La política obedece a razones que la economía no entiende. Y además castiga severamente. Los británicos decidieron en un referéndum por la mínima (51,9% frente al 48,1%) salir de la UE el 23 de junio de 2016 y su hoja de ruta está en estado embrionario. El Gobierno catalán amaga con lanzar el órdago de la independencia amparándose en una consulta forzada e ilegal. El Brexit y el Catalexit se han presentado como procesos favorables al avance económico del Reino Unido y de Cataluña. Sin embargo, se trataría de divorcios de alto coste.

“A los votantes en los dos casos se les ha engañado sobre las consecuencias económicas y se han inventado argumentos. Boris Johnson decía que si el Reino Unido no pagaba por estar en la UE los británicos serían mucho más ricos y en Cataluña también se ha defendido que la nueva nación sería más rica que dentro de España”, afirma Matt Qvortrup, politólogo y autor de Referendums alrededor del mundo.

Como especialista en el Brexit, hecho que le conmovió de tal forma que llevaba un diario de lo que ocurría durante la campaña, Qvortrup afirma que la diferencia es que el Brexit se sustentaba sobre un odio a la UE de 30 años y un primer ministro, David Cameron, que cometió “una estupidez con la idea de ganar las elecciones”. Ese cortoplacismo también lo detecta en los dirigentes catalanes y en el gobierno central de Madrid. “Trabajan no por el interés de la nación, sino para contentar a sus fieles”, en lo que denomina Qvortrupo el «síndrome Donald Trump».

Esta semana, con la cuenta atrás de la eventual declaración unilateral de independencia en marcha, una vez bendecido el referéndum del 1-0 por el Gobierno catalán, han sido los bancos, las empresas y los mercados los que han hablado a gritos para decir un no rotundo a la secesión de Cataluña. Ha empezado la desbandada.

Rompió el fuego el martes Oryzon Genomics, que se disparó en Bolsa tras anunciar su marcha a Madrid. El Banco de Sabadell y CaixaBank han anunciado el traslado de su domicilio social a Alicante y Valencia, respectivamente. Gas Natural Fenosa también va a mudarse a Madrid, como Aguas de Barcelona (Agbar). Freixenet y Codorníu se plantearán dar el paso si se declara la independencia. Y es un suma y sigue.

En Reino Unido, BMW, Toyota, General Motors, Barclays, Citibank y UBS anunciaron sus planes de traslado

En el caso de Londres, que resiste de momento como centro financiero pese a que en un principio se temió una convulsión, se van anunciando movimientos con cuentagotas, pero al dejar de formar parte del mercado único se prevé que numerosas empresas salgan o reduzcan su actividad en el Reino Unido. Poco después del referéndum de 2016 BMW, Toyota, General Motors, Barclays, Citibank, UBS… confirmaron sus planes de traslado. Uno de los países más beneficiados del Brexit está siendo Irlanda, que ofrece mejores condiciones que el Reino Unido al estar también en el euro.

También buscarán nuevo acomodo agencias europeas como la del Medicamento, que curiosamente apunta hacia Barcelona, una candidatura defendida por el gobierno español y que puede peligrar por el desafío independentista. También tenía sede en Londres la Autoridad Bancaria Europea.

En un informe titulado Catalonian, the price of being single (Cataluña, el precio de estar soltera), firmado por el economista Geoffrey Minne para el banco holandés ING, se alerta de las gravísimas consecuencias del Catalexit, que provocaría el hundimiento del consumo privado, las exportaciones y la salida automática del mercado comunitario.  Según Minne, al ser una economía de un país de 7,5 millones de habitantes, casi diez veces menor que el Reino Unido, los efectos serían mucho peores. Cataluña supone el 20% del PIB de España.

“El ritmo actual de expansión de Cataluña y del resto de España en torno al 3% se ralentizaría. Como es una operación que puede durar años, al igual que el Brexit, se lastraría el crecimiento”, asegura Minne, autor del informe. A los dos procesos, Brexit y Catalexit, les une la incertidumbre.

Como es una operación que puede durar años, al igual que el Brexit, se lastraría el crecimiento», dice un informe de ING

En su reciente discurso en Florencia, la primera ministra británica, Theresa May, lanzó a la UE la propuesta de que el proceso de ruptura fuera seguido de una transición de dos años, algo que el embajador británico, Simon Manley, descarta que se trate de “una prórroga”. La maquinaria para desvincular al Reino Unido de la UE está en marcha, y los británicos han dado un gran impulso desde el verano, pero aún queda mucha tarea pendiente.

Aún no se sabe cuánto pagará Londres por compensación económica por compromisos ya adquiridos, pero ya parecía dispuesto a aportar 40.000 millones de euros. Lo que se descarta, aunque hay voces que especulan con la posibilidad, es un segundo referéndum, según ha confirmado recientemente Manley.

“Desmontar todo lo que unía al Reino Unido con la UE es muy complejo. Más de lo que se imaginaban los británicos. Y montar un nuevo Estado, en el caso de que fuera así en Cataluña, es igualmente complicado”, señala Bruno Coppieters, profesor de Ciencia Política en la Universidad Vrije de Bruselas. Y sin acuerdo con el gobierno central es una quimera.

En el Brexit y el Catalexit se comparan «dos proyectos, uno existente y otro por existir; son opciones de salida inciertas y que por esa incertidumbre generan turbulencias en los mercados” explica Ignacio Jurado, profesor en la Universidad de York.

En el informe de ING, que subraya también que en el caso catalán hay que añadir el efecto de salir de la zona euro, se destaca que «construir una república catalana es un proyecto caro y la reducción de dichos costes depende de la buena voluntad de los gobiernos europeos, entre los que se encuentra el español».

Sin acuerdo, como es el caso a diferencia de lo que habría sido la independencia de Escocia, es imposible firmar este divorcio. En el caso del referéndum escocés, celebrado el 12 de septiembre de 2014 y donde ganó el no a la salida del Reino Unido por más de 10 puntos, sí que hubo en el último tramo de campaña anuncios relevantes de empresas allí afincadas advirtiendo de sus traslados en caso de victoria del sí.

Al igual que en el caso británico, todos estos datos, que ya están afectando a la confianza del consumidor catalán, se reflejan en una reciente encuesta de Metroscopia en la que se muestra cómo más del 60% de los catalanes está preocupado por el futuro de su región. Esa actitud lleva a moderar el consumo y si deriva en pánico a retirar depósitos. Los bancos han reaccionado estos días alertados por los movimientos de sus clientes, muchos de fuera de Cataluña, pero también en Cataluña.

Levantar barreras, y lo sabe pese a todo el Reino Unido, conlleva riesgos, de ahí que insistan los británicos en mantener las ventajas del comercio con sus socios comunitarios. En el caso catalán, que exporta sobre todo a zona euro, en concreto su gran mercado es Portugal, fuera de la UE tendría aranceles, sería menos competitivo y eso afectaría al empleo. Lo dejó claro en el caso del Brexit Adam Posen, experto del Instituto Peterson: «Poner barreras al comercio es malo para tu economía. La salida de la UE es una manera de poner barreras al comercio. Punto final».

Se ha minusvalorado el daño económico, el caos político e institucional y el efecto divisivo en la sociedad», dice el eurodiputado Javi López

Según el eurodiputado del PSC Javi López, “en los dos casos se ha minusvalorado el daño económico, el caos político e institucional y el efecto divisivo en la sociedad que producen estas decisiones”, si bien destaca López que «la integración histórica, económica, cultural e institucional de Cataluña con España es muchísimo mayor».

Y son divorcios alentados en el contexto de la crisis, a juicio de Javier Redondo, profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid. “Manejan el eslogan de que el todo, es decir, la nación o Europa, les exprime económicamente. Se fomentan desde las élites hacia abajo. Las élites buscan su acomodo en la crisis y agitan un monstruo que se ha vuelto al final contra ellos”.

Paul de Grauve, en un artículo titulado Catalonia and Brexit: the same nationalism, se refiere curiosamente al mito de la recuperación económica como un elemento en común. Cuando en realidad son procesos que generan incertidumbre económica, quienes los han defendido han manipulado los datos para presentar el efecto contrario.

“Crean el mito de que la independencia generará una prosperidad económica insospechada… Una Gran Bretaña global recuperará el control de la UE. Parecido el caso catalán”, dice De Grauve. En realidad, en un mundo globalizado ese afán por recuperar la soberanía, conduce, según el autor, a tener menos soberanía aún porque estas entidades no pueden competir con potencias como China o EEUU.

Basados en emociones, más que en argumentos, alentando el nacionalismo, y olvidándose de mencionar los efectos económicos, el Brexit y Catalexit son decisiones que marcan a las generaciones futuras. “Se obvian los costes económicos (huida de empresas, pérdida de poder adquisitivo) y sociales (fractura), y a la vez se condena a una sociedad entera, especialmente a las nuevas generaciones, a una realidad en la que tendrán menos oportunidades laborales, de movilidad”, señala Julio Frutos del colectivo Con Copia a Europa.

Son divorcios que lastran a largo plazo, que se ponen en marcha por la política del impulso a corto plazo y que cuestionan cómo ha de funcionar realmente un sistema democrático. Como le dice Theresa May a Carles Puigdemont en la viñeta del último número de The Economist: “Votar es la parte fácil”.