Pablo Iglesias sí o Pablo Iglesias no. El secretario general de Podemos se esfuerza estos días en ser el foco del debate, más allá de las diferencias políticas que guarda con Iñigo Errejón y pese a la insistencia de su número dos en no disputarle el liderazgo en el partido. El último movimiento, el de encabezar la lista al Consejo Ciudadano Estatal además de su candidatura a la Secretaría General, ha sido su forma para establecer un marco claro de comparación entre ambos liderazgos. Iglesias abona desde hace semanas el terreno de Vistalegre II para convertirlo en un campo de batalla. La polarización como estrategia política juega a su favor.

El último mes ha estado sembrado de episodios que marcan una constante: la disposición del actual líder del partido a marcar una línea clara en Podemos. Una frontera que no deja lugar a espacios intermedios y que deja fuera a quienes intentan ocupar ese espacio, como le sucedió a Carolina Bescansa. O conmigo o contra mí. El arrastre del  que goza Iglesias, la figura central en el partido de su nacimiento, juega a su favor en la dinámica de dos bandos, mientras que el secretario político, Iñigo Errejón, trata de neutralizar la apuesta de su secretario general por plantear dos partes enfrentadas. Frente a la imagen más agresiva que Iglesias quiere transmitir estos días, Errejón rata de minimizar esta división y busca aplacar los ánimos reafirmando su lealtad y con un perfil moderado que, en un entorno bélico, tiene el papel perdedor.

Iglesias está repitiendo el mismo mensaje: Vistalegre será un duelo entre «dos equipos, dos liderazgos y dos ideas»

En tres intervenciones públicas a lo largo de este jueves, Iglesias ha repetido el mismo mensaje: Vistalegre será un duelo entre «dos equipos, dos liderazgos y dos ideas». Un planteamiento del que Iglesias sale favorecido gracias al efecto arrastre de quienes le ven amenazado y, con él, ven amenazada también la continuidad de un partido joven que no ha acabado de encontrar un punto de equilibrio. Errejón trata de aplacar esta llamada a la división reafirmando su lealtad al secretario general e insistiendo, en cada una de sus intervenciones, en la unidad que habrá de imperar después de la Asamblea Estatal.

El intento de Iglesias por polarizar el cónclave va confirmándose conforme avanzan los acontecimientos. Desde primeros de semana, Errejón y su candidatura, Recuperar la Ilusión, venían anunciando un acto el sábado a media mañana en la capital. El jueves por la tarde, el equipo de Iglesias, Podemos Para Todas, decidió organizar otro acto la misma mañana del sábado -una hora y media antes-, también en Madrid. Esta contraprogramación es un síntoma de la voluntad del líder de Podemos -así lo valoran desde el sector de los afines a Errejón- de recoger el voto en Vistalegre del sector de inscritos más radicalizados, que defienden el liderazgo de Iglesias por encima de su tesis política u organizativa.

Este intento de polarización comenzó a fraguarse en octubre de 2016, cuando el entorno de Iglesias -por entonces no enmarcado aún en ninguna candidatura- lanzó la iniciativa Vamos!, un programa con la finalidad de incentivar la movilización social. Lo hizo justo cuando el área de Participación de Podemos, más afín  de Errejón, preparaba Hacemos. Este programa que se lleva a cabo en Podemos desde los comienzos de la formación e incluye el concurso Impulsa, con el que donan a distintos proyectos sociales los fondos obtenidos del excedente de sueldo de todos los cargos públicos de Podemos. La gala de entrega de estos fondos, celebrada esta semana, evidenció la división en el seno del partido, después de que los dirigentes cercanos a Iglesias declinaran asistir al acto, según confirman fuentes de organización, algo que ha sido visto como un intento de convertir un proyecto de todos en sólo de una parte.