La Constitución española cumple 38 años y parece que lo hace más cerca de su reforma. La pasada semana, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, mostró su disposición a dialogar sobre este aspecto, aunque pidiendo «concordia» y alabando el gran éxito conseguido en 1978. Con sus 169 artículos, nuestra Carta Magna es a día de hoy una de las más rígidas de Europa. Sólo ha sido modificada en dos ocasiones -en 1992 y en 2011-, algo que contrasta con las decenas de cambios que han vivido los textos de nuestros vecinos europeos.

Profesionales de los principales medios extranjeros que residen en España valoran nuestra Constitución poniendo el foco en Cataluña y aportando algunas soluciones para desbloquear la situación.

Alemania, con 60 revisiones, lidera el ranking en Europa en cuanto a cambios constitucionales se refiere. Por eso, es comprensible que los germanos vean la situación española como algo excepcional. “Nosotros hemos hecho modificaciones que no han cambiado el carácter de nuestra constitución”, señala Marc Dugge, corresponsal en España de la Radio Pública Alemana (ARD).

Alemania, con 60 revisiones, lidera el ranking en Europa de cambios constitucionales

La Ley Fundamental alemana entró en vigor en 1949 y ha sufrido múltiples cambios. El último, en 2006, afectó al reparto de competencias entre la Federación y los Länder. «Creo que la Constitución puede ser adaptada a los tiempos, siempre que no cambie su identidad”, expone el periodista, pero al mencionar el Artículo 2, sobre la unidad de España: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”, es rotundo: “En Alemania ese artículo tampoco se podría cambiar”.

Opinión similar tiene Matthew de Taillac, corresponsal del diario francés Le Figaro. De Taillac subraya la dificultad de realizar cualquier tipo de cambio incluso habiendo consenso: «No conozco ningún país donde sea tan difícil cambiar la constitución», reconoce, y aboga por flexibilizar el documento: “Al salir de una dictadura interesaba blindarla para que no se pudiera cambiar, pero ahora debería ser diferente”. La francesa entró en vigor en 1958 y desde entonces se han llevado a cabo 24 reformas. La última, de la mano de Nicolas Sarkozy, tuvo lugar en 2008 y amplió los poderes del Parlamento, delimitó los del presidente de la República y dio más derechos a los ciudadanos. En el caso de España, el periodista francés ve complicada la tarea de cambiar la Constitución, aunque «no imposible».

De Taillac reside en Madrid y conoce bien el conflicto casi constante entre los que insisten en la necesidad de cambiar la Carta Magna y los que se cierran en banda ciñéndose a la ley. Él no es experto en el ámbito constitucional, sino un profesional de los medios que conoce la realidad de dos países lo suficiente como para establecer una opinión, y la tiene clara. Para él, el problema que no reside en el hecho concreto de reformarla, sino en una falta de «voluntad» y la ausencia de propuestas concretas.

El periodista señala dos discursos «inconcretos e incompatibles» que tienen que ver, nuevamente, con el Artículo 2. «Por un lado, el Gobierno se ciñe a la ley y sólo a la ley y los independentistas sólo hablan de referéndum y del derecho a decidir. Deberían conjugarse esos dos discursos y no ser tan cerrados», señala. Por este motivo, aplaude el nuevo cometido de Soraya Sáenz de Santamaría, a su parecer fundamental para lograr avances: “Que la vicepresidenta asuma el papel de diálogo es positivo”.

El Gobierno se ciñe sólo a la ley y los independentistas sólo hablan de referéndum»

Precisamente mientras España celebra el aniversario de la Constitución entre debates, Italia, cuyo documento data de 1948, continúa la resaca del referéndum que llevó a cabo el pasado fin de semana para aprobar una serie de reformas constitucionales a propuesta del primer ministro italiano, Matteo Renzi. La idea del referéndum no es nueva, pero durante años ha sido imposible llegar a un acuerdo sobre los detalles. Algo parecido a lo ocurrido en España, como ha podido comprobar Paola di Vecchio, corresponsal de Il messaggero di Roma. «La Constitución es un marco legal, el problema es que se está utilizando como un muro», critica.

En el momento de aprobación de la Constitución, asegura, ya no se respetaba la pluralidad del país y ahora ve necesario revisar ese punto y buscar las fórmulas necesarias para que «todo el mundo pueda tener su hueco». «Es necesario hablar de un nuevo marco legal y que el referéndum no sea un tabú, como se ha visto en Escocia», añade.

Sin Constitución, «más fácil dialogar»

El sistema constitucional del Reino Unido es diferente al del resto de Europa. Sin tener un documento escrito único que reúna las normas fundamentales que rigen el estado, éste dispone de leyes, sentencias y tratados, a la vez que se basa en otras fuentes no escritas como las convenciones constitucionales parlamentarias. Por este motivo, es muy difícil conocer un número concreto de cambios incluso para sus ciudadanos, ya que «se puede aprobar cualquier cosa en el Parlamento británico», según el corresponsal de The Telegraph, James Badcock.

La ausencia de una constitución escrita favoreció la celebración del referéndum en Escocia

Tras el Brexit, los ingleses echan en falta un documento en el que fijarse, de modo que «el conflicto nunca queda resuelto», reconoce Badcock, aunque presume de ser más positivo en otros aspectos como la celebración del referéndum sobre la independencia de Escocia, ya que «hace más fácil dialogar». Mirando hacia España niega la posibilidad de llevar a cabo un sistema como el suyo durante los años setenta, ya que «hacía falta una constitución que delimitara las reglas del juego», pero ésta tiene unos puntos débiles que sobre todo en la actualidad salen a la palestra, como la independencia de Cataluña, algo que define como «un diálogo de besugos insufrible. Unos apelan a la legitimidad y otros a la Constitución», e insiste en el ejemplo de negociación llevado a cabo por Escocia, aunque con permiso del Parlamento británico.

En su opinión, no debe ser fácil cambiar la Constitución para evitar modificarla constantemente, pero tampoco «utilizarla como escudo, como hace Rajoy». Esto perjudica gravemente la imagen de la democracia pareciéndose más a una «dictadura legal», postura que achaca sólo a los representantes políticos y que no se extiende al resto de ciudadanos. «En Madrid no se ve a la gente tan rígida, están más abiertos al diálogo», expone.

La «Biblia» de Estados Unidos

Estados Unidos cuenta con el texto más antiguo, que data de 1787 y que a día de hoy se ha modificado en 27 ocasiones a través de enmiendas, siendo la última de los años noventa. Pero el concepto no es el mismo para españoles y americanos, según el corresponsal de The New York Times Raphael Minder, ya que mientras para los segundos la constitución americana es «una Biblia» pese a pertenecer a otra época, la Carta Magna en España tiene un valor diferente «según la conveniencia». «Cuando viene bien es un documento santo, pero cuando no conviene es una basura».

También la soberanía adquiere un un valor diferente. «El Gobierno habla de la soberanía nacional como si fuera intocable, mientras que cuando se menciona la de Gibraltar parece es intercambiable». Su solución en Cataluña pasa por la cosoberanía, pero no sólo eso, el estado federal propuesto hace tres años por el PSOE ya parece una realidad para él. Muchos son los aspectos a revisar, pero el primer paso es el diálogo, ahora más cerca que nunca.