Pedro Sánchez sigue sin pisar el Congreso. Aunque ayer regresó de un viaje con su familia por Estados Unidos, el ex líder del PSOE ni está ni se le espera. La gran incógnita es por cuánto tiempo tiene previsto alargar esta situación, sin ocupar su escaño en la cuarta fila del Hemiciclo. En el Grupo Parlamentario Socialista consideran que la posición del ex secretario general es tan «insostenible» que «lo mejor es que dejara su escaño y, si quiere volver a aspirar al liderazgo del PSOE, lo haga arrancando de cero», según indicaron al El Independiente.

De momento, a la dirección del Grupo no ha llegado ninguna señal sobre su asistencia o no al pleno que investirá la próxima semana presidente a Mariano Rajoy, en caso de que la gestora socialista consiga encauzar el debate del Comité Federal hacia la abstención, donde tampoco se le espera. Si se ausenta del pleno, «no quedaría bien. Se trata de una jornada muy importante y en su calidad de ex secretario general socialista estaría obligado a acudir», aunque quizá olvidan la cantidad de veces que Felipe González, tras dejar el liderazgo del PSOE, no asomó por el palacio de la carrera de San Jerónimo.

Tanto la abstención como el «no» en la votación de investidura le dejarían «tocado» políticamente

Pero las cosas se le complicarían sin ninguna duda si acudiera. Tanto si se abstiene, siguiendo la consigna del comité federal, como si se mantiene en el rechazo a Rajoy, rompiendo la disciplina de voto, quedaría políticamente «tocado». Tras defender con ahínco el «no es no» y «qué parte del no» no entendía Rajoy, sería demoledor para su imagen abstenerse para permitir la investidura del líder del PP, lo que le pasaría factura en caso de que aspirara a presentar batalla interna en un futuro.

Otra cosa es que algunos miembros de su equipo en la ejecutiva, como el ex secretario de Organización César Luena, hayan manifestado públicamente que no romperán la disciplina del Grupo, amparándose precisamente en el hecho de haber ocupado un cargo orgánico tan importante.

Por otro lado, mantener su negativa contra el criterio del partido, «le deslegitimaría para tener planes de futuro. No podría volver a exigir a los suyos disciplina interna si es él el primero que la rompe», indican las distintas fuentes consultadas, aunque otros, muy críticos con él, admiten que «es muy difícil ponerse en su cabeza» y llegan a bromear con que «soy la persona menos adecuada de todo el hemisferio norte para saber qué es lo que piensa».