Millones de personas -no sólo estadounidenses- tienen mucho que perder con la victoria de Donald Trump. Pero otros muchos millones saldrán ganando si el líder republicano materializa sus grandes promesas electorales. De puertas adentro, la llegada del político republicano a la Casa Blanca cambiará considerablemente las reglas del sistema productivo y sanitario, la fiscalidad o la inmigración; pero a la vez tendrá un fuerte impacto en asuntos globales como la lucha contra el cambio climático, las relaciones bilaterales o los acuerdos comerciales. Banqueros, políticos, diplomáticos, empresarios grandes y pequeños, asalariados, inmigrantes con o sin papeles… A todos ellos les llegará, con mayor o menor intensidad, la onda expansiva del flamante y  controvertido presidente de los Estados Unidos de América.

Los ganadores.

  • Empresas con elevada competencia exterior. Una de las cuestiones más espinosas del programa político de Donald Trump es su disposición a aplicar políticas proteccionistas, limitando los acuerdos de libre comercio y aplicando barreras arancelarias a las exportaciones, especialmente a las de México y China. Esta idea pretende evitar la deslocalización de la producción y proteger a la industria estadounidense de la competitividad exterior. En este sentido, la imposición de fuertes aranceles a los productos chinos puede ser especialmente significativo para pequeñas compañías tecnológicas, subsectores de manufacturas y, muy especialmente, para las compañías acereras, muy afectadas por la competencia de sus rivales chinas. El fuerte repunte que registró el sector este miércoles en bolsa es la mejor prueba del impacto positivo que pueden tener estas medidas para sus perspectivas de negocio. La necesidad de algunas industrias, especialmente la de automoción, de reubicar en Estados Unidos algunos de los procesos que había externalizado a países como México podría generar oportunidades dentro de la línea de suministro del sector, en pequeñas compañías de componentes, y también sería un acicate para el sector de los inmuebles de uso industrial, pero, probablemente, de escaso calado.
  • Rusia. Las amistades peligrosas de Donald Trump con el presidente Vladimir Putin llevaron a la candidata demócrata a calificarle de «títere» al servicio del Kremlin en uno de los debates. Trump no ha ocultado que estrechará las relaciones con Moscú y siempre ha elogiado la inteligencia de Putin, que ayer le felicitó por su victoria. «No es nuestra culpa que las relaciones estén tan degradadas… No será fácil restaurarlas, pero haremos nuestra parte del camino», dijo Putin en su saludo de bienvenida a Trump al club de los mandatarios mundiales. Putin confía en que EEUU levante ahora las sanciones económicas contra Moscú. La falta de entendimiento entre las dos potencias ha hecho imposible llegar un acuerdo solvente en Siria, donde Moscú apoya con ataques aéreos las acciones del presidente sirio, Bashar Asad, contra el autodenominado Estado Islámico, pero también contra la oposición a su régimen. Por el contrario, el gobierno de Ucrania, firme opositor a Rusia, pierde un aliado importante con el adiós de la administración demócrata.
  • Empresarios. Tener un negocio en Estados Unidos tendrá sus ventajas en la nueva era. Porque el nuevo mandatario mejorará la fiscalidad para quienes tengan un negocio, grande o pequeño. La rebaja del Impuesto de Sociedades es una de las grandes promesas electorales de Donald Trump, si no la mayor. Gusta desde al bróker más agresivo de Wall Street, al dueño de un pequeño hotel en Miami. En la actualidad ese impuesto asciende a una media del 35%, pero puede ser superior en algunos estados. Trump quiere rebajarlo al 15%, nada menos que 20 puntos porcentuales. La iniciativa privada también recibirá un fuerte impulso en forma de liquidez, ya que la nueva administración quiere poner en marcha un potente programa de infraestructuras. En concreto, Trump promete una inversión equivalente al 1% del PIB estadounidense.
  • Trabajadores con nómina. La promesa de rebajar el IRPF es, junto a la reducción del Impuesto de Sociedades, uno de los factores determinantes en la victoria de Trump. Vivir de una nómina en Estados Unidos tendrá sus ventajas a partir de ahora, sobre todo si es alta. El nuevo gabinete quiere simplificar el esquema tributario y reducir el tipo marginal máximo del Impuesto sobre la Renta, desde el 39,6% al 33%. Trump también plantea eliminar el Impuesto de Sucesiones y eximir de algunos tramos impositivos federales a los trabajadores que ingresen menos de 25.000 dólares al año (o 50.000 por familia). El político republicano asegura que la menor presión fiscal acabará inyectando a la larga dinero a la economía, a través del mayor consumo.
  • Jueces conservadores. El Tribunal Supremo de EEUU, conocido por las siglas SCOTUS (Supreme Court of the United States of America), está presidido por el ultraconservador John Roberts. Se divide en dos bloques: conservador y liberal, y ahora las fuerzas están empatadas a cuatro, tras el fallecimiento del juez Antonin Scalia. En breve, han de sustituirse otros dos jueces por jubilación. Hay además otra juez, Ruth Bader Ginsburg, de 93 años, que no quiere retirarse. El presidente, en este caso Donald Trump, designa los candidatos y los ratifica la Cámara de Representantes y el Senado. El dominio republicano en el Congreso reforzará las decisiones que tome Trump, que reforzará el flanco conservador. Sus decisiones se relacionan con asuntos cruciales como el derecho al aborto o las uniones del mismo sexo.
  • Eléctricas y petroleras. Donald Trump pretende dar un fuerte impulso al sector energético. Pero la decisión no es una buena noticia para todas las empresas que compiten en él. Porque el nuevo presidente de Estados Unidos defiende las fuentes de energía tradicionales y recela de las renovables. Por tradicionales se entiende fundamentalmente el petróleo, el carbón o la energía nuclear. Trump quiere avanzar en la independencia energética de su país, el mayor consumidor de petróleo del mundo (más de 19 millones de barriles diarios). Y eso se consigue recortando las importaciones de crudo (sobre todo de la OPEP) e impulsando las fuentes propias. El nuevo Gobierno republicano protegerá la industria nacional del carbón. Y, en dirección opuesta a grandes potencias como Alemania, seguirá apostando por las nucleares (Estados Unidos es el país con más centrales del mundo, con 99 plantas y casi 99.000 megavatios de potencia instalados). También fomentará el uso del controvertido fracking para extraer gas y petróleo.
  • Trabajadores blancos nacidos en EEUU.  En su discurso de aceptación, Donald Trump se dirigió de forma implícita a esos trabajadores blancos estadounidenses. «Los olvidados dejarán de serlo», dijo el millonario neoyorquino, que sabe que han sido ellos quienes le han catapultado a la Presidencia. Han sido esos trabajadores del Rust Belt quienes han creído su mensaje en el que les promete ser objetivo de sus inversiones, a cosa del cambio climático y de las relaciones comerciales con el resto del mundo. Una tercera parte del electorado este año eran blancos, mujeres y hombres, sin estudios. De ellos el 39% le han apoyado, lo que explica su victoria contundente en Ohio, y la conquista de Pensilvania y Wisconsin. Trump les ha cortejado prometiéndoles mejorar su nivel de vida (han perdido un 20% de su nivel adquisitivo desde los 70) con reducciones de impuestos, inversiones en la industria y deportación de inmigrantes que son su competencia.

Los perdedores

  • Compañías con negocio en China. Asia y, en particular, China han sido una de las localizaciones preferentes en los últimos años para múltiples empresas estadounidenses, que han visto la posibilidad de fabricar en esta región parte de sus productos a costes más reducidos. Compañías como AT&T, Apple, Cisco o Google cuentan con fábricas en el gigante asiático cuya actividad podría tener que relocalizarse, al menos en parte, en Estados Unidos. Este hecho implicaría, con toda seguridad, disrupciones en su línea de producción y mayores costes, que serían lesivos para los márgenes de las empresas. Del mismo modo, la subida de aranceles de EEUU podría desencadenar una guerra comercial con China, un país al que la economía estadounidense vende hoy mucho más de lo que le compra y que es su principal socio comercial, por lo que muchas empresas estadounidenses podrían verse privadas de un mercado fundamental para sus negocios. Es el caso, por ejemplo, de los sectores de aeronáutica o de automoción (General Motors y Ford registran un beneficio conjunto en el gigante asíatico de 3.500 millones de dólares).
  • Europa. Que la mayor economía del mundo se muestre dispuesta a encerrarse sobre sí misma tiene notables implicaciones a nivel global, también para Europa. Estados Unidos es el destino del 14% de las exportaciones de la eurozona y países como Irlanda y Alemania presentan importantes superavits comerciales con la gran potencia norteamericana. El previsible abandono de las negociaciones para el establecimiento de un tratado de libre comercio entre Europa y Estados Unidos (el conocido como TTIP) implica el riesgo, en opinión de los expertos, de un deterioro en el potencial de crecimiento a largo plazo de la eurozona y de Reino Unido.
    A esto habría que sumar el impacto en cadena de un descenso de la actividad comercial global, que podría resultar muy lesivo para algunos de los principales socios comerciales europeos, como los países de América Latina, y podría traducirse en un descenso adicional de las exportaciones a estas regiones. Además, la presidencia de Trump puede tener notables connotaciones geoestratégicas para Europa, dado que el presidente electo estadounidense se ha mostrado partidario de un acercamiento con Rusia. Esto obligaría a los países europeos a abordar un giro estratégico similar para aproximarse a un país con el que las tensiones se encuentran disparadas desde hace varios años, o asumir mayores costes de Defensa si Estados Unidos reduce su aportación a la OTAN.
  • Políticas sociales. La reforma sanitaria puesta en marcha por el presidente Obama y que lleva su nombre, Obamacare, está herida de muerte. Ha asegurado el presidente electo que en el primer día de su mandato va a pedir al Congreso que anule este sistema, muy caro para el Estado y para el contribuyente pero que es un primer paso para intentar que una mayoría cuente con una cobertura médica. Aboga por una fórmula que incluya rebajas fiscales para quienes contraten seguros médicos y por reducciones en las coberturas. También se opone tajantemente al aborto y apoyará a jueces que defienden su ilegalización total. Hace años defendió la libertad de las mujeres a la hora de decidir sobre la interrupción del embarazo pero en la campaña decía que tras escuchar testimonios de mujeres que habían pasado por la experiencia había cambiado de opinión. Curiosamente apenas habla de educación, pero se opone al intervencionismo estatal y a sus elevados costes.
  • Derechos civiles. Como todos los republicanos, concibe el matrimonio como la unión de hombre y mujer pero está a favor de prohibir por ley cualquier discriminación por ley y no critica las uniones entre personas del mismo sexo. Para atraer a la comunidad afroamericana, en los últimos días de campaña enfatizó sobre la prioridad de una agenda de derechos civiles. Sin embargo, sus mensajes durante la campaña han alentado los sentimientos racistas de sus seguidores. A esto se suma que su trato a la mujer, como pudo comprobarse con la divulgación de sus comentarios obscenos, lo que él llamó una conversación de vestuario, en los que presumía de poder poseer a cualquier mujer, es discriminatorio y abusivo.
  • Energías renovables. La vida siempre esconde paradojas: la victoria de Donald Trump, que piensa –literalmente- que el cambio climático es una patraña, se ha producido en plena celebración de la Cumbre Mundial del Clima en Marrakech. Todo lo que digan o propongan los expertos que se han desplazado hasta Marruecos quedará en papel mojado, si el flamante presidente norteamericano cumple su amenaza y abandona el Acuerdo de París. Su antecesor en el cargo, Barack Obama, fue uno de los impulsores de este pacto histórico para la reducción de emisiones contaminantes, sellado el pasado diciembre en París. Trump considera que la lucha contra el cambio climático sólo responde, más que a la necesidad de proteger el planeta, a otros intereses ocultos cuya gran víctima es Estados Unidos. Por eso, dejará de promover las energías renovables y liquidará la Agencia de Protección del Medioambiente. El nuevo líder cree que las políticas de defensa medioambiental empeoran la productividad y elevan los costes de algunas industrias clave para el país. Para Trump, ellas son la prioridad, no la Tierra.
  • Inmigrantes y el colectivo de hispanos. América será un país más hostil con los inmigrantes, si el presidente electo es fiel al programa del que ha hecho gala en la campaña electoral. En realidad, el presidente Barack Obama ha deportado a más inmigrantes que sus antecesores, pero su política, y habría sido la de Clinton, se orientaría a legalizar a quienes están arraigados en EEUU. Sin embargo, Trump en junio de 2015 ya lanzó su candidatura prometiendo un muro en la frontera con México,  que además pagará el país vecino, para evitar la entrada de «más drogas y violadores». Ante el presidente Peña Nieto mantuvo su propuesta el pasado verano. A su vez ha prometido deportar a 11 millones de indocumentados, incluidas las familias que tienen hijos que son ciudadanos estadounidenses. No ha especificado cómo podría realizar estas deportaciones masivas, pero aseguró que buscaría la fórmula. También va a endurecer las condiciones de entrada en el país  para quienes procedan de Estados donde el terrorismo islamista es una fuerza en auge como Siria o Afganistán.
  • Actividad empresarial en México. Al igual que en el caso de China, Donald Trump ha sugerido la posibilidad de imponer aranceles a los productos mexicanos de hasta el 35%. Ésta es una cuestión fundamental para muchas firmas industriales estadounidenses e internacionales, que han aprovechado las condiciones más favorables que ofrece México para producir a costes reducidos productos que luego son vendidos en Estados Unidos. Esta cuestión es, por ejemplo, fundamental para el sector de automoción. También en este caso, una hipotética relocalización de la actividad se enfrentaría al riesgo de cortes en la producción en el corto plazo y un impacto en los márgenes de las empresas, por mayores costes. Un efecto, éste, que además se ve multiplicado por la intención del nuevo presidente estadounidense de poner coto a la inmigración, lo que, sugieren los expertos, reduciría la mano de obra en sectores de poca cualificación, disparando los costes laborales.
    Por otro lado, dada la dependencia de la economía mexicana de sus relaciones con Estados Unidos, cualquier interrupción en su vínculos comerciales pondría en jaque al conjunto del tejido empresarial del país. La amenaza de deportaciones de inmigrantes mexicanos en Estados Unidos representa otro punto oscuro en las perspectivas económicas de México, al implicar una reducción de remesas y una masa de población de hasta 5 millones de personas en busca de empleo. Éstas son las razones por las que los inversores se muestran tan inquietos respecto a las perspectivas de compañías españolas con elevada exposición a México, como BBVA y OHL.