«Yo tengo la sensación de que los socialistas en España no nos hemos enterado de lo que ha pasado el 25 de mayo: el PSOE obtuvo el peor resultado en la historia en la democracia. Y llevamos varias semanas mirándonos el ombligo, hablando de nosotros, y no de lo que le preocupa a la gente. Ese es el camino erróneo». «Yo espero que de aquí a finales del mes de julio seamos capaces de hacerlo también en España». «Cuando los ciudadanos nos miran y no nos reconocen, es que no estamos actuando bien».

Susana Díaz podría haber hecho estas declaraciones ayer en Ayamonte durante la inauguración de una Casa del Pueblo del PSOE. De hecho, hizo unas muy similares. Pero esas palabras las dijo el 10 de junio de 2014, cuando anunció que no se presentaría a las primarias del PSOE frente a Eduardo Madina y Pedro Sánchez, que esperó a la retirada de la baronesa para lanzar su candidatura y lograr así su apoyo para frenar al diputado vasco, entonces principal adversario de la sevillana.

Madina se presentaba como el candidato de las bases, frente a un Sánchez apoyado por los barones y la dirigente más poderosa del partido. «Lo que espero es que haya libertad entre los militantes. Este será un congreso histórico, porque por vez primera en los 130 años de historia los afiliados elegirán al secretario general», aseguraba Madina, que era miembro de la Ejecutiva de Alfredo Pérez Rubalcaba.

El entonces secretario general del grupo socialista en el Congreso era el candidato favorito de la militancia, según el III Barómetro de Bases, un sondeo realizado a través de internet por un grupo de militantes de ‘Bases Madrid’. Un 41% de los entrevistados prefería a Eduardo Madina, frente al 22% que se decantaba por José Antonio Pérez Tapias y el 10% que apoyaba a Pedro Sánchez. Éste último fue finalmente el elegido tras el abrumador apoyo que recibió del aparato andaluz y sus federaciones aliadas.

Dos años y medio después, Susana Díaz vuelve a esa casilla de salida. Como entonces, un secretario general saliente (Rubalcaba en 2014 y Pedro Sánchez en 2016) abría paso a unas primarias para elegir al nuevo líder del partido. Como entonces, Díaz se enfrentaba a un candidato «de la militancia», que no arriesgaba nada. Ella, por el contrario, ponía en peligro su posición como secretaria general del PSOE-A si perdía, y como presidenta de la Junta si ganaba, ya que debería abandonar el cargo. Como entonces, Susana Díaz sigue deshojando la margarita.

La vuelta de Pedro Sánchez convertido en un «icono» -según sus rivales- dificulta enormemente la candidatura de Díaz. Los casi 2.000 asistentes al mitin de Dos Hermanas prácticamente llevaron en volandas al ex diputado madrileño hasta anunciar su candidatura. El enfado de las bases con la Gestora y las ganas de plantarle cara en las primarias eran mucho más patentes y entusiastas entre los asistentes, que en el propio Sánchez y su reducido equipo.

En el PSOE-A admiten el pulso a ambas ejecutivas, pero lo consideran justificado. «Han sido dos liderazgos fallidos, como el de Almunia»

Por segunda vez, un intruso imprevisto dinamita la cuidada hoja de ruta de la presidenta hacia Ferraz. Precisamente el empeño de Díaz desde hace años por hacerse con el partido a nivel federal ha llevado a buena parte de los barones y referentes del PSOE a apoyar su candidatura. «No habrá paz en el PSOE hasta que mande Susana», aseguran destacados miembros del sector crítico, que han sufrido las acometidas de la Ejecutiva andaluza desde que Alfredo Pérez Rubalcaba le ganó el congreso federal de febrero de 2012.

Entonces, Díaz era la principal valedora orgánica de la candidatura de Carmen Chacón, que le había prometido el cargo de número 2 del partido. La noche antes de la votación, Díaz le garantizó a Chacón en la habitación de su hotel una victoria segura. Perdieron por 22 votos frente a Rubalcaba.

Dos años después, tras las europeas de mayo de 2014, Díaz forzó la salida de Rubalcaba con la advertencia de imponerle una Gestora. Cinco años después, cumplió esa amenaza pero sobre un nuevo secretario general, Pedro Sánchez, al que ella misma había aupado hasta el puesto. «No habrá paz hasta que ella logre el mando. Al nuevo secretario general, si no es ella, le volverá a hacer la vida imposible», aseguran sus adversarios.

Por este motivo, explican, desde Rubalcaba hasta los barones territoriales han aceptado que sólo si Susana Díaz es la secretaria general se acabará con la división interna que sufre el partido desde 2012. «Se han rendido», afirman.

En el PSOE-A, no obstante, ven la situación muy diferente. Admiten el pulso a ambas ejecutivas durante los dos últimos años, pero lo consideran justificados. «Han sido dos liderazgos fallidos, como el de Almunia», explican. Por lo tanto, había que retirarlos.

En ese contexto, el PSOE vuelve a la casilla de salida de 2012 y 2014 igual de dividido o más. Las formas empleadas para derribar a Sánchez y la abstención en la investidura de Mariano Rajoy han levantado una auténtica indignación entre las bases y las agrupaciones socialistas viven momentos de tensión, crispación y enfrentamientos.

La victoria de Sánchez o Díaz mantendrá viva esa situación de fractura interna. Por ese motivo, la candidatura de Patxi López se presenta como el mal menor, como la única opción de acabar con esos enfrentamientos viscerales. No obstante, el ex lehendakari es consciente de la dificultad de levantar un proyecto no como propio, sino percibido como la oposición a otro.