pero sigue la duda sobre la sostenibilidad que puede tener esa reapertura”. Si será un acceso gratuito como hasta ahora o si Irán impondrá un peaje, continúa siendo una duda que sobrevuela aún los mercados internacionales.
Volatilidad en el mercado del crudo
El profesor del IESE, Javier Díaz Giménez, afirma que, pese a los acuerdos recogidos en el memorando, “la situación sigue siendo muy volátil”. La clave estará en el desarrollo y negociaciones de los detalles previstos en los próximos 60 días: “Ahí se verán aspectos como el tráfico del petróleo, el modo y ritmo en el que se levantan las restricciones”. Díaz Giménez coincide en subrayar la “resistencia” que la sociedad iraní ha consolidado para seguir con índices de inflación y paro “que no se pueden comparar con los estándares occidentales” y con los que el régimen continúa funcionando.
En su opinión, si algo ha cambiado para siempre en la economía iraní y del Golfo es el paso de Ormuz: “Ya nunca volverá a ser como antes. Ellos intentarán cobrar un peaje y las dudas de las compañías para volver a circular con normalidad por este punto tardarán en disiparse. El tráfico de buques en la zona no volverá a niveles anteriores a la guerra. Y estamos hablando de los productores que extraían más barato y con mayor margen, y a los que ahora los costes se les han incrementado entre un 10% y un 20%”. El profesor del IESE añade que la guerra la ha ganado Irán “y la ha perdido EE. UU. y el resto del planeta”: “Ellos han demostrado que pueden controlar el estrecho y EE. UU. no puede hacer nada para impedirlo”.
Díaz Giménez sí tiene claro que no será EE. UU. con fondos públicos quien asuma la financiación. El tercer punto del acuerdo de paz establece un plan para destinar al menos 300.000 millones de dólares a la reconstrucción, un plan que elaborará Washington "junto con sus socios regionales". La pregunta del millón es quiénes son esos socios y en qué medida el memorando les obliga a colaborar en el desarrollo económico de la República Islámica, enfrentada con la mayoría de los países de la región.
Nuevas alianzas geopolíticas en el Golfo Pérsico
El profesor titular de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma, Ignacio Gutiérrez de Terán, sospecha que "quienes van a pagar todo esto van a ser los países del Golfo". El experto, que también es miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, duda de si finalmente se pagarán estas compensaciones económicas, pero apunta al descontento que una decisión así podría provocar entre estos Estados. "Han sufrido más que nadie las consecuencias de la guerra, bien por el cierre del estrecho, bien por los ataques contra sus propios intereses económicos", añade.
El jefe de Estudios del Instituto de Estudios Económicos (IEE), Adrián González, se felicita de los acuerdos y confía en que un levantamiento sobre las restricciones a la exportación de petróleo “aumentaría la oferta de crudo en los mercados internacionales y ayudaría a moderar las tensiones entre producción y demanda”. Sin embargo, insiste en que el grado de detalle del memorándum de entendimiento firmado es bajo, “tiene un carácter muy generalista y deja numerosos aspectos pendientes de concreción”. Por ello, llama a la prudencia: “Habrá que esperar a que el alto el fuego se consolide y otros focos de tensión, como especialmente Líbano, se reconduzcan”.
Además de un cambio en los flujos comerciales, la profesora Irene Martínez subraya que durante esta guerra se ha generado un precedente peligroso: “Han demostrado que les ha funcionado y ahora otros países pueden verse tentados a utilizar otros puntos estratégicos a nivel internacional e incidir en tensionar el comercio internacional”. Junto a ello, señala que las alianzas en la región también pueden cambiar y traducirse no solo en entendimientos geopolíticos, sino también económicos: “Hay países de la zona que han visto que EE. UU. ya no es un paraguas de defensa como se creía hasta ahora y comenzarán a diversificar sus lazos. Está ocurriendo con Pakistán, con quien Arabia Saudí y Qatar ya han intensificado sus acuerdos, o lo que sucede con los Emiratos Árabes, que miran ya hacia la India”.
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