En público Rita Barberá «ya no es militante de este partido», como se aprestaron a afirmar multitud de dirigentes del PP el pasado lunes, día en que declaró ante el Tribunal Supremo por el «caso Taula». En privado, la ex alcaldesa seguía vinculada a unos pocos, apenas un puñado, algunos de sus «amigos» populares, tanto a los que salieron en defensa cerrada de ella como la diputada Celia Villalobos, como los que, desde el silencio, comentaban sus cuitas judiciales.

Al reaccionar al fallecimiento de su amiga, Mariano Rajoy reveló que habían hablado antes de su comparecencia ante el Supremo. También el ex ministro de Asuntos Exteriores José Manuel García Margallo, «Margui», tal y como le llamaba, se mantenía en contacto con la ex alcaldesa. Su breve cruce de palabras en el patio del Congreso el día de la apertura solemne de las Cámaras es posiblemente la última imagen pública de Barberá con uno de sus antiguos compañeros de partido.

Villalobos lamenta que no se diera cuenta de que la ex alcaldesa estaba ese día en el Congreso «porque si lo llego a saber me acerco, le doy cuatro besos y nos tomamos un café», señaló a El Independiente. «Hablaba con ella, nos mensajeábamos, éramos amigas», continúa narrando, una amistad que vino de la época en que formaban el grupo de las poderosas alcaldesas populares: Barberá, Villalobos, Teófila Martínez, Luisa Fernanda Rudi…

Villalobos, Camps y Agramunt tampoco le dieron la espalda

Tal y como comentó Margallo ayer, Villalobos sabía que «estaba destrozada», lo que demuestra, agrega, que «era una mujer honesta». A continuación desgrana su teoría por la cual «la gente que roba está tranquila, se la ve como si nada, pero ella estaba destrozada», reitera muy afectada.

El ex presidente de la Comunidad Valenciana Francisco Camps, fue otro de los que siempre defendió su presunción de inocencia y ayer volvió a hacerlo, tras vivir en primera persona lo que él también calificó en su momento una «cacería política y mediática». Camps fue otro de los populares que se mantuvo fiel a su antigua compañera de filas con la que había hablado en los últimos tiempos y  la que vio «triste y dolida» por lo que la estaba pasando.

Villalobos comparte la tesis de que la presión mediática ha podido con ella, la misma «presión brutal», que aduce, obligó a la secretaria general popular, María Dolores de Cospedal, a echarla del partido a pesar de su presunción de inocencia «y de que María Dolores también la ha defendido».

Desterrada al Grupo Mixto de la Cámara Alta, donde coincidió con sus eternos adversarios políticos de Compromís, -que ayer sí guardaron un minuto de silencio por ella y hasta han declarado tres días de luto oficial en el ayuntamiento de Valencia-, era de las pocas senadoras populares que se alojaba en el Hotel Villareal, frente al Congreso de los Diputados. Sólo otro veterano del PP, también senador y valenciano, Pedro Agramunt,  elegía este establecimiento hotelero, y ambos compartían taxi en las idas y vueltas al Senado.

Era de las pocas senadoras populares que se alojaba en el Villareal, lejos de casi todos sus compañeros de escaño

Aunque todavía comía y cenaba durante sus estancias en Madrid con otros compañeros de su antiguo partido, la mayoría se fue alejando, de forma discreta, pero inexorable. Además, lo atípico de la situación política que ha vivido España en los últimos meses, permitió que la actividad parlamentaria no terminara de arrancar y que la valenciana se ausentara no pocas veces de la Cámara Alta.

De hecho, el pasado martes, no acudió a la sesión de control al Gobierno, con presencia de Mariano Rajoy. Los medios, siempre pendientes de ella, se quedaron sin la fotografía del «gallinero» del Mixto. Habrá foto de los populares, a título personal, en el funeral que se celebra hoy en Valencia y a donde acudirá Rajoy. Los suyos han pedido que éste se celebre «en la intimidad de familiares, amigos y allegados” y han subrayado lo “conveniente de la ausencia de instituciones públicas y partidos políticos”, según transmitieron a través de un comunicado.