El respiro apenas fue un suspiro. Aquella mañana del 20 de octubre de 2011 parecía que vivir bajo la amenaza de ETA y en alerta permanente tenía los días contados. Así lo sintieron la mayoría de los 8.000 agentes de la Ertzaintza que, al igual que guardias civiles y policías, durante décadas habían sentido en su nuca la respiración amenazante de la banda terrorista. Los protocolos de autoprotección y las medidas de vigilancia, información, intervención y seguridad volcados en la lucha contra ETA y el entorno radical podrían relajarse: había llegado la paz.

Se equivocaban. Ni la amenaza había desaparecido, ni la “normalidad” había llegado para instalarse. Simplemente había mutado, se había transformado y tardaría poco en presentarse con dureza. El miedo en Euskadi cambió de nombre: de ETA a Daesh. La sucesión de atentados de carácter yihadista radical en Europa y la proliferación de operaciones en el entorno islamista radical en el conjunto del Estado engulló la sensación de paz. Obligó a la Ertzaintza, -al igual que en el resto de cuerpos policiales- a volver a elevar la alerta, fijarse en una amenaza que ya no era ni tan lejana ni tan improbable y sobre todo, que era muy desconocida. Cuando ETA aún no se había desarmado ni disuelto –aun no lo ha hecho- la policía vasca debía adaptarse, adecuarse y formarse.

Son realidades incomparables pero la experiencia acumulada con ETA es muy valiosa, principalmente en cuestiones tácticas”

El jefe de Inteligencia Criminal de la Ertzaintza, Juan Vicente Bilbao, asegura a ‘El Independiente’ que el paso dado para priorizar todos los efectivos en la lucha contra ETA y reorientarlos contra el yihadismo requiere tiempo y adaptación. “Son dos realidades incomparables”, señala. El modo de afrontar la violencia de ETA y la amenaza del yihadismo ha obligado a cambiar “la estructura que teníamos cuando ETA cometía atentados”. Pese a ello, no oculta que la experiencia acumulada en estos años “es muy valiosa, principalmente en las cuestiones más tácticas del trabajo”. Sin duda, el intangible psicológico y de capacidad para afrontar personalmente una batalla contra el terrorismo que se ha inculcado al cuerpo policial es una de sus mejores armas.

Ahora la amenaza no está en las ‘herriko tabernas’, sino en alguna mezquita u oratorio o un simple piso clandestino. Tampoco la comunicación a interceptar se oculta en recoditos zulos o buzones clandestinos o chivatazos vecinales sino en las redes sociales. Ni siquiera el objetivo del terrorista está limitado a algunos colectivos o lugares, ahora es global.

Años 90, el origen

El primer signo del cambio del paso de ETA a librar la batalla contra la amenaza yihadista ha sido rescatar los chalecos antibala de los que hacía poco se había desprendido. Hace tres años que toda la infraestructura de la Ertzaintza ha virado hacia el nuevo y desconocido terrorismo que amenaza occidente. Desde la consejería del Interior reconocen que el desconocimiento de cómo actúa y cuál es el comportamiento y motivación que alimenta el radicalismo yihadista es la principal dificultad a la que hacer frente. Una falta de información que se está intentando cubrir con cursos de formación a los agentes propios e incluso a los ajenos con cursos que se imparten en la academia de policía de Arkaute (Alava) y donde ya se han formado 400 policías sobre el fenómeno del islamismo radical y el modo de abordarlo.

La Consejería de Interior aprobó en 2015 un Plan Estratégico contra la Radicalización Islamista. En realidad, los servicios de la policía vasca hacía décadas que habían iniciado sus primeras intervenciones contra este tipo de terrorismo. A finales de la década de 90 la llegada de ex combatientes del conflicto de Argelia a Vitoria fue la primera ocasión en la que la Ertzaintza se enfrentó a este fenómeno.

El comisario de la Ertzaintza señala que todos los agentes de la policía vasca están dedicados “en mayor o menor medida” a prevenir atentados yihadistas desde alguna las tres ejes en los que se trabaja prevención, investigación e inteligencia. Entre las novedades más llamativas las que ha obligado el paso de la amenaza de ETA a la del ISIS se sitúa la necesidad de blindar espacios públicos y visibilizar la presencia de efectivos. La Ertzaintza ha constituido Patrullas de Intervención Inmediata cuyo objetivo es la presencia constante en las calles y detectar cualquier tipo de amenaza.

La comunidad musulmana colabora como agente de control y alerta de posibles casos de radicalismo de fieles que acuden a las mezquitas

Otra de las diferencias respecto al modo de actuar en tiempos de ETA es el mayor peso que se otorga a la prevención. El profundo desconocimiento de las causas y del entorno radical islamista ha hecho que se priorice la relación amable y de información actualizada con la comunidad musulmana afincada en Euskadi: Son los propios fieles musulmanes quienes más están colaborando en la labor de radar y toma de pulso ante posibles casos de radicalización. Es una de las líneas de trabajo novedosas puestas en marcha, actuar sobre las causas “para así evitar tener que intervenir sobre sus consecuencias”, asegura el responsable de inteligencia de la Ertzaintza.

Desde hace más de un año la consejería mantiene un contacto fluido y constante con la comunidad musulmana, con la que incluso ha llegado a promover iniciativas como las charlas policiales en varias mezquitas los viernes, el día de oración, para aliarse con la comunidad musulmana en Euskadi -50.000 fieles- en esta lucha contra el terrorismo. En ellas agentes de la Ertzaintza informan a los fieles sobre su actuación en prevención y erradicación de posibles casos de radicalización. Además, se reparte a los asistentes un folleto, elaborado conjuntamente entre Interior y representantes de la comunidad islámica, con consejos para detectar posibles casos de radicalización y vías para alertar a la policía. Este tipo de sesiones que plantea trasladarlas próximamente al ámbito educativo dentro del programa de charlas de víctimas de ETA y de los abusos policiales que ya lleva a cabo el departamento de Educación del Gobierno vasco.

Además de acciones propiamente policiales, el Gobierno vasco trabaja un plan “integral” que implica no sólo a la consejería de Seguridad, sino también a la de Educación y Políticas Sociales en aras a favorecer una adecuada integración de la población musulmana en el País Vasco, apenas entre el 2% y 3% de la población.

La región con más policía por habitante de Europa

Paradójicamente, hoy la policía vasca está más presente en organismos de decisión policial nacionales e internacionales con mayor peso que lo que lo estaba en tiempos de ETA. El papel de la Ertzaintza se ha visto recientemente reforzado, pese a que el Ejecutivo de Iñigo Urkullu reitera que aún debe ser más reconocida como una policía “integral” por parte del Ministerio del Interior. Los acuerdos políticos entre el PNV y el PP para aprobar las cuentas de 2017 supusieron un importante espaldarazo para la policía vasca. Hasta hace unos meses la Ertzaintza sólo asistía como mero observador y de forma esporádica a los foros o grupos de trabajo policiales dependientes del Ministerio del Interior.

El acuerdo presupuestario trajo bajo el brazo la decisión de que la policía vasca se integre como miembro fijo del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y Crimen Organizado (CITCO), condición que no poseen los Mossos d´Esquadra. Además, la Ertzaintza tiene acceso a los expedientes de Europol, al sistema SIENA de intercambio de información policial europea, al sistema de alertas tempranas, etc.

Los acuerdos PNV-PP permitieron integrar a la Ertzaintza en el CITCO, al que los Mossos no pertenecen de modo permanente

Internamente, la Ertzaintza ha pasado de “la instrucción 53”, en la que desde 2001 –tras el asesinatos de dos agentes- se fijaban los criterios y protocolos de autoprotección y lucha contra ETA, a poner sobre la mesa como máxima prioridad el “protocolo 79”. En él se fijan los protocolos de lucha contra la amenaza yihadista. Los ejes de actuación pasan por cuatro ejes, prevenir, proteger, perseguir y responder. Los focos de mayor riesgo se sitúan principalmente sobre dos mezquitas de corte salafista, ubicadas en Barakaldo y Vitoria, y sobre las que se han reforzado la vigilancia. En el proceso de actualización policial, la Ertzaintza constituyó una unidad especializada contra el radicalismo islamista, la Oficina Central de Inteligencia (OCI)

En este cambio de contexto y realidad, el País Vasco no ha dejado de ser una región con elevada presencia policial. Euskadi es aún hoy la región europea con más policía por habitante. Suma 15.000 agentes (8.000 Ertzainas, 1.500 policías nacionales, 3.000 guardias civiles y 2.500 agentes locales.

Los sindicatos de la Ertzaintza denuncian sin embargo que el conjunto de la policía vasca carece hoy día de formación y medio para hacer frente a una amenaza terrorista de la que Euskadi no está libre. Apelan a la necesidad de elevar las inversiones en material y recursos, así como mejorar la formación en cursos de tiro o formación en árabe o de otro tipo necesarias para asumir con garantías la amenaza yihadista.