Cuando el periodista Mark Singer, autor de El show de Trump, preguntó al magnate estadounidense, que el viernes 20 de enero será el 45º presidente de Estados Unidos, en quién confiaba en los momentos difíciles, la respuesta fue contundente: “En nadie. Simplemente, no es lo mío”. Pese a esa premisa, el presidente Trump ha formado un equipo de leales colaboradores, en su gran mayoría hombres blancos y ricos, con quienes dirigirá la democracia más antigua del mundo moderno en la que aún es, bajo el acoso de China, la primera potencia global.

Para encabezar ese portaaviones que es el engranaje del sistema político de Estados Unidos, el presidente Trump ha elegido a un grupo de profesionales tan atípico como él. “Como es impredecible, también lo ha sido ahora. No se ajusta a lo que han hecho otros presidentes. Ha contado poco con el partido, pero se apoyará en el vicepresidente Mike Pence como nexo con los republicanos”, explica José Antonio Gurpegui, catedrático de Estudios Norteamericanos en el Instituto Franklin-UAH.

Como se apreció en la primera rueda de prensa que daba en cinco meses, el pasado miércoles, Trump se ve como si estuviera al frente de una gran empresa que se llama Estados Unidos de América. “Voy a ser el mayor creador de empleo que Dios haya imaginado”, aseguró a los ciudadanos, a los que sigue viendo como electores. Y hablaba de su empresa y de la nación como si fueran entidades similares.

Seguirá siendo propietario de su emporio, si bien lo administrarán sus dos hijos mayores, Eric y Donald Jr. y un colaborador, Allen Weissenberg, en lugar de un fideicomiso ciego, como sería lo políticamente correcto. “Piensa gobernar EEUU como si fuera una empresa y es lo que ha vendido, que es un empresario de éxito, aunque tiene un pasivo enorme. Por eso, su gabinete parece un consejo de administración”, añade Gurpegui.

El ‘dream team’ del presidente Trump

Mike Pence y Donald Trump

El vicepresidente electo, Mike Pence, susurra algo al oído del presidente Trump, en Nueva York. EFE

La estrella del dream team del presidente Trump es su vicepresidente: Mike Pence (57 años), gobernador de Indiana entre 2013 y 2016 y gran conocedor de los intrincados pasillos de Washington, donde pasó 12 años como miembro de la Cámara de Representantes.

Católico militante, admirador de John F. Kennedy y de Martin Luther King en su juventud, se opone firmemente al aborto y está a favor de que el Tribunal Supremo revoque la doctrina conocida como Roe v. Wave, por la cual se limita la acción del gobierno federal a la hora de prohibir el aborto. Ha sido número tres en el Partido Republicano.

Pence tendrá mucho peso en la Administración Trump, mucho más que otros vicepresidentes. “Si hubiera impeachment, una posibilidad ahora muy remota, sería presidente. Ejercerá de hilo conductor con los republicanos y ayudará a dar orden y a estructurar el gobierno”, afirma Carlota García Encina. Pence, que apoyó en principio a Ted Cruz y criticó la amenaza de Trump de prohibir la entrada de musulmanes por “ofensiva e inconstitucional”, se define como “católico, conservador y republicano, en ese orden”.

Asesores de la Casa Blanca

Para Donald Trump la familia es un pilar sólido en el que apoyarse. Muchos dicen que los Trump son un clan y que como tal gobernarán EEUU. Empezó en los negocios gracias a su padre, Frederik Trump, hijo de alemanes y también empresario inmobiliario, que le prestó el primer millón de dólares. Ha encomendado a sus dos hijos mayores la administración de sus negocios, y en este período de transición se ha visto a su hija Ivanka acompañarle en reuniones internacionales, como el encuentro con el primer ministro japonés, Shinzo Abe.

Jared Kushner junto a Ivanka Trump, en Nueva York.

Jared Kushner junto a su esposa Ivanka Trump, en una gala en mayo en Nueva York. EFE

Es precisamente el marido de Ivanka, Jared Kushner (35 años) -por quien ella se convirtió al judaísmo- el asesor de Trump más llamativo. Riquísimo empresario, era presidente ejecutivo de Kushner Companies hasta su nombramiento como consejero senior de la Presidencia, una designación que puede ser mal vista, pero que no se salta ninguna ley. Hace una década el yernísimo compró el New York Observer, único diario que apoyó al magnate neoyorquino en las primarias.

El padre de Jared, empresario demócrata, fue encarcelado por realizar contribuciones ilegales a la campaña electoral y su azote fue el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie. Kushner mantiene una guerra encubierta con Christie, cercano a Trump, por esta razón.

Ivanka ha reconocido que les une la ambición: “Es maravilloso estar casada con alguien que me apoya al cien por cien en esa ambición”, recordaba un amplio perfil de la pareja publicado por Vanity Fair. Kushner rara vez da entrevistas y sus declaraciones suelen focalizarse en rendir culto a la familia. “Te pueden quitar el dinero o el estatus, pero nunca las cosas más importantes como la familia, el amor y la amistad”, dijo a The Guardian. A muchos les parece una versión actualizada y moderna de su suegro.

En este grupo de asesores de la Casa Blanca también están Reince Priebus (44 años) como jefe de gabinete y el controvertido Stephen Bannon (63 años) como estratega jefe. Priebus, que ha sido director del Comité Nacional Republicano desde 2011, está apoyado por el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, y por el líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell. Es decir, cuenta con el respaldo del puro establishment del partido, al que es ajeno su jefe, Donald Trump.

Cree que da buenos resultados que trabajen juntos personalidades contrapuestas, como Priebus y Bannon”

Contrasta con Priebus la personalidad de Stephen Bannon, que estuvo a cargo de la campaña del candidato republicano en los últimos y decisivos meses de la contienda electoral. Polifacético y extremo, como director de la web Breitbart News facilitó argumentos a la nueva derecha y un estilo agresivo, que aplauden con gusto supremacistas blancos y antisemitas. Según Carlota García Encina, “Trump cree que da buenos resultados que trabajen juntos personalidades contrapuestas como Priebus y Bannon”.

Como consejero de Seguridad Nacional ha elegido al general retirado de tres estrellas Michael Flynn, el más fiel seguidor de los postulados trumpistas y tan políticamente incorrecto como él. Desde este cargo podrá influir en las decisiones del Pentágono, el Departamento de Estado y de la CIA. En un discurso en agosto llegó a decir que el islamismo es “un cáncer vicioso en el cuerpo de 1.700 millones de personas” que debía ser “extirpado”, y llegó a plantear si Obama era musulmán por su defensa del islam.

En la lucha contra el terrorismo considera fundamental la colaboración con Moscú. “Hemos vencido a Hitler gracias a nuestra relación con los rusos, que debemos entender como una relación necesaria para nuestros intereses comunes y eso incluye el autodenominado Estado Islámico”, ha dicho Flynn, con experiencia de combate en Irak y Afganistán.

Completan la lista de asesores Jason Miller, director de Comunicaciones, que estuvo previamente en el equipo de Ruy Giuliani, cuando intentó ser candidato en 2008; Sean Spicer, como secretario de Prensa; y como consejera presidencial Kellyanne Conway, la mujer, aparte de su hija Ivanka, más cercana al presidente Trump, a quien ayudó con la estrategia de campaña.

Coescribió en 2005 un libro titulado Lo que realmente quieren las mujeres: cómo las estadounidenses están borrando las líneas políticas, raciales de clase y religiosas para cambiar la forma en que vivimos. Años más tarde, ya en el equipo de Trump, recientemente aseguraba: “Le digo a la gente todo el tiempo: ‘No se confundan. De día soy un hombre'”. Cumple 50 años el día de la toma de posesión de su jefe.

Un gabinete tan atípico como Trump

Carlota García Encina, investigadora del Real Instituto Elcano, asegura que con la elección de su equipo Trump muestra que valora la lealtad y que no sigue un patrón establecido. “Es un gabinete atípico, en el que hay gente con experiencia, que trabaja sobre el terreno. Le gustan los que saben llegar a acuerdos y los ganadores, por eso eligió a Rex Tillerson, que estaba al frente de Exxon Mobile para la secretaría de Estado. Le ve como ejemplo del sueño americano. También le atraen las personalidades fuertes y no le importa que no vengan del mundo de la política”, señala la experta.

Rex Tillerson en el Senado

Rex Tilllerson, nominado como secretario de Estado, saluda al senador Isakson, antes de su comparecencia. EFE

Es un gabinete de fieles escuderos -con una fortuna total de unos 35.000 millones de dólares, según cálculos de Politico– y de mayoría de hombres blancos. Curioso este gobierno de ricos cuando Trump ha ganado, en gran parte, por el apoyo de los blancos empobrecidos.

Si se confirman los designados hasta ahora, sólo habría cinco puestos de los 21 no ocupados por hombres blancos, el menor número desde la Administración Reagan, según ha publicado The New York Times. Una de las cuatro mujeres -el quinto es el afroamericano Ben Carson, a cargo de Vivienda y Planificación Urbana- es la millonaria Betsy DeVos, cuyo patrimonio familiar supera los 5.100 millones, y que será la titular de Educación.

DeVos defiende que se usen fondos públicos para que los padres decidan dónde educar a sus hijos. Entre las mujeres, Elaine Chao (Transporte) llegó a EEUU desde Taiwán a los ocho años y Nikki Haley (embajadora ante la ONU) es hija de inmigrantes indios.

Ninguna mujer, ni miembro de una minoría, está en el núcleo duro del gabinete, los cuatro puestos -fiscal general, secretaría de Estado, del Tesoro y de Defensa- que se mantienen desde George Washington. Este núcleo lo forman los siguientes nominados:

  • Jeff Sessions, fiscal general. Sus bromas sobre el Ku Kux Klan le impidieron ser juez federal en los 80 y por ello ha aborrecido del supremacismo blanco en la audiencia ante el Senado, donde ha ocupado asiento desde hace dos décadas.  Con 69 años, fue el primer senador (Alabama) en unirse a las filas de Trump y el magnate le ha recompensado con creces. Suscribe la política anti inmigración de su jefe, y podrá ponerla en práctica en el Departamento de Justicia.
  • Rex Tillerson, secretaría de Estado. La revista Forbes le consideraba el vigésimoquinto hombre más poderoso del mundo como presidente de Exxon Mobile, una de las mayores petroleras del planeta. Ha tenido que poner a la venta más de 600.000 acciones de la compañía y renunciará a millones de dólares en bonificaciones. Con fama de buen negociador, tiene excelentes relaciones con el presidente Vladímir Putin, que le condecoró en 2013 con la Orden de la Amistad. Defendió ante el Senado que había que estar atentos a la amenaza rusa, y está siendo muy contundente con China y su intento de dominar el Mar de China Meridional. Será la primera vez que sea jefe de la diplomacia de EEUU una persona sin experiencia en el sector público.
  • Steven Mnuchin, secretario del Tesoro. Durante 17 años trabajó en Goldman Sachs y fue uno de los que se enriquecieron en la crisis de 2008 porque compró IndyMac a precio de ganga. Se calcula que su fortuna asciende a unos 46 millones de dólares. Ha contribuido en el pasado a la campaña de Hillary Clinton y de Barack Obama, y también ha colaborado con el millonario George Soros, gran defensor de causas liberales en todo el mundo. Ha sido productor de cine en Hollywood con películas como Patrulla Suicida, American Sniper o la última, La excepción a la regla. También es un hombre de negocios de gran éxito el secretario de Comercio, Wilbur Ross, cuya prioridad desde el minuto cero será la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, en inglés). Ross se hizo rico rescatando compañías moribundas en el sector del acero y del carbón. Su fortuna supera los 3.000 millones y posee una colección de arte valorada en 150 millones. La otra cartera económica es la Oficina del Presupuesto, a cargo de Mick Mulvaney, congresista de Carolina del Sur.
  • James Mattis, secretario de Defensa. General retirado de cuatro estrellas, estuvo al mando de los marines estadounidenses en la sangrienta batalla de Faluya, en 2004. Un año más tarde, declaró en público: “Es muy divertido disparar a alguna gente… De hecho, es muy divertido combatir”. Le llamaban Perro Rabioso. Fue jefe del Comando Central encargado de las operaciones en Oriente Próximo hasta 2013, cuando el presidente Obama le forzó a retirarse por discrepancias sobre la cuestión iraní, fundamentalmente. Ante el Senado, elogió a la OTAN, organización que Trump ha calificado de “obsoleta”, y reconoció la amenaza que supone Rusia. También aseguró que defendería el acuerdo con Irán “porque América había dado su palabra”.

Junto a ellos han sido designados como miembros del gabinete por el presidente Trump: Ryan Zinke (Interior); Andrew Puzder (Trabajo); Tom Price (Sanidad); Ben Carson (Vivienda y Planificación Urbana); Elaine Chao (Transporte); Rick Perry (Energía); Betsy DeVos (Educación); David Shulkin (Veteranos); general John Kelly (Seguridad Nacional); Scott Pruitt (Agencia de Protección Medio Ambiental) y como embajadora ante la ONU, Nikki Haley.

En las agencias de inteligencia, con quienes el presidente electo mantiene una guerra abierta por las supuestas filtraciones a la empresa de informaciones comprometedoras, han empezado los relevos. Dan Coats, que fue embajador en Alemania entre 2011 y 2015, será el director de la Inteligencia Nacional. En principio, tendrá que despachar a diario con el presidente Trump para proporcionarle información sobre las amenazas a la seguridad. Trump llegó a decir que estas reuniones no le servían para nada.

Como director de la CIA, ha propuesto a Mike Pompeo, congresista por Arkansas y miembro del Tea Party. Fue el azote de la ex secretaria de Estado Hillary Clinton en el Senado por la investigación relativa al atentado en el consulado estadounidense de Bengasi (Libia), en 2012, en el que fallecieron cuatro personas, entre ellas, el embajador Chris Stevens.

Trump es un presidente irrepetible. Según Javier Redondo, autor de Presidentes de Estados Unidos, a quien más se podría parecer sería a Theodore Roosevelt, que llegó a la Casa Blanca de rebote, porque asesinaron al presidente McKinley. “Llegó con un discurso radical y populista y luego acabó fundando otro partido. Aún así, estaba más preparado que Trump y tenía experiencia en la Administración. Se parecen en que también era proteccionista y quería recuperar la grandeza de América”.

Aunque “el trumpismo empieza y acaba en Trump”, como asegura Carlota García Encina, habrá que ver si hay pulso entre Trump y su gabinete, y entre Trump y el partido que ha avalado su victoria tapándose la nariz. Los politólogos evocan el sistema de poderes y contrapoderes (check and balance) que funciona en EEUU. Aseguran que no es tan fácil hacer borrón y cuenta nueva. Con Trump al mando, a quien sólo le motiva conseguir imposibles, el show acaba de empezar.