El partido del presidente Emmanuel Macron va camino de hacer historia. Como ya lo hizo su fundador al conquistar el Elíseo el 7 de mayo tras una carrera fulgurante. La República En Marcha avanza imparable hacia la mayoría absoluta, con un 32,32% de los votos, lo que puede traducirse en más de 415 escaños de los 577 de la Asamblea Nacional, según los resultados de la primera vuelta de las elecciones legislativas. La bajísima participación, inferior al 50%, ensombrece, sin embargo, esta insólita victoria.

Tras una trayectoria excepcional y vertiginosa, la República En Marcha y su aliado centrista MoDem han conseguido 32,32% en la primera vuelta de las elecciones legislativas. Según las proyecciones, tendrán una mayoría aplastante, entre 415 y 455 diputados de los 577 de la Asamblea Nacional, una vez que se vote en la segunda vuelta el domingo 18 de junio. La mayoría se consigue con 289 representantes. Del cero al dominio total del poder legislativo en un tiempo récord.

Los Republicanos-UDI y otras fuerzas conservadoras aliadas cuentan con el 21,56% de los sufragios y serán la principal fuerza de la oposición con unos 100 diputados, con lo que perderán otro centenar de escaños. De quedar la Asamblea como se deduce de esta primera vuelta, la oposición en pleno apenas contaría con unos 170 escaños.

Los socialistas, tras el desastre de su candidato, Benoît Hamon en las presidenciales, cosechan otra debacle con un 9,51% y un máximo de una treintena de escaños. Contaban con casi 300 escaños de la Asamblea saliente. La derrota socialista tiene dimensiones históricas en la V República.

El presidente y el gobierno salientes eran socialistas. Muchos diputados y ministros socialistas han quedado desbancados, entre ellos el secretario general, Jean-Christophe Cambadélis, y el candidato presidencial Benoît Hamon. Del poder a la marginalidad parlamentaria, el camino contrario a la República En Marcha.

La Izquierda Insumisa, que lidera Jean-Luc Mélenchon, cuenta con el apoyo del 11,02%, entre ocho y 18 escaños. El Frente Nacional de Marine Le Pen conseguiría 13,2% de los votos, entre uno y cinco diputados y se quedaría sin grupo parlamentario. Quedarían los dos lejos de comandar la oposición, como era su objetivo, pero el Frente Nacional es la tercera fuerza en votos y la izquierda de Mélenchon supera a los socialistas en número de votos.

Sólo uno de cada dos franceses acude a las urnas en la primera vuelta de las legislativas con una participación históricamente baja

La participación ha sido de un 48,7%, muy por debajo de la primera vuelta de las legislativas de 2012, cuando se superó el 57,22%. Es decir, ha votado uno de cada dos franceses. Esta elevada abstención desvirtúa el triunfo del macronismo: en realidad, sólo 11 de cada 100 franceses han apoyado al partido ganador.

Los franceses parecen dar por hecha la victoria del partido del presidente y por ello la movilización ha sido menor que cuando se trataba de parar los pies a la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, hace un mes. Es una llamada de atención al presidente Macron de los electores, que parecen contemplar con frialdad su revolución.

Marine Le Pen advirtió sobre el riesgo que supone esta “catastrófica” abstención y apeló a que el electorado se movilice en la segunda vuelta el próximo domingo. “La República En Marcha va camino de absorber a los socialistas y a los republicanos”, dijo la líder del Frente Nacional.

Sin embargo, el primer ministro, Edouard Philippe, si bien apeló a acudir a las urnas el domingo próximo, dijo que “el mensaje de los franceses es claro con este apoyo al proyecto del presidente Macron”, que aseguró que se pondría en marcha en cuanto se constituya la Asamblea. “Francia ha vuelto”, concluyó.

Para el dirigente conservador Alain Juppé resulta crucial que en la segunda vuelta aumente la participación, con el fin de evitar “un parlamento monocolor”.

El politólogo Jean-Yves Dormagen ha declarado en Franceinfo que estas elecciones legislativas “se han planteado como una ratificación de las presidenciales, lo que contribuye a desvalorizarlas”. A ello se suma que la campaña ha sido “invisible”, según Le Monde, de un perfil muy bajo, con mítines poco concurridos y candidatos ignorados por los votantes.

La mayoría de los diputados serán elegidos en segunda vuelta porque se necesita más del 50% de los votos emitidos, y que representen a un 25% de los votos registrados, para ser elegido directamente en primera vuelta. Pasan a segunda ronda los ganadores y los que superen el 12,5%.

En segunda vuelta los candidatos de la República En Marcha se verán beneficiados por lo que llaman el “efecto parabrisas”.  Al competir con un candidato de izquierdas, serán los preferidos de los votantes conservadores, y en caso de que se enfrenten a un aspirante de derechas, serán los favoritos de quien suele optar por opciones progresistas. Es lo que permite anticipar un auténtico tsunami del macronismo en segunda vuelta,

La República En Marcha, que se creó en abril de 2016, ha apelado al voto para “dar la mayoría al presidente”

La República En Marcha, una formación totalmente nueva en la Asamblea Nacional pues se creó en abril de 2016, se ha presentado con el único lema de “dar la mayoría al presidente”. Hace un mes los analistas consideraban muy complicado que el presidente Macron se acercase a la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, dada la novedad de su formación. Pero nada parece fuera del alcance de este político excepcional bendecido por la suerte.

Macron necesita contar con el apoyo del Parlamento para poner en  marcha sus reformas económicas. La primera será la reforma laboral, que facilitará tanto la contratación como el despido, y que quiere tener lista en septiembre. La negociación con los sindicatos se prevé compleja y la contestación que no tendrá en la Asamblea Nacional se hará escuchar en las calles.

El argumento principal de la oposición en esta campaña de las legislativas ha sido reclamar el voto para “no dar todo el poder al poder” y recordar que “demasiado poder mata al poder”. En estos lemas coincidían tanto dirigentes de Los Republicanos como los socialistas.

La estrategia del presidente Macron ha fulminado a los partidos tradicionales. En este mes en el Elíseo se ha ganado a parte de los votantes de Los Republicanos al nombrar primer ministro al conservador Edouard Philippe, y en Economía, a Bruno Le Maire, quien ha logrado uno de los mejores resultados individuales de la jornada. Difícil hacer oposición a quienes coinciden en las políticas básicas.

Los seis ministros de la República En Marcha, que se juegan su continuidad en el cargo, han logrado superar la primera vuelta. El ministro de Cohesión Territorial, Richard Ferrand, pendiente de una investigación judicial por favorecer supuestamente negocios familiares, recibe así un espaldarazo popular gracias a sus buenos resultados en Finistère.

Ex ministro de Economía en el gobierno de Manuel Valls, y niño mimado del presidente François Hollande, Macron también ha dejado sin argumentos a los socialistas, desgastados tras el quinquenato en el poder. Macron de alguna forma continuará la labor que intentó emprender el gobierno de Hollande pero con mayor respaldo social. Valls, que fue rechazado por la República En Marcha, si bien no presentaron candidato alternativo en su circunscripción, pasa a la segunda vuelta, según France 2.

La renovación de la Asamblea va más allá de los partidos políticos y también es personal, debido a que la nueva ley de compatibilidades impide simultanear cargos a los políticos. Hasta un 40% de antiguos diputados no pueden renovar mandatos.

A su vez, la República En Marcha, rebautizada tras la victoria de Macron el 7 de mayo, ha presentado una mayoría de candidatos miembros de la sociedad civil y sin experiencia política previa.

El 60% de los franceses se declara satisfecho con el arranque del presidente Macron, quien ha destacado en la escena internacional por encabezar a los abanderados del Acuerdo sobre el Cambio Climático frente al plante del presidente de EEUU, Donald Trump, por ejemplo. Es una recuperación de la grandeur con los gestos. Además, está dotando a la Presidencia de un toque de pompa monárquico muy del gusto de los franceses.

De esta manera, todo hace prever que el domingo próximo culminará la revolución del macronismo, que aún es una incógnita. O puede ser lampedusiana , “si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie”, o una renovación versión 2.0 de los principios de “libertad, igualdad y fraternidad”.