Ha sido protagonista por partida doble en el acto conmemorativo del 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas celebrado este miércoles en el Congreso: como diputado de las Cortes Constituyentes y por la petición del grupo Unidos Podemos de que se le excluyera de este homenaje tanto por su supuesta responsabilidad en el asesinato de cinco obreros en Vitoria en marzo de 1976 -en su etapa de ministro de Relaciones Sindicales- como por conceder un año después la medalla al mérito policial al presunto torturador conocido como ‘Billy El Niño’.

Rodolfo Martín Villa (Santa María del Páramo, León, 1934), sobre el que una juez argentina dictó en octubre de 2014 una orden internacional de busca y captura en el marco de una causa por crímenes de lesa humanidad durante el franquismo, rechaza tener responsabilidad penal y reitera su disposición a acudir a Buenos Aires a declarar ante la juez Servini. En una breve conversación telefónica con El Independiente horas después del acto desarrollado en el Parlamento e instantes antes de reunirse con sus abogados, Martín Villa desvela que había intentado entregarle unos documentos a Pablo Iglesias que demostrarían su voluntad de declarar ante la juez argentina y sugiere que era más más fácil entenderse con el abuelo materno del hoy líder de Podemos que 40 años después con su nieto.

Pregunta.-¿Cómo ha encajado la petición de Unidos Podemos para que se le excluyera del acto de homenaje a las Cortes Constituyentes en el 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas?
Respuesta.-Más que con preocupación, lo he visto con cierta tristeza. A lo que parece, todo ha comenzado por una iniciativa del señor [Alberto] Garzón. Y digo que he sentido tristeza porque el señor Garzón es el líder de Izquierda Unida, la continuación histórica del Partido Comunista de España de Santiago Carrillo y cuya legalización firmé yo hace 40 años. No deja de ser chocante que sea a mí a quien se dirija el señor Garzón.

P.-¿Usted cree que Santiago Carrillo, de estar vivo, habría pedido también que no se le reconociera a usted?
R.-Seguro que no. Nos entendimos gente como yo con los abuelos de los de ahora. Ahora que los abuelos somos nosotros tendríamos que entendernos con los hijos de los de entonces.

No tengo responsabilidad penal por los sucesos de Vitoria; yo era responsable de las relaciones laborales»

P.-¿Qué responsabilidad tiene usted en el asesinato de cinco obreros en Vitoria en marzo de 1976 por disparos de la Policía?
R.-Ninguna, aunque eso compete al secreto del sumario. Ni siquiera yo en ese momento era el responsable de las fuerzas de seguridad…

P.-…era usted ministro de Relaciones Sindicales.
R.-Era el responsable de las relaciones laborales. En todo caso, como miembro del Gobierno, me considero responsable político de todo lo que sucedió en todos los gobiernos en los que yo estuve aunque hubiera sido ministro de Agricultura o de Asuntos Exteriores. Las responsabilidades políticas estoy dispuesto a aceptarlas, por eso pedí, una vez que se resolviera el tema jurídico, poder comparecer ante el Congreso de los Diputados. Responsabilidades públicas, las que se quieran; responsables penales, ninguna. Responsable de genocidio es una cosa inimaginable.

P.-¿Ha tenido ocasión de intercambiar impresiones con Pablo Iglesias en el acto de este miércoles en el Congreso?
R.-No, no he tenido oportunidad. Iba provisto de unos documentos que demuestran que llevo casi tres años intentando una sola cosa: poder declarar ante la juez argentina [María Servini, que investiga desde 2014 los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura franquista].

Estoy seguro de que Santiago Carrillo no habría pedido que se me excluyera del acto de homenaje en el Congreso»

P.-¿Qué le habría gustado decirle en ese eventual cara a cara?
R.-Me hubiera gustado entregarle dos documentos -una aclaración y la carta enviada a la juez argentina- y poder tener con él alguna conversación, pero no ha habido lugar. A lo mejor en otra ocasión. Yo he contado esta mañana que conocí hace 40 años a Don Manuel Turrión, diputado socialista y abuelo materno de Don Pablo Iglesias Turrión. Era más difícil en aquel entonces que yo me entendiera con el abuelo de Don Pablo Iglesias. Parece que hoy tendría que ser más sencillo entenderse, aunque con discrepancias, con Don Pablo Iglesias. Yo soy lo suficientemente ingenuo, a pesar del paso de los años, para pensar que eso es posible.

P.-¿Sentarse con Pablo Iglesias e intercambiar impresiones?
R.-No se le pueden poner puertas al campo. La política no es una ciencia y, en caso de serlo, no es exacta. Sólo puede uno ser uno exacto en los sentimiento y en los valores. Cada cosa tiene su solución.

P.-¿Por qué no se ha producido ya esa declaración ante la juez Servini?
R.-Cuando el 30 de octubre de 2014 dictó el auto inicial, dijo que me detuvieran para que por extradición me condujeran hasta ella y me tomara declaración. Pero el Gobierno español dijo que no a esa petición de extradición. Y luego cuando con acierto ella intentó la comisión rogatoria para venir a España, los jueces españoles también dijeron que no. Yo, si llego a ser miembro del Gobierno, también hubiera dicho que no en ese momento. Me es más difícil ponerme en la piel de un juez. En todo caso, yo nunca he querido protegerme por las decisiones españolas, fueran de jueces o de Gobierno. Para mí lo fundamental era hacer y parecer que no me quería recluir tras la protección de las decisiones españolas y que me podía a disposición de las leyes y de la Justicia argentinas. Hasta ahora no lo he logrado.

Estaba dispuesto a ir a Buenos Aires si tenía la seguridad de que no me detenían previamente, pero la juez se negó»

P.-¿Qué vía queda para que la juez Servini pueda al fin tormarle declaración?
R.-Una vez que fracasaron sus intentos de extradición y la comisión rogatoria, en el mes de noviembre le escribí una carta personal -a sabiendas de que no era un sistema habitual en los procedimientos judiciales- diciéndole que estaba dispuesto a ir a Buenos Aires. Y no ponía condiciones. Los abogados que me representan plantearon una posibilidad que era ir allí con la seguridad de que no iba a ser detenido previamente. A ello la juez también se ha negado y ahora estoy pendiente de un recurso ante la Cámara competente para entender de mi apelación que viene a ser lo que aquí es el Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Si me rechazan esa apelación acudiré al Tribunal Superior de la Argentina. Agotaré todas las posibilidades. Estoy más preocupado con el hecho de comparecer y de dar la cara que del buen resultado de esa comparecencia. Estoy tan seguro que no ha lugar vistos los autos de la juez y las declaraciones de todos… Yo puedo ser muchas cosas pero lo que no soy es un genocida.

P.-¿Qué quedaría claro, a su juicio, si se produjera esa comparecencia ante la instructora argentina?
R.-No soy en absoluto responsable de lo que se me acusa. En libertad, he renunciado a la protección que me podía dar la Ley de Amnístia española, he renunciado a la posibilidad de creer que estos delitos que se me imputan han prescrito por el tiempo y me he sometido a la legalidad de Argentina y a las decisiones de los jueces argentinos. Más no puedo hacer. Resulta un poco raro que, siendo ésta mi disposición, pasen los meses y los años y que me sea imposible declarar.