Desde enero de 1974 hasta diciembre de 2016 hay un trayecto de casi 43 años con tiempo para muchas cosas. Victoria Prego, adjunta al director de El Independiente, es la voz de la Transición y el referente de una generación completa de periodistas. Pero es más. Su trabajo es, en perspectiva, un paseo por la España democrática, que ha retratado desde todos los medios posibles. Una trayectoria valedora del prestigioso premio Luca de Tena, otorgado por el grupo Vocento, y que recibió esta semana visiblemente emocionada.

Pregunta.- En tu discurso, recordabas a tu padre y la relación simbólica con el grupo que te premiaba.

Respuesta.- Yo he crecido en una casa en la que mi padre, que era periodista, pasó muchos años de su vida en ABC. Los nombres de esa casa, que era Prensa Española, los oía, aunque no participaba de ellos porque era pequeña. Lo que conté allí es que, cuando mi padre volvía de los estrenos del teatro, yo estaba en la cama pero oía de lejos el sonido de las teclas y del carro de la máquina de escribir. Ese sonido para mí era muy acogedor, muy relajante. He crecido con el sonido de una Remington y los nombres de ABC forman parte de mi vida de jovencita y adolescente. Por eso hice un homenaje a mi padre y dije que el premio era ex aequo con Adolfo Prego.

P.- Te enmarcabas, en la intervención, dentro de una “generación privilegiada de periodistas” que ejerció su trabajo en un periodo, la Transición, “brillante” y “honroso”.

R.- Mi generación ha conocido la edad de oro del periodismo español. Esto es así. Nosotros asistimos al final del franquismo, éramos muy jóvenes y sabíamos que el futuro era nuestro. Cometimos un error, que fue apartar a las generaciones anteriores y no reconocerles el valor moral que tenían, y no se lo reconocimos porque veníamos nosotros a inaugurar una nueva era. No tuvimos maestros porque no los acogimos como tal. Nos equivocamos y lo hemos pagado, pero éramos una generación que entraba en el futuro llena de fuerza, y ese futuro caminaba junto a nosotros. No solamente lo vivimos, lo pudimos contar. La libertad de prensa era un hecho y nosotros hemos tenido el privilegio de asistir a un cambio político trascendental, poderlo contar y encima con un enorme prestigio entre la sociedad.

P.- ¿Se ha perdido ese prestigio?

R.- Para empezar teníamos unos métodos de comportamiento completamente ortodoxos y profesionales. Allí se contaba la verdad y se contrastaban los hechos. Teníamos mucho prestigio, se nos atendía, se nos respetaba dentro de los periódicos, se respetaba nuestro criterio y los análisis que publicábamos tenían credibilidad. La nuestra era la edad de oro, y encima nos pagaban bien.

P.- ¿Qué ha cambiado más en 40 años: el periodismo o la política?

R.- Los dos.

P.- ¿De la mano?

La política se ha empobrecido. La gente crece dentro de un partido y no tiene otro sitio al que ir y ganarse la vida

R.- De la mano no, pero han ido paralelas. La política se ha empobrecido. No quiero hablar del pasado como una vieja que cree que cualquier tiempo pasado fue mejor; no es ése mi planteamiento. Pero realmente los políticos de la época venían de otros sitios, tenían una formación profesional y venían a servir a España. Ahora la carrera política se ha convertido en una carrera para mucha gente: crecen dentro de un partido y no tienen otro sitio al que ir y ganarse la vida. Eso empobrece. A los periodistas, lo que les pasa es que son muchísimos. Aquí ha habido una verdadera estafa a los jóvenes porque han proliferado facultades de periodismo por doquier que han generado miles y miles y miles de periodistas que no iban a tener trabajo. Eso es una estafa. Simultáneamente, las empresas periodísticas han dejado de ser pequeñas empresas editoriales con unas pretensiones económicas modestas y un objetivo profesional: contar al público lo que pasa. Se han convertido en grandes corporaciones que tienen intereses estratégicos que son, al final, políticos. Y eso ha cambiado completamente la relación del empresario con el periodista. El Independiente es una reproducción de los periódicos de antes, donde los periodistas no tenían más propósito que informar y servir a la sociedad. No querían hacerse ricos, ni famosísimos, simplemente cumplir con su deber.

P.- Esta semana se ha presentado el Informe Anual de la Profesión Periodística de la Asociación de la Prensa de Madrid, que presides. ¿Qué escenario dibuja?

R.- Los precios que se pagan ahora mismo son subproletarizados, y eso afecta mucho a la independencia del periodista. Un periodista tiene que comer, y si le pagan 6 euros por crónica tiene que escribir muchas y no puede descubrir nada. Pese a todo, el escenario es un poco menos malo que el del año pasado. En la era de la tecnología es posible montar un periódico pequeño, sin pretensiones de grandes finanzas, que cumpla su función. Hace 15 años no era posible: o estabas en un gran medio, o te morías del asco. Además, se ha abierto un campo, que yo que soy de la vieja escuela considero que no es exactamente hacer periodismo, que es el de la comunicación empresarial. No hay pequeña ni mediana empresa que no quiera y necesite un gabinete de comunicación. Por lo menos, un jefe de prensa. Ahí hay mucho trabajo, pero eso, para mi, no es exactamente hacer información.

P.- Se destruyen menos empleos…

Se destruyen menos empleos porque ya no quedan. La digitalización va a abrir un gran campo a los periodistas

R.- Porque ya no quedan. Pero es cierto que la era de la digitalización va a abrir un gran campo a los periodistas. Permite la creación de medios especializados, enormemente especializados. Yo soy optimista, después de haber sido muy pesimista.

P.- Los ciudadanos siguen suspendiendo la independencia de los medios. Los propios periodistas, incluso, se suspenden a sí mismos.

R.- Es un problema grave y determinado por el empeoramiento de la consideración hacia el periodista por parte de las grandes corporaciones, que quieren empleados a su servicio. Los periodistas nunca hemos sido empleados, hemos sido periodistas. Además, las grandes cadenas de televisión se han sumado a una tendencia, que no es española, que es el periodismo espectáculo. Y ahí hemos perdido mucho crédito.

P.- En 2016, ¿sigue siendo un privilegio ejercer la profesión?

R.- Sí.

P.- Pese a todo.

R.- Para mí, sí. Mi periodismo, el que yo he hecho, es un privilegio. Y todo aquel que haga este periodismo es un privilegiado. Yo adoro esta profesión, que es venenosa y más amarga que la hiel, pero apasionante.

P.- Decía el Rey en su discurso: “Nuestro país ha afrontado durante el último año un escenario político inédito. Y en él, los españoles han necesitado certezas y respuestas que a menudo han buscado en los medios de comunicación”. ¿Las han encontrado?

El Rey, que es un excelente Rey, hizo un discurso impecable porque conoce perfectamente la relación entre los medios y la sociedad

R.- Parcialmente sí, y parcialmente también han encontrado versiones disparatadas y dañinas para la convivencia. Ha habido de todo, pero desde luego ha habido medios que se han mantenido en su sitio, han mantenido el sentido común y el afán de construir y no confrontar por confrontar. Pero también ha habido de lo otro. El Rey, que es un excelente Rey, hizo un discurso impecable porque conoce perfectamente el mundo de relación entre los medios y la sociedad. Dijo cosas muy agudas y muy sensatas, que yo le agradecí escuchar en boca del Rey.

P.- Has sido la quinta mujer en recibir el premio Luca de Tena en 86 ediciones.

R.- Yo nunca tuve conciencia de ser periodista mujer, pero éramos muy pocas. Ahora son muchas y la posición de la mujer está avanzando claramente. Otra cosa es que haya pocas directivas, pero ahí tengo que decir dos cosas. Una, que la presión de los hombres por mejorar su estatus es intensísima y lo ha sido toda la vida. A los hombres, el tamaño del despacho les parece una medida de su éxito. A las mujeres eso no se lo parece tanto. La medida de su éxito la tienen más en el éxito que puedan haber logrado en su vida familiar, sentimental o emocional. Eso pesa extraordinariamente en el balance de las mujeres, también en el de las periodistas. La presión de las mujeres para dirigir un periódico es infinitamente menor que la de cualquier hombre, aunque sea un inútil, para hacerlo.