El erdoganato empieza tambaleante. Recep Tayyip Erdogan (Estambul, 1954) ha logrado in extremis su duodécima victoria consecutiva en las urnas, la más significativa, porque le convierte en el primer jefe del Estado que regirá la nación bajo un sistema presidencialista que le dota de amplios poderes. Sin embargo, el sí (evet) a la reforma constitucional se ha impuesto de forma muy ajustada con un 51,41% de los votos al no (hayr) que cosechó un 48,59%, con el 99,97% de los votos escrutados, según resultados confirmados por la autoridad electoral. Una diferencia de 1,25 millones de votos en un país en el que estaban convocados a las urnas 55 millones.

La participación ha sido masiva, superior al 85%, muestra del gran interés de una votación que se interpreta como un plebiscito sobre la figura del presidente Erdogan, que se felicitó por esta «decisión histórica» y apeló a que se respetara dentro y fuera del país. El primer ministro, Binali Yildirim, señaló que la consulta demostraba que Turquía es «una sola nación». Una lectura singular del resultado.

Sin embargo, el principal partido de la oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP), acusó al consejo nacional electoral de favorecer al partido en el gobierno (AKP) al aceptar papeletas no selladas por la mesa y pedirá un recuento que podría llegar hasta el 60%. Su líder, Kemal Kilicdaroglu, cuestionó «la legitimidad» de la consulta. A su vez, el Partido de la Democracia de los Pueblos, prokurdo, también denunció manipulación y anunció que impugnará dos tercios de los votos en su cuenta de Twitter.

Dos partidos de la oposición denuncian manipulación electoral y van a impugnar los resultados

Erdogan vence pero no convence. La mitad de la sociedad turca le rechaza. La división del país queda patente sobre el mapa del país con un centro favorable a Erdogan y una periferia en contra. También es significativo que el no ha quedado por delante en las tres principales concentraciones urbanas del país: muy igualado en Estambul (51,35%) y Ankara (51,15%), y de forma nítida en Izmir (68,8%).

En una jornada en la que estaba prohibido hacer campaña electoral, Erdogan, al depositar su voto en un colegio electoral en Estambul, dijo: «Creo que nuestro pueblo, Dios lo quiera, decidirá abrir el camino hacia un mayor desarrollo. Creo en el sentido común democrático de mi pueblo».

«Una victoria ajustada del no será suficiente para estabilizar el país. Turquía no presenta condiciones para establecer un régimen absolutista. Esto quiere decir que no está todo perdido para la oposición social. Este tipo de derrota es desmoralizadora en parte, pero no es irreversible», afirmaba Erhan Kelesoglu, uno de los miles de académicos defenestrados por Erdogan tras el golpe de julio, ante la eventualidad de una victoria tan estrecha

Este referéndum ha dividido a la nación entre quienes defienden que los cambios sobre la Constitución de 1980, redactada por los militares tras el golpe, son esenciales para el progreso del país, y quienes creen que instaura un sistema presidencialista sin compensación de poderes (check and balances).

Erdogan y su Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) comparan el sistema con el estadounidense y el francés para justificar su implantación. Han argumentado que en Turquía ha habido 65 gobiernos en 94 años desde la creación de la República y que se precisa mayor estabilidad, pero se hace a costa de una concentración de poder en una sola persona sin precedentes.

«Ahora se va a constitucionalizar lo que ya está sucediendo en la práctica. Erdogan no estaba ejerciendo la presidencia de forma neutral y desde el palacio presidencial dirigía el país de forma autoritaria. El va a reforzar su idea de que su forma de gobernar cuenta con el respaldo popular. A partir de ahora van a desacreditar cualquier crítica diciendo que no respeta la voluntad popular», explicaba Eduard Soler, investigador experto en Turquía del CIDOB de Barcelona, poco antes de la consulta, al ser preguntado sobre la eventualidad de la victoria del sí.

El referéndum constitucional, una reforma que lleva años planteada pero sin ejecutarse, permitirá a Erdogan ejercer esa presidencia fuerte que viene poniendo en práctica desde la fracasada asonada militar del 15 de julio del año pasado. De acuerdo con el nuevo texto constitucional, el poder ejecutivo se concentra en el presidente, que nombrará vicepresidentes y ministros, podrá elegir a seis miembros del Alto Consejo de Jueces y Fiscales. Se elimina el puesto de primer ministro.

También el presidente decidirá sobre el estado de emergencia, aunque se someterá la cuestión al Parlamento. Aumenta el número de diputados de la Asamblea a 600 y ejercerá el poder legislativo aunque el presidente también podrá promulgar decretos. Con tres quintas partes de los diputados se puede promover una investigación del presidente.

Se celebrarán elecciones legislativas y presidenciales (serían cada cinco años y siempre a la vez) en noviembre de 2019. El presidente, que deja de ser neutral y puede liderar un partido político, tiene posibilidad de ser elegido por dos periodos consecutivos, de modo que Erdogan se mantendría en el poder hasta 2029 de seguir su racha victoriosa.

Erdogan podrá presentarse a dos mandatos consecutivos a partir de 2019 y ser presidente hasta 2029

La lectura europea es pesimista. Como explica Asli Aydintasbas, investigadora en el European Council of Foreign Relations (ECFR), «la Comisión de Venecia ha estudiado las enmiendas y ha dictaminado que crean un régimen unipersonal encaminado al autoritarismo. La UE, aunque quiera evitar el choque de trenes con Erdogan, tampoco puede ignorar este diagnóstico. Por ese camino, de autoritarismo, introspección, anti occidentalismo, seguirá teniendo problemas con Europa».

La furia de Erdogan contra la canciller Merkel y el primer ministro holandés, Mark Rutte, a quien llegó a llamar «nazi» por impedir mítines de sus ministros en su territorio, habla mucho de cómo el presidente turco se aparta de la senda europea.

Para Soler, «las relaciones de Turquía con la UE continuarán marcadas por la tensión… En estos momentos ya no estamos hablando de si Turquía va a reabrir las negociaciones de adhesión sino de si está en riesgo el actual nivel de cooperación entre Turquía y la UE».

El gobierno ha desplegado medio millón de miembros de fuerzas de seguridad por las amenazas del autoproclamado Estado Islámico de sacudir la jornada electoral con ataques terroristas. La noche antes del referéndum el grupo guerrillero kurdo PKK atacó un convoy del partido del gobierno. En Diyarbakir, de mayoría kurda, murieron dos personas en una discusión en un colegio electoral.

Erdogan vence en las urnas por duodécima vez desde 2002, pero no convence a la mitad del electorado

En los últimos 15 años Erdogan ha participado en 11 elecciones (cinco legislativas, dos referéndum, tres locales y una presidencial y las ha ganado todas. También la duodécima, esta consulta del domingo, aunque por la mínima, pese a contar con todos los medios a su favor.

El sueño de Erdogan, que podría estar a su alcance tras vencer en el referéndum, sería trascender la figura de Mustafa Kemal, Atatürk, padre de la Turquía moderna. Mientras Atatürk miraba a Occidente y la secularización de la sociedad turca, Erdogan sueña con una Turquía orgullosa de su tradición musulmana.  La asonada militar del 15 de julio de 2016, que fracasó en pocas horas, es el acontecimiento que Erdogan presenta como el acto heroico equiparable a la  Galípoli de Atatürk.

El plan golpista fracasó, Erdogan sobrevivió y llamó a la población a salir a las calles en su apoyo. Decenas de miles acuden en defensa de «la república y la democracia». Murieron unas 250 personas y 1.500 resultaron heridas. Más de 10.000 personas fueron detenidas, la mayoría militares, y se desencadenó una purga que parece interminable y que ha afectado a gran parte de la sociedad civil. Decenas de miles de académicos, funcionarios, policías… fueron defenestrados. Unos 150 medios de comunicación críticos se cerraron y más de un centenar de periodistas están encarcelados.

Erdogan culpó del golpe a su antiguo aliado Fethullah Gülen, clérigo musulmán fundador de una cofradía llamada Hizmet (el servicio), exiliado en EEUU. Apresó a todo aquel sospechoso de ser gulenista, pero muchas veces una mera denuncia sin más confirmación servía para desencadenar un proceso judicial. Una decena de rivales políticos, entre ellos el líder del Partido Democrático de los Pueblos (HDP), Selahattin Dermitas, también están entre rejas.

La campaña del ‘no’ tenía una visibilidad cero: sin líderes, sin financiación y sin presencia pública», dice Asli Aydintasbas

Para lograr la victoria Erdogan ha contado a su favor con toda la maquinaria del Estado, que se hace patente en los minutos en televisión de los diversos partidos. Hasta el 30 de marzo el AKP de Erdogan contaba con 4.113 minutos en antena, mientras que el Partido Republicano del Pueblo (CHP), con un 25% del voto en las pasadas elecciones, apenas 216 minutos. Los kurdos del HDP apenas llegaron al minuto. CHP y HDP apoyan el no en el referéndum y durante la campaña les han tildado de «terroristas».

«La campaña del no tenía una visibilidad cero. Sin líderes, sin financiación y sin presencia pública», afirmaba Aydintasbas. La sociedad turca está profundamente dividida. «Turquía es mucho más que Erdogan», señalaba Eduard Soler. Pero de momento se impone el erdoganato por la mínima frente a una oposición que resiste aunque aún no haya logrado vencer.