Estados Unidos no tiene intención de pasar por alto el último ensayo nuclear perpetrado por Corea del Norte este domingo, cuando hizo estallar en la instalación de Punggye-ri una bomba de hidrógeno con una potencia «sin precedentes» cercana a los 100 kilotones, que causó un terremoto de 6.3 grados en la escala de Richter. El consejo de seguridad de la ONU se ha reunido de urgencia este lunes, a petición de Estados Unidos, Japón, Francia, Reino Unido y Corea del Sur, para evaluar la acción y estudiar nuevas sanciones para el régimen asiático.

«Corea del Norte está suplicando que haya guerra», ha denunciado la embajadora norteamericana ante las Naciones Unidas, Nikki Haley. «Ya basta. Los Estados Unidos nunca quieren la guerra y no la queremos ahora. Pero la paciencia de nuestro país no es infinita», ha expresado Haley durante la reunión de emergencia, que ha comenzado a las 16.00 hora española de este lunes.

El domingo, tras el test nuclear, el propio presidente de los Estados Unidos se apresuró a responder a través de Twitter, descartando que el diálogo pueda ser la solución al conflicto en la región y mandando un mensaje ambiguo: «Sólo entienden una cosa». Horas más tarde, a la salida de un oficio religioso en Washington, y preguntado directamente por la posibilidad de un ataque militar directo, tampoco lo descartó. «Ya veremos», se limitó a responder.

Trump mantuvo en la noche de ayer una reunión de emergencia en la Casa Blanca en la que participaron líderes militares y políticos de la administración norteamericana. A la salida, el secretario de Defensa James Mattis ofreció la respuesta más contundente: «Cualquier amenaza para Estados Unidos o sus territorios, incluido Guam, o a nuestros aliados tendrá una respuesta militar gigantesca. Una respuesta efectiva y abrumadora».

En la misma línea se ha expresado este lunes Haley, que se ha referido al programa de sanciones económicas para señalar que «pese a nuestros esfuerzos, el programa nuclear de Corea del Norte es ahora más avanzado y peligroso que nunca». «Debemos adoptar las medidas más duras posibles», ha sentenciado.

Reacción internacional

Todas las grandes potencias condenaron durante el domingo el nuevo test nuclear de Pyongyang, el sexto de su historia, entre cuatro y seis veces más potente que cualquier otro realizado hasta la fecha, desde que el régimen norcoreano debutase en las pruebas nucleares en el año 2006. Tanto Rusia como China se apresuraron a afear la actitud del país asiático, al que acusaron de profundizar en su aislamiento y de tomar «decisiones equivocadas» constantemente.

Ambos, no obstante, llamaron al diálogo y a «mantener la sangre fría» para evitar que en la península de Corea se desate «el caos». Cabe destacar en este sentido que China es el principal socio comercial de Corea del Norte, y representa anualmente más del 80% de las exportaciones del régimen de Kim Jong-Un. En esa línea, una de las posibles sanciones anunciadas por Donald Trump este domingo consiste en «cortar todo el comercio» con cualquier nación «que haga negocios con Corea del Norte».