Europa ha medido en Holanda la pujanza de la amenaza populista, que encarna el líder del Partido de la Libertad (PVV), Geert Wilders. Y Holanda ha hablado en las urnas. No quiere experimentos. El Partido Liberal (VVD) del primer ministro, Mark Rutte, es el más votado, con 33 escaños (21,3%), seguido por el PVV de Wilders con 20 escaños (13,1%) y por los cristianodemócratas (CDA) con 19 diputados (12,5%) y los centristas del D66 con 19 también (12,%), según el recuento de 387 municipios de un total de 388.

En estas decisivas elecciones Rutte había pedido a los holandeses detener al “mal populismo”. “Después del Brexit… después de Trump, Holanda ha dicho no al peor tipo de populismo”, clamó un Rutte exultante. En Twitter, Wilders decía: “Rutte todavía no se ha librado de mí”. Los holandeses, tampoco, pero le han mostrado sus límites.

Wilders recupera cinco escaños desde 2012 y llega hasta los 20, por debajo de su récord de 24 diputados de 2010, y lejos de su aspiración de ser la primera fuerza política. Hace unos meses incluso se anticipaba que tendría 40 escaños. La gestión de la crisis con Turquía ha favorecido finalmente a Rutte, que se ha mostrado firme. Es significativo que los partidos europeístas como D66 o la Izquierda Verde han sido los que más han avanzado.

El primer ministro, camino de su tercer mandato, obtiene este codiciado primer puesto, pero el VVD pierde ocho escaños con respecto a las últimas elecciones. Rutte afirmó que los votantes habían entendido que Holanda es un país próspero, una de las historias de éxito en la UE, y aseguró que ahora su objetivo es buscar “un gobierno estable”.

Después del Brexit, después de Trump, Holanda ha dicho no al peor tipo de populismo”, clama Rutte

Con ánimo de celebración, dijo a sus seguidores: “Hoy festejaremos, pero mañana toca trabajar de nuevo por Holanda”. La canciller alemana, Angela Merkel, felicitó a Rutte por teléfono y se congratuló de seguir trabajando juntos por Europa. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, también mostró su satisfacción a Rutte y dijo que había sido “un voto a favor de Europa, un voto en contra de los extremismos”.

Los socios de Rutte en el gobierno, los laboristas del PvdA, han sufrido un severo batacazo al quedarse sólo con nueve diputados (5,7%) de los 38 que lograron en 2012. 29 se quedan en el camino en lo que supone el peor resultado de su historia. Pagan muy cara su participación en la gestión del gobierno de gran coalición. Son los grandes perdedores.

Emerge con fuerza la Izquierda Verde (GroenLinks), liderada por el jovencísimo Jesse Klaver, de 31 años, con 14 escaños (9%). Tenía sólo cuatro, así que gana 10, gracias sobre todo al apoyo de los más jóvenes. Klaver, el Trudeau holandés, de padre marroquí y madre de origen indonesio, es realmente el gran vencedor de la jornada electoral. “El populismo no ha vencido en Holanda”, clamaba Klaver ante sus entusiastas seguidores. Celebraron su éxito en Twitter haciendo un homenaje a la Rana Gustavo.

El centrista D66, liderado por Alexander Pechtold, ha ganado siete escaños. Pechtold fue contundente y se dirigió a franceses y alemanes, que también votan este año. “Con vistas a las elecciones francesas y alemanas, hemos enseñado que el populismo se puede parar: aquí lo hicimos”.

“El populismo no ha vencido en Holanda”, clamaba Jesse Klaver, líder de Izquierda Verde, que casi cuadriplica sus escaños

Para superar la mayoría de 76 escaños hacen falta hasta cuatro partidos. La coalición más probable sería de tres o cuatro formaciones liberal conservadores, encabezadas por el VVD de Rutte, junto a los cristianodemócratas, D66 y CU (cinco diputados). Enfrente tendrían a la izquierda renovada y liderada por el joven ecologista Jesse Klaver de GroenLinks (Izquierda Verde), que contrapone el mensaje de la esperanza al del miedo al que se aferran los populistas.

En este esquema Wilders ni siquiera sería quien abandere la oposición. Es significativo que el partido más votado, el de Rutte, supera ligeramente el 21% de los votos. El PVV de Wilders tiene un 13,1% de los apoyos. Los tres principales partidos apenas superan el 45% de los votos, lo que habla de partidos con un apoyo cada vez menor. Hasta 11 formaciones entran en el Parlamento.

“En Holanda nunca gana nadie”, como comentaba una fuente diplomática, en referencia a esta fragmentación y a la necesidad de consenso. Aunque haya ganadores y perdedores. Y no son curiosamente ni Rutte, que vence pero no convence, ni Wilders, lejos de ese anhelado primer puesto, si bien ha puesto el debate acerca de la identidad cultural sobre la mesa.

La participación, tradicionalmente alta en las elecciones en los Países Bajos, no defraudó las expectativas. En 2012 ya fue de un 74,6%. En 2017 ha sido del 80,4%, la mayor en 30 años. En Ámsterdam, por ejemplo, tuvieron que imprimirse 25.000 papeletas más a media tarde debido a la gran afluencia de votantes. Los holandeses votan en miércoles, fieles a la tradición calvinista que les lleva a respetar el descanso dominical.

Sea como sea, hay que tener en cuenta que los principales partidos políticos habían anunciado que no pactarían con Wilders porque asumen sus propuestas fuera de la ley. Wilders consideraba este denominado cinturón sanitario “un insulto a los votantes”, pero muchos creen que en realidad al líder del PVV no le interesa gobernar. Wilders insistió el miércoles que estaba dispuesto a negociar una coalición y, si no, formaría “una oposición fuerte”.

El gobierno saliente estaba formado por los liberales de Mark Rutte, que tenían 41 diputados, y los laboristas del PvdA, de Lodewijk Asscher, que contaban con 38 escaños. En el Parlamento (Tweede Kamer) se sientan 150 diputados y se necesita una mayoría de 76 para gobernar. Debido al sistema proporcional de única circunsripción, con un 0,67% de los votos se consigue un escaño. De ahí que tengan representación parlamentaria en esta ocasión el Partido Animalista (cinco escaños), los Mayores de 50 (cuatro), Denk, de la comunidad turca y marroquí (tres) o el Foro Euroescéptico de la Democracia (dos).

La formación de coaliciones está en nuestro ADN. Es una necesidad porque, si no, el país se hunde”

“La formación de coaliciones está en nuestro ADN. Es una necesidad porque, si no, el país se hunde, y es literal. Si no hubiéramos pactado cómo ganar terreno al mar, nos habríamos ido a pique. Tenemos la necesidad de cooperar”, explicaba Steven Adolf, periodista en Elsevier y la radio pública belga. Las conversaciones las conduce el llamado informador, ahora designado por el Parlamento, y antes número dos del consejo de asesores del rey.

El recuento se ha hecho de forma manual excepcionalmente debido a que Interior reconoció que el sistema era vulnerable tras registrarse el hackeo de los correos de un centenar de funcionarios y por el temor a injerencias del exterior. En ese sentido, sorprendió constatar cómo entre los donantes del Partido de la Libertad de Wilders figura David Horowitz, activista ultra de EEUU, que considera al dirigente holandés una especie de “héroe”.

Las elecciones han estado focalizadas en Geert Wilders, que se presentaba como un outsider aunque lleva casi 20 años como diputado, y blandía su agenda anti inmigración. “Espero que tengamos menos islam en Holanda. El islam no es compatible con la libertad. Es mi mensaje”, decía antes de conocerse los resultados. Su programa, que apenas ocupa un folio, propone la desislamización de Holanda, el cierre de las fronteras para impedir el paso de refugiados y la salida de la Unión Europea.

Según el informe Future of Europe del eurobarómetro de diciembre de 2016, el 88% de los holandeses están satisfechos de vivir en la UE. Son más partidarios de reformas y de que se cumplan las normas que de dejar el club comunitario. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, insistía el miércoles: “Holanda es Europa y Europa es Holanda”.

Holanda es Europa y Europa es Holanda”, insistía el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk

Los últimos días de la campaña en Holanda han sido excepcionales debido a la crisis con Turquía, que ha enrarecido el ambiente. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha llamado a las autoridades holandesas “nazis” y “fascistas” por no permitir que dos ministros turcos participar en un mitin en favor del referéndum con el que el presidente turco pretende reforzar su poder. Se da la circunstancia de que la legislación turca prohíbe hacer campaña en el exterior. Erdogan atribuyó a los holandeses la masacre de Srebrenica en su espiral de acusaciones.

El primer ministro, Mark Rutte, respondió con firmeza a las provocaciones de Erdogan, aunque Wilders le pedía ir más allá y expulsar al embajador turco. En el último debate con Wilders, Rutte le recordó que no es lo mismo gobernar que tuitear. Wilders, como Donald Trump, es muy aficionado a esta red social y prácticamente se comunica con sus seguidores por esta vía. Apenas comparece en público por razones de seguridad. Amenazado de muerte, vive bajo vigilancia las 24 horas del día y sólo ve a su mujer, una diplomática húngara, una vez a la semana.

“Cuando la gente busca liderazgo, me mira”, dijo Rutte en ese debate, en el que Wilders le acusó de incumplir sus promesas de 2012. “Ya nadie en Holanda te cree”, le replicó el líder del Partido de la Libertad (PVV).

Gobernar no es tuitear”, remarcó Rutte en el último debate electoral a Wilders

Rutte ha defendido claramente que quien vive en Holanda ha de adaptarse a las normas de vida del país. “Si rechazas este país, debes irte… actúa normal o vete”, dijo en una carta abierta a la población en la que defendía los valores de las libertades frente a “los que no quieren adaptarse”.

El mensaje de Rutte se ha transformado ante la pujanza del populismo de Wilders. “Es bueno que los partidos tradicionales traten de captar lo que siente la gente”, comentaba una fuente diplomática recientemente. Muchos atribuyen a Wilders haber planteado lo que antes era tabú. Hasta el Partido de los No Votantes, que lidera Bart Nijman, coincidía con Wilders en que “muchos ciudadanos no se sienten escuchados”. Este miércoles 15 de marzo se han hecho oír en las urnas.