El terremoto que en las últimas horas ha sacudido los acuerdos autonómicos entre Podemos y el PSOE es una variante más de la discrepancia interna que se vive en la formación de Pablo Iglesias respecto a la posición que el partido debe adoptar en su negociación con los socialistas a nivel nacional. No es casual el momento, justo después de las elecciones autonómicas del domingo, ni el mensaje, destinado a avisar dentro y fuera del partido de los peligros de apoyar un Gobierno del PSOE sin entrar en él, como defienden el secretario Político de la formación, Íñigo Errejón, y sus afines.

Una fórmula que ya fue escogida por Podemos tras las elecciones autonómicas de 2015, cuando apoyó la investidura de candidatos socialistas en Castilla-La Mancha, Extremadura, Aragón, Valencia y las Islas Baleares sin acceder a cargos de gobierno y limitándose a ejercer control parlamentario. Esa estrategia se pone en duda ahora tras la ruptura del acuerdo en Castilla-La Mancha y las tensiones generadas acto seguido en Extremadura y Aragón, tres federaciones controladas respectivamente por José García Molina, Álvaro Jaén y Pablo Echenique, todos muy cercanos a Pablo Iglesias, partidario de la opción contraria: o entrar en el Gobierno o ir a unas terceras elecciones.

Iglesias traslada un mensaje contra el Gobierno en solitario tanto al PSOE como a sus críticos internos

En Podemos, no obstante, hay discrepancias a la hora de vincular lo autonómico con lo nacional. «Los territorios no son una moneda de cambio», ha declarado este martes la secretaria de Análisis Político Carolina Bescansa, en una línea opuesta a la de Errejón, que ha instado en una rueda de prensa ofrecida en el Congreso tras la Junta de Portavoces a «tomar buena nota de lo que nos dicen los compañeros que suscribieron acuerdos con el PSOE en los Parlamentos Autonómicos».

El portavoz de Podemos en el Congreso ha reconocido que apoyar un Gobierno desde fuera «da menos capacidad de control y cogestión que la que da ser parte de ese Gobierno», aunque ha matizado que esa relación complicada «también se da en los Gobiernos de coalición» como el que persigue Iglesias en España, vicepresidencias y ministerios incluidos, frente a los partidarios de facilitar una legislatura del PSOE en solitario.

Pablo Iglesias es un firme defensor del Gobierno de coalición como única alternativa a la celebración de terceras elecciones, en minoría dentro de su partido frente a figuras como Errejón, Teresa Rodríguez o Ada Colau, que han manifestado la necesidad de explorar la opción de que el PSOE pueda gobernar con 85 diputados. Desde el entorno más cercano al líder, no obstante, se insiste en la necesidad de entrar en el Ejecutivo y se repite un mensaje: «El PSOE no es de fiar».

Con el movimiento en las autonomías, respaldado por el secretario general, Iglesias pretende lanzar un mensaje no sólo hacia los barones socialistas de Castilla-La Mancha, Extremadura y Aragón, los más críticos con el intento de Pedro Sánchez de conformar un Gobierno junto a Podemos. El dardo se dirige también, y muy especialmente, a los críticos internos de su propia formación: el control parlamentario no asegura el cumplimiento de los objetivos acordados en la investidura y la formación morada podría caer en la irrelevancia si se acepta la tesis de la facilitación.

La decisión se consultará a las bases

El debate, que protagoniza la actual discrepancia interna en la formación morada, tendrá un nuevo capítulo el próximo 8 de octubre en el Consejo Ciudadano Estatal, máximo órgano de dirección interna entre congresos. El Consejo, que se convoca justo tres meses después del último, agotando el plazo máximo recogido en los estatutos del partido, discutirá la cuestión, pero no la votará, como confirmó el lunes Pablo Echenique.

«Estas decisiones no las toman los órganos de dirección», señaló el secretario de Organización, que aseguró que si hubiera alguna decisión que tomar lo harían, en todo caso, «los inscritos» a través de un proceso de consulta, que podría coincidir en fechas con unas hipotéticas primarias en el PSOE para elegir a un nuevo secretario general. La negociación de un Gobierno se vería envuelta, en ese caso, en dos procesos de participación popular que culminarían, en el escenario más optimista, sólo siete días antes de la disolución de las Cortes y la convocatoria automática de elecciones. Sin embargo, Echenique valoró que votar una estrategia de negociación actualmente sería una «quimera», dado que Sánchez no ha contactado aún con Iglesias con ningún ofrecimiento.