Pablo Crespo, el número dos de la trama Gürtel, ha ofrecido una imagen de las empresas de Francisco Correa que no pasaría el examen de casi ninguna escuela de negocios. En este entramado empresarial que ha facturado miles de euros al PP y a otras empresas como Repsol solo había un jefe: Francisco Correa que se pasaba la mayor parte del tiempo fuera de España; un administrador (Crespo) que no tomaba ninguna decisión sin consultar y siete subalternos que no tenían capacidad ni conocimientos para adoptar acuerdos empresariales. Y eso que Special Events, era «la primera o la segunda empresa más importante de España en organizar eventos», según sus palabras.

Crespo se ha dedicado durante los tres días de su declaración a defender a sus antiguos empleados y a enfatizar la relación de amistad que le une a su antiguo jefe. Un hombre por el que cambió «su vida», ya que dejó su actividad política en Pontevedra cuando le ofreció trabajo y se trasladó con su mujer y sus tres hijos a Madrid para ponerse a sus órdenes.

Estudio previo

No obstante, no tomó esta decisión a la ligera, ya que conoció a Correa en 1995 cuando viajó a Pontevedra «para captar comercialmente al PP como cliente lo que luego consiguió». Y realizó una mínima investigación antes de aceptar el trabajo y constató que las empresas del jefe de esta trama de corrupción «eran reconocidas y respetadas».

No obstante, las primeras dificultades surgieron por su pasado, ya que «no ayudó mucho que yo viniera del PP» por su mala relación con Manuel Fraga hasta el punto de que el partido conservador se negó a pagar una deuda contraída con las empresas de Correa de más de 100.00 euros en Galicia, «que procedía de cuando yo era secretario de organización» en esa comunidad autonóma.

Álvaro Pérez no tiene medida para crear ni límite para gastar

Crespo, a preguntas de las defensas, presentó a un equipo de trabajo en el que faltaba cualificación y sobraba mala gestión. De Álvaro Pérez dijo que era «un artista, el mejor escenógrafo que he conocido», pero al que la logística le venía grande. «Era capaz de arruinar una mina de oro en explotación», señaló. Y es que «era tan bueno en el ámbito creativo como un desastre en lo económico porque no tiene medida para crear ni límite para gastar».

Peleas por dinero

Por ello, dio a entender que su relación no fue pacífica porque su trabajo consistía en buscar que las empresas fueran «rentables», pero chocaba con Pérez que «era un desastre en el trabajo y en sus cosas personales». De otros empleados como José Luis Izquierdo matizó que ni era contable ni nada sino más bien un chico de recados para Correa.

Los otros trabajadores o eran muy jóvenes cuando se incorporaron a las empresas o eran «administrativos formales sin participación en la gestión» como Inmaculada Mostaza. A la única que otorgó mayor papel fue a Isabel Jordán que se hizo con el control de las empresas en Pozuelo y aunque él era su superior no le daba cuentas y «todo pasaba por ella». Correa explicó que la tuvieron que despedir por meter la mano en la caja.

Ningún directivo o empleado tenía tarjeta de empresa todo se pagaba en efectivo

Crespo insistió hasta la saciedad en que el jefe de esta trama era el único que tomaba todas las decisiones y lo hacía la mayoría de las ocasiones por teléfono porque «nunca ha usado un teclado de ordenador». Y se encargaba hasta de autorizar comidas que superaran los 100 euros de presupuesto porque en las empresas ningún directivo o empleado «tenía tarjeta de crédito» y todo «se pagaba en efectivo», salvo un visa que se utilizaba para contratar viajes.

Ningún trato con políticos del PP

Con este equipo lo normal es que de las gestiones con los políticos se ocupara el jefe. Crespo ha asegurado que no ha utilizado sus relaciones con el PP para lograr contratos. También ha negado que pagara «un céntimo» a Luis Bárcenas, al ex parlamentario Jesús Merino o al ex alcalde de Pozuelo Jesús Sepulveda, ex marido de Ana Mato.

También ha acusado a la Comunidad de Madrid de haberse beneficiado de su relación con esta trama porque les ha dejado a deber 100.000 euros que no han sido reclamados por los administradores judiciales.

La relación de Cespo con Bárcenas fue la de un proveedor con un cliente con el que peleaba los gastos

El ex número dos de la trama ha negado que bajo su mandato sus empleados cometieran algún delito y ha asegurado que su relación con el ex tesorero del PP se limitó a la «de un proveedor con un cliente con él que tenía que pelear los precios y los pagos».

Una vejiga de titanio

Crespo a preguntas de su letrado, Miguel Durán, negó que Correa y sus empleados formaran una organización criminal. El defensor del lugarteniente de Correa inició el interrogatorio de su cliente cuando «le sacudía el hambre» y quizá esta revelación permitió que el ex número dos de esta trama de corrupción confesara al tribunal que es dueño «de una vejiga de titanio» porque se pasó un día entero sin orinar cuando fue detenido y sin comer porque «la comida era asquerosa» en dependencias policiales donde sufrió «violencia verbal».