El próximo martes, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, volverá a Barcelona para inaugurar el Salón Internacional de Logística (SIL). Lo hará coincidiendo con la anunciada reunión del Pacto Nacional del Referéndum en la que el Gobierno de la Generalitat espera sumar a los comunes a su convocatoria unilateral de referéndum, tras el fiasco del pasado lunes. Coincidiendo, por tanto, con el entierro definitivo de la Operación Diálogo con la que la vicepresidenta tomó las riendas de la carpeta catalana hace apenas medio año.

Tras un inicio fulgurante, con la toma de posesión del nuevo delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo, la vicepresidenta del Gobierno ha mantenido una presencia casi semanal en Cataluña, con un discurso siempre conciliador que se rompió abruptamente el pasado lunes. Ese día, Sáenz de Santamaría reapareció en la sala de prensa de Moncloa oficialmente para anunciar allí el acuerdo de los Presupuestos de 2017, aunque lo que quedó de su discurso fue la dura invectiva contra el Gobierno de Carles Puigdemont y su alianza con la CUP.

Un discurso que sólo captó en Cataluña la atención de la CUP, indignada por su “criminalización”, pero le permitió recuperar su papel de garante de la legalidad ante el envite independentista. Fracasados los intentos de conciliación que en los últimos meses se han vehiculado básicamente a través del vicepresidente catalán, Oriol Junqueras, Santamaría pareció aprovechar esa comparecencia para recordar que sigue al frente de la Brigada Aranzadi.

Despacho en Barcelona

No era ese el horizonte que la vicepresidenta imaginó el pasado 21 de noviembre cuando ofició de maestra de ceremonias en la toma de posesión de Millo, al que presentó como sus «ojos, oídos, mano derecha e izquierda» en Cataluña y anunció su intención de tener una presencia constante en esta comunidad, que se manifestaría en la habilitación de un despacho en el Palau Montaner de Barcelona, sede de la Delegación.

De las dificultades de su empeño dio muestra el hecho de que la primera ronda de contactos fuera con los líderes de la oposición en Cataluña, Inés Arrimadas (C’s) y Miquel Iceta (PSC), en su siguiente visita a Cataluña tras la reunión del Consejo de Ministros.

Aunque las alarmas saltaron realmente cuando se frustró la reunión discreta que Santamaría y el vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, debían mantener en Barcelona en enero, como respuesta a la petición publicitada meses antes por Junqueras. El encuentro fue filtrado desde la presidencia de la Generalitat, y la prensa a las puertas de la Conselleria de Economía convirtió lo que debía ser un encuentro de trabajo para acercar posturas en una nueva escenificación de las diferencias.

En un momento en el que Puigdemont esperaba infructuosamente cita oficial en la Moncloa, desde Presidencia de la Generalitat se veía cada vez con mayor incomodidad la creciente sintonía entre Santamaría y Junqueras.

La imagen gráfica de esa proximidad se produjo el 27 de febrero. Ese día, Soraya y Junqueras se convierten en inesperados protagonistas de la inauguración del Mobile World Congress en Barcelona por la sintonía exhibida en un acto presidido por el Rey en el que también participan Carles Puigdemont y Carme Forcadell.

Pero más allá de esa fotografías y actos inaugurales, la Operación de Diálogo de la vicepresidenta ha tenido más eco en la llamada sociedad civil catalana que en la Generalitat. En estos meses Sáenz de Santamaría ha compartido mesa y confidencias con organizaciones constitucionalistas, patronales, el foro puente aéreo y hasta el G16 catalán, un grupo de poder que reúne a las principales entidades económicas, culturales y deportivas barcelonesas. Desde el Ateneu Barcelonés o el Barça a Fomento del Trabajo o el Círculo Ecuestre. Un grupo que acoge desde las sensibilidades más soberanistas al constitucionalismo convencido, pero coincide a la hora de denunciar el déficit de inversiones en infraestructuras en Cataluña.

De hecho, ese ha sido el discurso recurrente con el que se encontró la vicepresidenta en buena parte de los encuentros y a eso intentó dar respuesta la conferencia de Mariano Rajoy el pasado 28 de marzo. Pero su prometido paquete de inversiones en infraestructuras resultó un compendio de promesas anteriores centradas en Cercanías y el Corredor Mediterráneo que, apenas una semana después, Cristóbal Montoro se encargó de poner en cuarentena con la presentación de los presupuestos.