Francisco Nicolás Gómez Iglesias fue detenido por primera vez el martes 14 de octubre de 2014 acusado de falsedad, estafa y usurpación de identidad. Tras varias semanas de investigación, la Policía acabó entonces con el negocio del joven, de 20 años, presuntamente basado en la promesa de negocios de toda clase haciendo valer los contactos que aseguraba poseer dentro de la Administración, el Gobierno y el Centro Nacional de Inteligencia (CNI).

Su detención precipitó el descubrimiento de dos vidas paralelas. El rápidamente apodado como pequeño Nicolás era a la vez un discreto estudiante de Derecho en el CUNEF de Madrid y un rostro habitual en actos de alto rango y acceso sumamente limitado. Sus fotos inundaron los medios de comunicación. Saludando al rey Felipe VI en su coronación, en el palco del Real Madrid, sentado a la mesa en charlas junto a José María Aznar o Juan Miguel Villar Mir, relacionándose con numerosas personalidades del ámbito empresarial…

«Vaya por delante que esta instructora no acierta a entender cómo un joven de 20 años, con su mera palabrería, aparentemente con su propia identidad, pueda acceder a las conferencias, lugares y actos a los que accedió sin alertar desde el inicio de su conducta a nadie, por muy de las juventudes del PP que manifieste haber sido», escribió tres días después de su detención la magistrada del juzgado de instrucción número 24 de Madrid que decretó su libertad provisional.

La Policía Judicial ha demostrado que los mensajes entre Nicolás y Jaime García-Legaz eran falsificaciones

Compartía la instructora una sorpresa generalizada, incrementada por las propias declaraciones de Francisco Nicolás. El acusado, lejos de enfriar el caso, aprovechaba cada comparecencia pública para detallar sus presuntas colaboraciones con el CNI, la Casa Real, la vicepresidencia del Gobierno y la secretaría de Estado de Comercio. Llegaron a publicarse entonces los presuntos mensajes intercambiados entre el joven y Jaime García-Legaz, confirmados como falsos la pasada semana por la Policía Judicial, que detalla en un informe presentado al juez que Francisco Nicolás se enviaba mensajes a sí mismo desde un número de teléfono propio que había guardado en su agenda con el nombre del secretario de Estado de Comercio.

Durante su detención, Francisco Nicolás reconoció la falsificación de informes oficiales por los que llegaba a cobrar hasta 25.000 euros a sus víctimas, a las que prometía la intervención del Gobierno en asuntos de toda clase. Para dar veracidad a sus historias, el acusado se desplazaba en coches con chófer en los que colocaba un luminoso similar al empleado por las Fuerzas de Seguridad y contrataba en ocasiones seguridad privada para acudir a sus encuentros.

El acusado se enfrenta a peticiones de cárcel de entre 21 meses y 11 años por el caso Ribadeo

El médico forense que examinó al detenido en las primeras horas determinó que presentaba «una florida ideación delirante de tipo megalomaníaco», explicitada en su sonado viaje a Ribadeo, en agosto de 2014, en el que hizo creer a toda la localidad que el Rey acudiría allí a comer y por el que se enfrenta ahora a una petición de la acusación popular de once años de cárcel por usurpación de funciones públicas, malversación de caudales, cohecho y falsedad en documento público. La Abogacía del Estado, por su parte, pide 21 meses de cárcel y multa.

Es uno de los frente judiciales que actualmente mantiene abiertos el polémico personaje, que durante 2015 y 2016 presentó una momentánea candidatura al Senado y llegó a ingresar en el reality show Gran Hermano VIP. Francisco Nicolás, además, tendrá que responder ante la justicia por injurias al CNI, por diversas estafas y por el espionaje de conversaciones privadas entre policías y agentes del centro de inteligencia.