Francisco Correa ha fulminado a Luis Bárcenas, ex tesorero del PP, en su primer día de interrogatorios en el juicio del caso Gürtel. El jefe de esta trama de corrupción ha explicado que él se encargaba de recoger las comisiones que le pagaban los empresarios a los que el ex dirigente popular gestionaba la obtención de contratos públicos “en los correspondientes ministerios” y que luego juntos “repartían el dinero”. Estos negocios duraron hasta que se hizo con el partido Mariano Rajoy, con el que “no hubo química” por lo que trasladó sus actividades a Valencia y a la Comunidad de Madrid que entonces presidía Esperanza Aguirre.

La declaración de Correa no ha defraudado, a pesar de que a la fiscal anticorrupción Conchita Sabadell le ha costado encontrar el hilo para tirar de la lengua al jefe de esta red, ya que se ha centrado en detalles hasta el punto de que el presidente del tribunal, Ángel Hurtado, le ha hecho ver que el acusado “tiene un concepto global y la sala ya tiene una idea de por dónde va el testimonio”.

Negocios legales y comisiones ilegales

Correa empezó su declaración reconociendo los hechos que le imputan excepto algunos que “no se corresponden con la realidad”, aunque acto seguido admitió que había pagado “dádivas a cargos públicos” como Bárcenas, Jesús Sepúlveda (ex marido de Ana Mato) y Alberto López Viejo, pero sacó de esta lista al ex concejal de Estepona Ricardo Galeote. También admitió que había financiado las campañas municipales en Pozuelo y Majadahonda (Madrid) en 2003.

Se armó “un revuelo” en Génova con el primer presupuesto para un mitin porque se ahorraban 10 millones de pesetas

Luego deslindó los negocios de sus empresas “que no eran para delinquir” de los suyos personales en los que no tuvo ningún problema en ayudar a financiar ilegalmente al PP y en ocultar en una caja b sus ganancias. Bárcenas, según su versión, fue la persona que le abrió la puerta en el partido conservador en 1993 o 1994, aunque al principio le costó que le diera trabajo porque “era un hombre muy duro y muy serio”.

Todo cambió cuando le presentó un presupuesto para organizar un mitin un año más tarde y fue convocado en la sede nacional porque “se armó un revuelo”. En este encuentro, Francisco Álvarez Cascos, “que controlaba mucho el gasto en el partido”, no daba crédito a su oferta que suponía un ahorro para el PP de casi 10 millones de las antiguas pesetas. A partir de este momento “iniciamos una relación muy estrecha” hasta el punto de que empezó a “trabajar en exclusiva” para el partido conservador.

“Luis el Cabrón”

Correa no ha explicado los motivos por los que se asoció con Bárcenas para “gestionar las licitaciones de empresarios”, aunque no se descarta que lo haga hoy. En la sesión del jueves se limitó a decir que no había ofrecido estos detalles porque solo ha declarado en dos ocasiones en este sumario y en la primera, tras cinco días detenido, se derrumbó y en esta comparecencia judicial se enteró de que los regalos a cargos públicos eran un delito de cohecho, aunque luego admitió que sabía que no estaba bien lo que hacía. “Tan imbécil no soy”, aseveró.

El jefe de esta trama de corrupción desveló que las siglas L.B. que aparecen en la contabilidad b que gestionaba su contable José Luis Izquierdo se correspondían con Luis Bárcenas y confirmó que “Luis el Cabrón” era el mote que Álvaro Pérez, el Bigotes, puso al presidente de Isolux, Luis Delso.

Entregaba a Bárcenas el dinero de las mordidas en su casa o en Génova y juntos repartían el dinero

Correa no ha sido capaz de concretar las mediaciones que llevó a cabo con empresarios pero aseguró que había “ahorrado” mucho dinero al PP y que de las gestiones de las obras les podía haber llevado 1.000 millones de pesetas. Los empresarios se ponían en contacto con él, según su versión, para conseguir contratos públicos y él informaba a Bárcenas, que a su vez lograba las adjudicaciones “en los correspondientes ministerios”. Posteriormente, el empresario le entregaba una comisión del 2 o el 3% “en su casa o en Génova”.

Mordidas por carreteras y obras del AVE

Las obras que negoció estaban relacionadas “con carreteras, autopistas, obras del AVE y medio ambiente”, explicó. Y aseguró que el reparto con los otros cargos del partido los hacía “junto a Bárcenas”. De estas actividades ha exculpado a sus antiguos empleados. “El dinero lo manejaba yo y yo se lo deba a Bárcenas”, agregó. Y ha asegurado, por ejemplo, que ni su número dos, Pablo Crespo, ni Álvaro Pérez “han tenido intervención ni han hablado con empresarios; era un tema exclusivamente mío”, remachó.

Se enfadó con el ex tesorero por las formas con las que le informó de que había terminado su etapa en el PP

Esta relación se rompió en 2004 o 2005 y Correa se quedó resentido con “las formas” de Bárcenas. “Hay formas de decir que esta etapa se ha terminado después de una relación de 12 o 14 años”, puntualizó. Y también se enfadó con los antiguos secretarios generales como Francisco Álvarez Cascos, Ángel Acebes, Ana Mato y Javier Arenas porque él tenía trato con toda la cúpula de Aznar.

Correa, que ha reconocido que tiene problemas de carácter porque es muy impulsivo, se ha preparado a conciencia esta declaración. En su interrogatorio ha eludido el delito de organización criminal porque la trama de corrupción se limitaba a él y a Bárcenas, y ha exculpado a sus antiguos empleados que trabajaban en la parte legal de su negocio y se limitaban a cumplir sus órdenes.

Correa se vino arriba a medida que pasaban las horas

No obstante, ha admitido la comisión de otros delitos como el fraude a la Hacienda Pública (“dejé de pagar impuestos en 1993 porque me volví opaco”), el blanqueo de capitales (sacó al extranjero sus ganancias de las comisiones) y el cohecho.

A medida que iban avanzando las horas se fue creciendo y casi se hizo con el control de la sala hasta el punto de que organizó el receso de la tarde para ir “a orinar”. A pesar de ello, negó que fuera “Don Vito”, pero dejó claro que es un hombre de ordeno y mando.

Bárcenas aguantó el tipo e intentó quitar hierro a la declaración, pero salió afectado de la sala

Bárcenas intentó sin éxito aguantar el tipo al afirmar que “estaba tranquilo”, pero su gesto no era el mismo cuando abandonó la sala tras casi 10 horas de sesión. Hoy tampoco se espera que tenga un día sosegado. La declaración del ex tesorero está prevista para mediados de noviembre. En ella, tratará de desvirtuar el testimonio de su antiguo compinche en la financiación ilegal del PP, del que no quiso hablar en público, pero del que dio a entender que no era convincente. Una opinión que era rebatida por los abogados de los otros acusados a los que Correa exculpó por la “contundencia” de su declaración.