Comienza la era Macron. Primero conquistó el Elíseo y ahora el movimiento que fundó hace apenas 14 meses, la rebautizada República En Marcha, desembarca en la Asamblea Nacional con una mayoría absoluta contundente. Ha logrado, junto a los centristas del MoDem, 350 del total de 577 escaños, según datos del Ministerio del Interior francés. Una abstención histórica de un 57,36% empaña esta excepcional victoria de Emmanuel Macron.

La participación fue de un 42,64% de los 47 millones de franceses convocados a votar, según el Ministerio del Interior. Es la más baja en unas elecciones legislativas desde que se proclamó la V República en 1958. “Muchos daban ya por jugado el partido en la primera vuelta y han considerado que no valía la pena votar ahora”, explica Laurent Neumann, editorialista político de la cadena BFMTV.

La República En Marcha, con una mayoría de candidatos representantes de la sociedad civil sin experiencia política, se ha llevado por delante el sistema de partidos tradicionales en Francia. Los Republicanos son el principal partido de una atomizada oposición en la Asamblea, donde contarán con 130 escaños. El revés es muy grave al perder casi 70 diputados pero no es la debacle socialista.

Macron desbarató a Los Republicanos con la designación de uno de los suyos, Edouard Philippe, como primer ministro. El titular de Economía, Bruno Le Maire, que ha obtenido gran apoyo en las urnas en estas legislativas, también es una destacada figura de los conservadores.

Los socialistas se hunden hasta lo más profundo con 33 escaños junto a aliados de izquierdas. Eran el grupo mayoritario en la Asamblea saliente con más de 300 diputados, junto a sus aliados. El quinquenato de François Hollande, un doloroso proceso de primarias, y el tsunami que ha encarnado Macron, ex ministro de Hollande, han dejado heridas profundas.

En primera ronda de las legislativas ya quedó desbancado Benoît Hamon, candidato a la Presidencia, y en segunda ronda el secretario general, Jean-Christophe Cambadélis, que presentó su dimisión nada más conocerse las primeras proyecciones. Según Cambadélis, «esta mayoría imponente de En Marcha no corresponde con la realidad del país».

Muy simbólica fue la lucha enconada entre el ex primer ministro Manuel Valls y la candidata de la Francia Insumisa Farida Amrani. Valls reivindicó la victoria en Evry por 139 votos. Sin embargo, la candidata rival va a reclamar un recuento. Valls aspiraba a ser candidato a la Presidencia y fue desbancado por Hamon. Intentó enrolarse en la República En Marcha pero le dejaron de lado, si bien decidieron no presentar un candidato en su contra.

El Frente Nacional, que sólo contaba con dos representantes, tendrá ocho diputados. Su líder, Marine Le Pen, cambiará Estrasburgo por París pero se queda lejos de contar con un grupo parlamentario (15 escaños). Es la primera vez que Marine Le Pen, con un 58,75% de los votos, se sentará en la Asamblea Nacional.

Le Pen criticó el sistema electoral, que penaliza la representación de su formación política. «Seremos una fuerza de resistencia del pueblo francés», clamó Le Pen, tan combativa como en la campaña presidencial. Su número dos, Florien Philippot, artífice de la desdiabolización del Frente Nacional, resultó derrotado. Otra novedad en la Asamblea será la presencia de tres diputados nacionalistas corsos.

Seremos una fuerza de resistencia del pueblo francés», dice Marine Le Pen, elegida por primera vez como diputada

La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon contará con 27 escaños. Tendrá un grupo parlamentario, lo que supone mayores ingresos y fuerza en el legislativo. «La abstención aplastante tiene un significado. Nuestro pueblo se ha expresado. Esta abstención implica una energía dispuesta al combate», señaló Mélenchon, que también prometió encarnar la resistencia social.  Mélenchon señaló que Macron «no tiene legitimidad para perpetrar el golpe de estado social».

Será por estos flancos, melenchonistas y lepenistas, por donde atacarán más fuerte a la mayoría republicana. Los conservadores tendrán difícil oponerse a políticas que comparten y los socialistas han de recomponerse del batacazo.

Desde el 23 de abril, cuando se celebró la primera vuelta de las elecciones presidenciales, los franceses votan casi domingo sí, domingo no para elegir primero a su presidente y ahora la Asamblea Nacional. Pocos preveían hace apenas dos meses el desenlace: la irrupción de Emmanuel Macron y su movimiento, la República En Marcha, como un tsunami en la V República. Sin embargo, en esta segunda vuelta, sólo han votado cuatro de cada 10 franceses. La abstención ha sido histórica, de un 57,36%. Mayor que en las europeas, salvo las de 2009.

El primer ministro, Edouard Philippe, lamentó la elevada abstención, que obliga a la mayoría presidencial «a la ejemplaridad», aunque destacó que la victoria es «clara». «Estamos obligados a no fracasar», aseguró. Según Philippe, «los franceses han preferido la esperanza a la ira».

“La abstención se explica por el agotamiento de los electores. Es como si Francia hubiera elegido un régimen totalmente presidencial y tuviera que confirmarlo una y otra vez.  Llevamos un año de campaña electoral desde las primarias de los candidatos presidenciales”, señala Yves Harté, editorialista del diario Sud-Ouest.

Estamos obligados a no fracasar», afirma el primer ministro, Edouard Philippe, sobre la elevada abstención

Para Ángel Rivero, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Madrid, la elevada abstención “no es una anomalía y señala la situación de mal menor con la que se contempla el programa de Macron”.

“Han sido los jóvenes partidarios de Mélenchon y de Le Pen, así como las clases populares, y habitantes de las periferias las que se han quedado en casa porque no querían decantarse ni por un macronista ni por un republicano”, señala Emmanuel Rivière del instituto Kantar Sofres en Le Figaro.

Pese a esta sombra, con este triunfo, Emmanuel Macron, a quien pocos en Francia reconocían hace apenas tres años, consolida su vertiginosa conquista del poder. Para sorpresa de muchos el ex ministro de Economía de Hollande llegó a la segunda vuelta contra Marine Le Pen, a quien derrotó el 7 de mayo. Aún menos auguraban que su partido político, la República En Marcha, dominaría la Asamblea Nacional hasta el punto de dejar convertida en pura anécdota a la oposición.

“Francia no es Rusia”, clamaba Mélenchon en una entrevista en la cadena Europe-1 el viernes. “Vamos a tener menos oposición que en Rusia”, declaraba el líder de la Izquierda Insumisa, preocupado por la concentración de poder en Macron. “Va a terminar creyendo que puede caminar sobre las aguas”, añadía, en alusión a la portada de The Economist.

Sin embargo, el partido de Macron, en el que confluyen miembros de la sociedad civil novatos en lides políticas y algunos experimentados de la izquierda y la derecha, puede salirse del guión establecido. Si bien los nuevos diputados han sido elegidos en gran parte por la marca Macron, ahora pueden actuar con más independencia, en teoría, que en las formaciones antiguas.

La nueva Asamblea Nacional será más joven, por debajo de los 50 años, y se feminizará con 223 mujeres, todo un récord. Muchas de ellas se incorporan como miembros del partido del presidente Emmanuel Macron, firme partidario de la paridad. El 75% de los diputados serán nuevos en esta legislatura, algo inédito.

“Será muy difícil mantener la disciplina en este  partido tan nuevo, con gente que viene de izquierda y de derecha. Contar con la mayoría absoluta le facilita la gobernabilidad, pero será complicado mantener la unidad”, dice Pierre Rousselin, ex director adjunto de Le Figaro.

Coincide con esta visión el politólogo Serge Calam, quien destaca en Politico que “por primera vez la Asamblea se compondrá de políticos individuales que tendrán una voz propia que emana del voto del pueblo y la ejercerán de acuerdo a su propia conciencia, sin alinearse por obligación con un bloque político”.

Sin embargo, Rousselin destaca cómo con apenas un 15% del electorado, con este sistema de votación y debido a la abstención, se puede controlar un 65% de la Asamblea. «No representa la situación política, es una imagen distorsionada», añade.

Está por ver cómo actuarán los nuevos diputados pero el presidente Emmanuel Macron cuenta con lo que buscaba, una mayoría presidencial para poner en marcha su plan de reformas. En breve se disolverá el gobierno y se volverá a formar sin grandes cambios, para lograr el visto bueno de la Asamblea. Los seis ministros que competían por un escaño, incluido el cuestionado Richard Ferrand, consiguieron su objetivo, así que en principio podrán mantener el puesto.

La Revolución Macron ha dejado de ser una visión teórica sobre cómo cambiar el sistema dentro del sistema para ser la hoja de ruta de uno de los presidentes con más poder de la V República.