Reina y rey de corazones socialistas. Llega el final de la partida. Desde el 1 de octubre de 2016, y tras varias caras de póker, se han sucedido acontecimientos más o menos esperados, de entre los que destaca el resurgir de un Pedro Sánchez sostenido por las bases.

Mucho ha llovido desde sus dos dimisiones, primero como secretario general del PSOE; después, como parlamentario para poder defender su NO es NO en la segunda investidura de Rajoy. Apoyado, justamente, es ese NO, inició su periplo por las agrupaciones locales para convencer de que, el otrora secretario general, podía considerarse nueva política. Y que podía plantar cara a su ejecutora, Susana Díaz.

La líder andaluza no se dio prisa. La gestora esperó a poner fecha en el calendario para el 39 Congreso del PSOE. Antes tuvo que llegar al tapete Patxi López; con el riesgo de apocalipsis por discurso y con un tono de conciliación. El hombre que sí podía coser el partido, parafraseando a Díaz. Discreto jugador, no llevaba las mejores cartas.

La presidenta de Andalucía dio el paso en Madrid. Lo hizo semanas después de que Sánchez lanzase su órdago en la provincia de Sevilla. Baño de masas para Díaz. Olor a años ochenta: 100% PSOE de la mano de Felipe, Guerra, Zapatero… y el eterno comodín: Madina, autor de la ponencia política y, en esencia, de la base de su programa.

Tras la guerra por los avales, las espadas en todo lo alto en el debate a tres entre los candidatos cierra esta campaña. Dijo Susana Díaz que si no mejoraba los resultados electorales se iría sin ruido. ¿A qué sonarán las urnas socialistas este domingo?