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Todos somos Bataclan, Alepo, Mosul

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Todos somos Bataclan, Alepo, Mosul
Mensajes tras los atentados del 13 de noviembre en París.

Mensajes tras los atentados del 13 de noviembre en París. EFE

Resumen:

Un año después de los ataques del 13N, París rinde homenaje a las 130 víctimas mortales y más de 400 heridos de aquella noche de terror. Veinte aún siguen hospitalizadas y 400 reciben ayuda psicológica.

La sala Bataclan, donde fallecieron 90 personas y que estaba cerrada desde aquel fatídico 13N, reabre sus puertas con una actuación de Sting.

Antoine Leiris, marido de una de las víctimas en Bataclan, dice sobre los terroristas: “No sé quiénes sois ni quiero saberlo, sois almas muertas… No tendréis mi odio”

Coincide el aniversario con la ofensiva en Mosul, en la que el Estado Islámico están recurriendo a niños como suicidas, y el asedio a la ciudad siria de Alepo.

Vivimos en una nueva era de terror marcada por la vulnerabilidad, las amenazas múltiples, los enemigos ubicuos y una economía más débil en un planeta más empobrecido.

“Masacre. Matanza. Baño de sangre. Apago la pantalla antes de que pronuncien la palabra ‘carnicería’. La ventana al mundo está cerrada. Abran paso a la realidad”. Así vivió el periodista Antoine Leiris la noticia sobre el ataque terrorista en la sala de conciertos Bataclan, donde perdió la vida su mujer, Luna-Hélène Muyal. Este domingo hace un año.

Tres comandos yihadistas tendieron un manto de oscuridad en la Ciudad de la Luz con atentados en el Estadio de Francia, varios cafés y restaurantes, y finalmente acribillaron a quienes disfrutaban, como Hélène, de un concierto de Eagles of Death Metal en Bataclan. Murieron 130 personas, 90 de ellas en Bataclan, más de 400 resultaron heridas. Veinte víctimas aún siguen hospitalizadas y otras 400 reciben ayuda psicológica.

La sala Bataclan, cerrada desde entonces, reabrió la noche del sábado sus puertas con una actuación de Sting, que presentó su último disco, 57th and 9th, con el que rinde homenaje a las víctimas y “celebra la vida y la música en esta sala mítica”.

“Hay que recordar: 130 muertos, cientos de heridos. Antes que nada por ellos, pero también por todos los que sobrevivieron; es también por ellos que tenemos que recordar, y también alentar, apoyar y mostrar solidaridad”, dijo el presidente François Hollande, en el Estadio de Francia, donde con un minuto de silencio se inauguraban los actos en memoria de las víctimas. El domingo el presidente y la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, encabezarán una marcha por los escenarios de los ataques.

Antoine Leiris es uno de esos supervivientes. No estaba en Bataclan, pero su vida se quedó allí. “Varios hombres furibundos han dejado oír su veredicto a tiros de armas automáticas. Para nosotros, será a cadena perpetua”, relata en su libro No tendréis mi odio, en el que da testimonio de su dolor.

“No sé quiénes sois ni quiero saberlo, sois almas muertas. Si ese Dios en cuyo nombre matáis ciegamente nos ha hecho a su imagen y semejanza, cada bala en el cuerpo de mi mujer habrá provocado una herida en su corazón. De manera que no, no os haré el regalo de odiaros… Queréis que tenga miedo, que mire a mis conciudadanos con ojos desconfiados, que sacrifique mi libertad en aras de la seguridad. Habéis perdido”, escribe Leiris, desgarrado por la pérdida de su compañera durante 12 años. Los terroristas dejaron sin madre a Melvil, que entonces tenía 17 meses. Pero no consiguieron su objetivo.

Queréis que tenga miedo, que mire a mis conciudadanos con ojos desconfiados, que sacrifique mi libertad… Habéis perdido”

Niños como Melvil pierden a sus madres y a sus padres en la sitiada Alepo, que se ha convertido en una ciudad símbolo de la guerra en Siria. También caen inocentes día tras día en Mosul, que están tratando de recuperar una alianza formada por tropas leales a Bagdad, los peshmerga kurdos y la coalición internacional. En la segunda ciudad iraquí denuncian que los yihadistas recurren a niños con cinturones bomba para realizar atentados. La ofensiva sobre Mosul habría provocado la huida del líder del Estado Islámico, Abu Bakr al Bagdadi.

De los atentados de París solo sobrevivió el sospechoso Salah Abdeslam, que decidió no detonar su cinturón lleno de explosivos. Detenido en Bélgica, después de cuatro meses de fuga, fue extraditado a Francia. Justo esta semana se ha identificado a quien supuestamente fue el coordinador de la matanza del 13 de noviembre: Oussama Atar, belga-marroquí, residente en un barrio de Bruselas, pero que dirigió la operación desde Siria. Es primo de los dos suicidas que perpetraron los ataques de marzo de 2016 en la capital belga.

En una entrevista reciente, Leiris hablaba sobre estos terroristas: “Crees que esta gente ataca los símbolos de nuestras sociedades es un error, es darles  una dimensión que no tienen… Hay que ponerles en el nivel que se merecen”. Ni en Bataclan, ni en Niza, ni en Alepo o Mosul vencen si no nos rendimos al miedo.

Pese al dolor de las víctimas, el mundo no se ha desmoronado. Ni después del 11S de 2001, ni después del 13N de 20015, ni después de Niza,o Alepo. Son todos ataques contra los valores de la humanidad y de la civilización. El 11S fue el prefacio y luego vinieron “Je suis Charlie”, “Je suis Paris” o “Je suis Nice”. Vivimos una nueva era de terror en la que ha quedado patente que la seguridad es una entelequia también en Occidente. Son varias las lecciones que aún están vigentes:

  • Somos vulnerables. “No hay país inexpugnable para el terror”, fue el mensaje de bienvenida de los terroristas al siglo XXI, según Myriam Redondo, especialista en Comunicación Internacional. Al Qaeda burló a la inteligencia de EEUU al derrumbar las Torres Gemelas con dos aviones, y 15 años después los yihadistas multiplican sus acciones, muchas veces simultáneas, en el corazón de Europa. “El EEUU de George W Bush dividió el mundo en buenos y malos e inició guerras territoriales para solventar cuestiones que tenían otra dimensión”, añade Redondo.
  • La seguridad tiene un precio: la libertad. La Administración Bush relegó la libertad y la privacidad frente a la seguridad impulsando la Patriot Act y llegando a las escuchas ilegales de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional). “La Guerra contra el Terror sirvió de justificación para deteriorar el derecho internacional, normalizar la tortura (al no sólo practicarla en sitios como Abu Ghraib y Guantánamo sino activar el debate sobre su supuesta efectividad en la lucha contra el terrorismo), ampliar el control del Estado sobre los ciudadanos, y desplazar en la agenda internacional los problemas como el cambio climático y la pobreza en favor del terrorismo”, afirma Mariano Aguirre, asesor senior en el Centro Noruego para la Resolución de Conflictos (NOREF). Algunos yihadistas destacados del Estado Islámico pasaron por lugares como Abu Ghraib. Las limitaciones a la libertad individual también se han impuesto en Francia. La Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) ha denunciado que Francia está una situación en la que un régimen ‘excepcional’ se convierte en permanente, en nombre de la lucha contra el terrorismo. Este nuevo método ha afectado a los derechos fundamentales”, señala la FIDH.
  • Amenazas múltiples, enemigos ubicuos. Nunca antes habíamos sido tan conscientes de vivir bajo amenaza. No hay lugar donde sentirse a salvo. Y el enemigo, ya no era aquel enemigo de trincheras, de las guerras clásicas. El enemigo era el otro, el diferente, el que viene de fuera y es en sí mismo una amenaza. Myriam Redondo considera que “la actual desconfianza hacia los refugiados se ha intensificado en los últimos años: esos ‘otros’, y particularmente entonces eran los afganos y por extensión los musulmanes fuera de su país, podían ser ‘el enemigo’. Según Ahmed Rashid, autor de Los Talibán, un clásico que fue libro de cabecera del presidente Obama, en el mundo de hoy “vivimos bajo amenazas, en plural”. Rashid señala que se trata de “un mundo más extremista y radicalizado. Los grupos terroristas se han multiplicado: ya no sólo está Al Qaeda y sus ramificaciones, también el autodenominado Estado Islámico que amenaza con una yihad global, por ejemplo. Y las potencias occidentales carecen de estrategia para combatirlo como se ve en lo que esta sucediendo en Siria, Irak, Libia”
  • Una economía más débil en un planeta más empobrecido.  Ahmed Rashid destaca cómo van unidos “pobreza y extremismo”. No se ha avanzado a la hora de promover la educación como manera de combatir el empobrecimiento. “Otra amenaza gravísima es el cambio climático, que también incidirá sobre la pobreza y el desequilibrio económico”, destaca Rashid. Es especialmente preocupante, como destaca Mariano Aguirre, “cómo crece el número de jóvenes sin trabajo, sin opciones, sin futuro en países del Sur, como Nigeria, Somalia y la mayor parte de los que trataron de impulsar la llamada primavera árabe”.
  • Un mundo líquido. Vivimos en la escena internacional en lo que denomina Zygmunt Bauman “un mundo líquido”. Nada está garantizado y nada es para siempre. “En la guerra de Siria, hay actores implicados que han seguido un camino sin variaciones, pero otros han cambiado de estrategia y perfil, como Turquía o las propias fuerzas rebeldes. Potencias aparentemente reducidas se despiertan si encuentran un líder con ínfulas, como Putin. Tras el desmembramiento de la URSS, se decía que Rusia era un enano político. A la vista está que no lo es. Nada es seguro y ninguna amenaza estará geográficamente limitada, el malestar puede surgir con violencia desde cualquier polo”, explica Myriam Redondo. La preocupación en este contexto se acrecienta con escenarios como el que encarna el presidente electo, Donald Trump, en Estados Unidos. Según Rashid, “Trump tendrá gran impacto en la política global. Vivimos bajo amenazas y así seguiremos”.
  • La Historia no se repite, se transforma.  Como explica Scott Stewart, en un artículo publicado en Stratfor, una plataforma sobre geopolítica, “el mayor cambio ha sido un cambio de mentalidad, de modo que ahora sabemos, por ejemplo, que el uso de la fuerza no iba a ser suficiente para que pasajeros y tripulación entregasen el control de un avión”. Y en este escenario surgen en los últimos años figuras como los llamados lobos solitarios, a quienes el autoproclamado Estado Islámico convierte en franquicias del terror. “Un solo hombre al volante de un camión en Niza siembra el pánico y un reguero de muertes, un 14 de julio, día de la fiesta nacional, en un país como Francia que ya ha reconocido estar en guerra.
  •  La imagen como mensaje del terror. Las imágenes de un París presa del pánico, que vieron millones de telespectadores, eran en sí mismas el objetivo de los terroristas. Su carta de presentación y su mensaje más demoledor. Estamos aquí y somos capaces de hacer que tiemblen los cimientos de vuestra civilización. Es algo que ahora dominan en las redes sociales los equipos de propaganda del IS. Como dice Redondo, “en realidad, la apuesta del IS sigue siendo el producto audiovisual impactante, esa imagen que ya nunca se olvida y ahora también se distribuye a través de los nuevos canales”.

Todos somos Bataclan, Alepo, Mosul. Especialmente somos Melvil, el hijo de Hélène y Antoine, a quien su padre le deja este legado: “A lo largo de toda su vida ese niño os hará la afrenta de ser feliz y libre. Porque no, tampoco tendréis su odio”.