El comisario Marcelino Martín-Blas mantuvo ante el juez que instruye el caso Pujol que el desencadenante de su enemistad con el ex número dos de la Policía Nacional Eugenio Pino fue la detención de Francisco Nicolás Gómez Iglesias -conocido como el pequeño Nicolás- y la posterior investigación de la grabación y difusión de una reunión con agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) en el marco de la comisión judicial que él dirige, en la que llegó a pedir la imputación de su antiguo jefe.

Ésta es la explicación que ofreció el ex responsable de la Unidad de Asuntos Internos de la Policía cuando el abogado del Estado le preguntó el pasado 17 de febrero a qué achacaba que Eugenio Pino hubiera presentado un escrito en el Juzgado Central 5 de la Audiencia Nacional el pasado 3 de noviembre en el que relataba que Martín-Blas le explicó «en su día» que detectives de la agencia de investigación Método 3 «le entregaron un dispositivo USB» que contenía «información sobre ciertas actividades de dudosa legalidad». El juez José de la Mata investiga el origen de ese pendrive para determinar si incluía datos utilizados en un informe policial sobre el patrimonio de la familia Pujol a fin de evitar que pueda estar contaminada parte de la instrucción judicial, motivo por el que lo citó a declarar como testigo.

La detención del pequeño Nicolás por hacerse pasar como emisario de la Vicepresidencia del Gobierno y de la Casa del Rey tuvo lugar el 14 de octubre de 2014. «Desde el día 17, el infierno mediático cayó sobre mí, cuestionaron la intervención de la Unidad de Asuntos Internos Internos para detener a este muchacho, la prensa me cesaba cada día…», narró el comisario.

Martín-Blas desveló que, antes de que fuera destituido como jefe de Asuntos Internos el 26 de marzo de 2015, el juez que instruye el caso del pequeño Nicolás ya le llamó para conocer si lo habían cesado. Volvió a entrar en contacto con él cuando ya había salido de esa unidad para ofrecerle que se incorporara a una comisión judicial que investigara esta causa, en la que continúa casi dos años después.

Dirán lo que quieran; no seáis tontos, no existe el pendrive», le dijo a otros dos mandos en 2016

El comisario asegura que habló tanto con el director general de la Policía, Ignacio Cosidó, como con el entonces Director Adjunto Operativo (DAO), Eugenio Pino, para informarles de que había sido reclamado por el juez Arturo Zamarriego. «Desde ahí, la relación fue más tensa, rayando en lo ridículo», añadió.

Martín-Blas indicó que, en la investigación de la grabación y difusión de la reunión mantenida en su despacho entre policías y agentes del CNI el 20 de octubre de 2014, analizó el tráfico de llamadas y la única que «había entrado en el entorno de esa reunión a esa hora y ese día» procedía de un periodista del diario digital Información Sensible, medio vinculado al grupo accionarial del comisario José Manuel Villarejo.

Con Villarejo ya mantenía desencuentros desde que se instruyó el caso Gao Ping, después de que Martín-Blas hubiera intentado implicarlo a él y a su hijo. La enemistad se agravaría después de que el comisario que lidera el comando Marcelino lo identificara erróneamente como la persona que aparecía junto a Francisco Nicolás Gómez Iglesias en el parque del Canal en un informe enviado al juzgado que instruye el caso.

El último episodio del desencuentro tuvo lugar en vísperas del pasado verano, cuando, en un informe presentado al juez que investiga la causa, pidió que citara a declarar como investigados tanto a Eugenio Pino como a José Manuel Villarejo por su participación en la grabación y difusión de la citada reunión. «El infierno que se había desatado se multiplicó por 200», enfatizó.

 

Además de exponer su tesis sobre los motivos que habrían llevado a Pino a presentar un escrito en la Audiencia Nacional que le vinculada al episodio del pendrive, Martín-Blas negó la versión ofrecida por su antiguo jefe y dijo que es «rigurosamente falso» que hubiera entregado un dispositivo USB a Pino, que hubiera comentado con él el contenido de este soporte informático, que le hubiera dicho que había archivos encriptados y que hubiera recibido órdenes sobre lo que tenía que hacer.

A preguntas del juez De la Mata, Martín-Blas desveló una reunión que mantuvo en julio de 2016 con el entonces comisario general de Policía Judicial, José Santiago Sánchez Aparicio, y con el jefe accidental de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía, José Manuel García Catalán, en la que le hablaron de la existencia de un pendrive con información relativa a la familia Pujol. «Dirán lo que quieran pero es que no hay, no existe; no seáis tontos, no existe», asegura que les contestó a los citados mandos.

El juez del ‘caso Nicolás’ se interesó por él antes de que lo cesaran como jefe de Asuntos Internos

Martín-Blas reconoció haber mantenido varios encuentros con los ex detectives de Método 3 Antonio Tamarit y Julián Peribáñez, que le aportaron información. Según él, fueron comunicaciones «verbales» y los únicos papeles que le entregaron los incluyó como anexos a un informe que elaboró y remitió a la Fiscalía Anticorrupción ante la sospecha de que «policías de la UDEF podrían haber facilitado información a los detectives de Método 3». «De ahí salió no sólo que había una relación maliciosa entre Método 3 y policías de la UDEF sino que había indicios de blanqueo de capitales», añadió el comisario, que negó reiteradamente que los citados detectives le hubieran entregado algún soporte informático.

Durante el interrogatorio, Martín-Blas detalla dos intentos de Eugenio Pino de acercarse a él, utilizando para ello como intermediario al jefe de seguridad de la Audiencia Nacional. El primero fue el 28 de octubre, cuando Pino quería explicarle que iba a presentar un escrito al juez De la Mata dando detalles sobre la procedencia del pendrive. La segunda tuvo lugar días antes de declarar y de desdecirse parcialmente ante el juez de su propio escrito. «Creo que deberíamos hablar», le comenta a su antiguo subordinado. «Vamos a ver, hemos tenido una relación de afecto pero ahora no tenemos nada que hablar», le contestó Martín-Blas.