La batalla por la secretaría general del PSOE se calienta a medida que se acerca el primer y único debate que los tres candidatos librarán este lunes, antes de la votación definitiva del próximo domingo. Pedro Sánchez, Susana Díaz y Patxi López confrontarán sus proyectos entre reproches comunes. Sánchez basará su discurso en la abstención favorecida por la presidenta andaluza y en la defensa del “no es no”. López tratará de erigirse como el moderado capaz de unir a dos bandos irreconciliables. Díaz, por su parte, subrayará las contradicciones que a su juicio han marcado el recorrido político del ex secretario general desde las elecciones del 20-D hasta su resurrección tras el descabalgamiento en el Comité Federal de octubre del 2016.

La presidenta de la Junta ha dedicado los últimos días a hacer calar ese mensaje. Este viernes, sin ir más lejos, se refirió a los “vaivenes” de Pedro Sánchez respecto a la identidad nacional catalana y sostuvo que ella, a diferencia de su rival, “lo que diga hoy” lo mantiene “la semana que viene”. Díaz no está sola en esa batalla, sino que ha movilizado a sus barones afines para transmitir la misma idea. “Peor que ir en la dirección equivocada es cambiar de dirección en función de los acontecimientos”, subrayó ese mismo día el presidente extremeño Guillermo Fernández Vara en una entrevista concedida a la Cadena SER.

El susanismo se marca como objetivo subrayar la temporalidad de los argumentos de Sánchez, hasta el punto de que el presidente de Extremadura llegó a manifestar este viernes que “los cambios de criterio están en su ADN y en su trayectoria”. En relación a Cataluña, apuntan en este sentido al juego dialéctico que Sánchez ha mantenido en los últimos meses como estrategia de acercamiento al PSC, en pleno proceso de primarias.

Para ilustrar estos bandazos, los simpatizantes de la presidenta andaluza señalan a la utilización por parte de Sánchez del término “nación”. Si en el primer borrador del proyecto del ex secretario general, así como en sus primeras apariciones oficiales de campaña, se refería a Cataluña como “nación de naciones”, tras el debate sobre las más de 100.000 enmiendas recibidas ese concepto ha quedado rebajado a “nación cultural”, sin aclarar especialmente su contenido, pero deslizando que implicaría una potencial modificación en el artículo 2 de la Constitución.

Los críticos del ex candidato socialista le acusan de oportunismo y de cambiar sus mensajes en función del escenario. En Barcelona, Sánchez se refirió hace semanas al Estado plurinacional. En Madrid, su mensaje se relaja mucho más. Contra esa disociación, la propia Susana Díaz reclama como propio el valor de la unidad de discurso. “Diré siempre la verdad en esta cuestión, y no cambiando porque haya un proceso de primarias, un proceso electoral o porque me encuentre en un rincón u otro de España”, lanzó la presidenta andaluza el viernes, esta vez sin citar directamente a su rival.

El otro frente de batalla en este sentido es la relación entre el PSOE y Podemos, que ya propició en octubre la crisis que acabó con Sánchez fuera de la secretaría general, después de que se airease su intención de llegar a un acuerdo con Podemos y las fuerzas nacionalistas presentes en el Congreso para propiciar un gobierno alternativo al del PP y Mariano Rajoy.

El susanismo se marca como objetivo subrayar la temporalidad de los argumentos de Sánchez

Ya entonces, los principales ataques a Sánchez procedieron de la hemeroteca, creada por él mismo. En septiembre de 2014, sin ir más lejos, el entonces secretario general garantizó “rotundamente” ante el Instituto de Empresa Familiar (IEF) que el PSOE y Podemos no pactarían. “Podemos no encaja en mi programa. No podemos pactar con los que amenazan el Estado del Bienestar”, aseguró, antes de reiterar en numerosas entrevistas concedidas en aquellas fechas que el PSOE “no pactaría con el populismo, ni antes ni después”.

Dos años más tarde, tras ser desalojado de la secretaría general en el Comité Federal de octubre, Sánchez anunció su camino de vuelta en una entrevista en el programa Salvados en la que asumió que su estrategia inicial había sido errónea. “Me equivoqué al tachar a Podemos de populista, el PSOE tiene que trabajar codo con codo con ellos”, admitió, reforzando el mensaje de que el camino futuro del socialismo debía ser el de liderar una alianza de izquierdas que consiguiese desbancar al PP, toda vez que Ciudadanos y Podemos se han esforzado en escenificar su antagonismo en numerosas ocasiones.

El asunto fue una de las principales fuentes de tensión entre Sánchez y los barones contrarios a él, aunque también ha quedado rebajado en el documento definitivo de propuestas del candidato a las primarias. Si en el original aparecía la referencia a una “alianza de progreso” entre las fuerzas de izquierda y los sectores sindicales, la redacción definitiva lo matiza hasta el punto de reclamar la “autonomía del proyecto” y la “voluntad de los socialistas españoles de ser la fuerza de la izquierda que puede ofrecer una alternativa real de gobierno, sin paseos en un autobús que luego se estropea, ni números de circo”, como declaró en su presentación José Félix Tezanos, uno de los más próximos colaboradores a Sánchez.

Con ese mensaje, virulento, el equipo de Sánchez pretendía distanciarse de la moción de censura planteada por Podemos y que la formación de Pablo Iglesias pretendía revitalizar si el ex secretario general se impone en las primarias del 21 de mayo. Entre otras cosas, porque fue el propio Sánchez quien dejó esa puerta abierta cuando afirmó, tras su presentación, que en política “no hay que descartar nada”, aunque ahora no lo haga, y aunque no se sepa si lo hará el día 22.