El presidente de la gestora socialista, Javier Fernández, se ha convertido este miércoles en la figura que más miradas ha acaparado en los alfombrados salones del Palacio Real, en el que ha reinado un indudable y genérico ambiente de investidura. Abrumado por la presión de políticos y periodistas, el presidente del Principado de Asturias ha sido uno de los 1.300 invitados a la recepción real que más pronto ha abandonado el recinto.

Después de que el presidente Mariano Rajoy y el Gobierno en funciones en pleno, seguidos del cuerpo diplomático, los miembros de las Mesas del Congreso y el Senado, del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, del Consejo de Estado, los secretarios de Estado y una larga relación de autoridades y exponentes de la sociedad española, hayan desfilado por el tradicional besamanos a los Reyes Felipe y Letizia, el dirigente socialista se ha convertido en el centro de todos los focos. Consciente, de hecho, del interés mediático por su encuentro con Rajoy, apenas ha hecho otra cosa que saludarle y, dicho en boca de los suyos, ha rehuido de manera deliberada un encuentro prolongado con él.

Y es que, tal como él mismo ha expresado ante los medios, todavía está «preocupado» por el desenlace de la crisis en el PSOE y por la idea que ha «calado» entre los militantes acerca de una consulta sobre la posible abstención al Gobierno de Mariano Rajoy. «Me explico mejor hacia afuera que hacia dentro», ha confesado el hombre llamado a recoger los escombros de la guerra interna, y a concitar el consenso en un comité federal que, según ha referido el castellanomanchego Emiliano García-Page, se celebrará definitivamente el 23 de octubre.

Al igual que Fernández, su mayor apoyo, Susana Díaz, se ha mostrado prudente: «Tengo que respetar a la Gestora, no es momento de hablar ahora, además, a mí os cansaréis de escucharme». Díaz ha llegado a admitir en algún momento que aspira a lograr una «mayoría sólida» en el Comité Federal. «Lo importante es que la organización se ha tranquilizado a una velocidad incansable», ha comentado. Lo cierto es que la presidenta de Andalucía, vestida de rojo, ha sido otra de las estrellas de la jornada -cabe recordar que el año pasado, en vísperas del 20-D, el protagonista de la recepción fue Albert Rivera y, en menor medida, el desaparecido Pedro Sánchez-; y que tanto ella como los demás ganadores de la guerra socialista han compartido espacio con los ministros populares en el mismo flanco del comedor real.

Entre ellos, el más locuaz, el propio Page, quien ha reivindicado su plena «tranquilidad de conciencia» por su actuación entre los críticos, y ha llegado a afirmar que «a Pedro le esperan noticias peligrosas», en referencia al descabalgado Sánchez. Ha explicado que, antes de su destitución, «íbamos a una última semana de octubre de infarto», dado que «íbamos a una declaración de intenciones que permitiría a los independentistas dar el voto». El dirigente socialista ha sido el más contundente respecto a la expectativa de Gobierno: «No va a haber terceras elecciones», ha dicho, para añadir que «la mayoría del país está claramente en contra» de dicho escenario, y que el único «problema» es que el PP está «relajado», «éste es el 12 de octubre más relajado de su Historia», ha insistido.

Antonio Hernando y Rafael Hernando coinciden en que el sábado 29 por la tarde será la votación

Menos optimista pero también confiado, se ha mostrado el extremeño Guillermo Fernández Vara, quien esta misma mañana había desayunado con el presidente de la Gestora. Entre la nueva dirección, el más críptico, Antonio Hernando. El recién confirmado portavoz del Grupo admitía la incomodidad de su posición: «Es complicado, pero lo voy a explicar bien», afirmaba, antes de confesar que «en los últimos días no he hablado con Pedro»; «sí lo hice», matiza, «después del Comité Federal».

Entre los barones socialistas la única incógnita que se manejaba este mediodía era la fórmula que posibilitará no ir a elecciones: si se abstendrá todo el grupo o una parte en la segunda votación de Rajoy -el sábado por la tarde, según todos los cálculos recogidos-; o si se ausentarán. Page, además, ha apuntado a conversaciones de su partido con el PNV para intentar repartir la carga que ahora recae sobre el PSOE: «Necesitamos salidas morales», ha añadido…

Pero entre tanto consenso, y pese a que Page sentenciaba que «sin Pedro no hay Pedrismo», una baronesa socialista ha brillado sola como nuevo elemento crítico: Francia Armengol, quien se ha quejado abiertamente de sus compañeros: «Me parece muy mal que Fernández haya abierto en los medios de comunicación un debate que no se ha abierto en el partido». Y ha querido dejar clara su posición en Twitter manifestando que desde Baleares defenderán el «No al PP».

Al lado de los socialistas, los ministros y políticos populares tomaban tranquilamente su jamón y sus canapés. El propio líder de Ciudadanos, Albert Rivera, se ha mostrado confiado: «Yo apuesto por la investidura», aseguraba. El portavoz popular Rafael Hernando aseguraba no tener «ninguna duda sobre la investidura». Incluso apostaba por que la abstención se dará en bloque, y no sobre las espaldas de unos pocos socialistas. Mucho más contenido, como es de rigor en él, Mariano Rajoy, quien se apuntaba al «silencio». «Es lo mejor que puedo hacer ahora. Me toca esperar», ha afirmado, sin querer siquiera entrar en detalles acerca del calendario. Eso sí, y sin que sirva de precedente en este foro, el presidente del Gobierno daba una noticia: será el titular de Economía, Luis de Guindos, ministro sin escaño y voto en el Congreso, quien acompañe al Rey a la Cumbre Iberoamericana. Un Rey que, acompañado por la Reina Letizia, y tras superar el largo besamanos -con una pausa técnica- ha departido relajadamente con cientos de invitados hasta las tres de la tarde.