El Gobierno es consciente de las enormes dificultades que lastrarán el intento de control de los medios audiovisuales públicos tras la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Catalunya Ràdio y, especialmente, TV3, son una herramienta fundamental para la Generalitat y para el engranaje social independentista. Valga como ilustración un dato: entre el electorado favorable a la secesión, el 73,5% confiesa seguir los informativos en la autonómica, mientras que este porcentaje es sólo del 17,3% entre los favorables a la unión, según los últimos datos del CEO catalán.

Pero TV3 es más que noticias. Su parrilla está regada de programación variada cuya influencia sobre el tejido soberanista es indudable. Contenido externo, suministrado por productoras cuya relación con la televisión pública es continua, exitosa y provechosa. Es ahí donde quiere actuar el Gobierno, vía presupuestos, para limitar la presencia de ciertos actores. Y en Cataluña, a día de hoy, hablar de productoras implica necesariamente hablar de Toni Soler.

Periodista, escritor, historiador, productor, empresario y tweetstar, Soler (Figueres, 1965) lleva años ejerciendo como hombre orquesta del proceso independentista, en el que milita desde la adolescencia. Ya militaba cuando era redactor político en Avui, y después, cuando su nombre empezó a despuntar como guionista de El Terrat, la productora de Andreu Buenafuente que dominaba el entretenimiento en Cataluña durante los años 90.

Imperio con capital en Polònia

Ahora ese imperio es suyo y lo ejerce desde el programa más emblemático de la televisión pública catalana. También el más difícil de sustituir con recursos propios, cuando no imposible. Polònia es el gran embajador de TV3 hacia el exterior y durante muchos años se ha convertido, mediante la sátira y el humor, en la principal fuente de información política de muchos catalanes que jueves tras jueves conceden al programa de Soler audiencias relevantes. «Si no sales en el Polònia no existes» ha sido durante mucho tiempo un lema habitual entre la clase política catalana.

El procés ha disparado los resultados del programa, que lleva años dominando entre la opinión pública catalana

Los sketch de Polònia llevan años colándose en los zappings de todo el país. Los clones de Rajoy, Puigdemont, Junqueras, Forcadell, Mas y últimamente Trapero son carne de éxito en Youtube y las redes sociales, donde se propagan sin fronteras. Que el humor es unidireccional y esconde doctrina ha sido una acusación recurrente entre sus críticos, de la que el programa se defiende alegando que a todos los personajes se les caricaturiza por igual, de Albano Dante a Xavier García Albiol, bautizados esta temporada como Fachín Fachón.

Si hay sesgo, a la audiencia no parece importarle: el procés ha disparado los resultados del programa. Y aunque le importara, Soler conservaría todavía numerosos altavoces desde los que elevar la voz. Su productora, Minoria Absoluta, que se ha embolsado más de 64 millones de euros de TV3 en la última década, también es la responsable de Crackóvia –el hermano deportivo de Polónia que consiguió sacar de quicio a Sergio Ramos- y de La segunda hora, líder radiofónico en Cataluña en la franja del mediodía y programa emblemático de Rac1, la emisora privada del grupo Godó.

Muñidor habitual en la tramoya mediática, Soler ha vuelto al primer plano este mes de septiembre con el estreno de Està passant, un «informativo satírico» inspirado en El Intermedio de El Gran Wyoming y que se emite antes del telenoticias de la pública catalana.

Minoria Absoluta también ha producido películas basadas en libros del propio Soler, como 14 d’abril, Macià contra Companys, que relata la intentona independentista en Cataluña en 1931 y la confrontación de las vías defendidas entonces por los líderes del soberanismo.

Medios y redes

Un tema recurrente en su trayectoria pública, y exactamente el mismo que le llevó a cerrar su cuenta en Twitter hace algo más de tres años, a raíz de una columna publicada en el diari Ara, emblema del independentismo mediático y del que es fundador y miembro del consejo editorial.

Además de productor televisivo, Soler es fundador y miembro del consejo editorial de Ara

En aquel texto, titulado Quan ens fem la foto, Soler cargaba las tintas contra aquellos que se ponían de perfil en la causa soberanista, alertándoles de que después no participarían en el hipotético éxito de la independencia. «El procés es tan inclusivo y transversal que no pide cuentas a nadie. Pero los independentistas no son idiotas y tienen memoria. Que todo el mundo se lo apunte»,  arrancaba la columna, que culminaba reclamando que, en un futuro, «los oportunistas reciban el trato que se merecen cuando intenten hacerse la foto al lado de los vencedores».

Soler señalaba a los moderados de Convergencia y a lo que entonces aún denominaba «izquierda alternativa», antes de la explosión de Podemos y sus marcas. El productor recibió un alud de críticas en las redes sociales y clausuró su cuenta de Twitter no sin antes acusar al «facherío» de haber «manipulado de forma indecente» el contenido de su artículo. Dijo luego que tuvo un «ataque de pánico» ante los comentarios, y cuando recuperó su actividad social se granjeó fama de gatillo rápido a la hora de bloquear. Años después, la mantiene.

Aun así, su actividad en redes la reciben a diario 273.000 personas. Frenética actividad: contra Manuel Valls, contra Inés Arrimadas, contra Espejo Público y las montajistas de Sociedad Civil Catalana, contra Le Monde… Incluso contra el propio Ara, bajo la lupa del independentismo en las últimas semanas por su tibieza en el procés y sus escarceos con la posibilidad de unas nuevas elecciones autonómicas plebiscitarias.

Soler es uno de los principales dinamizadores de los mensajes soberanistas en las redes sociales. Cualquier hashtag, vídeo o lema que pasa por sus manos alcanza la viralización en cuestión de minutos. Fue él uno de los responsables de que una foto de la afición del Athletic de Bilbao celebrando la Supercopa de España de 2015 alcanzase los 17.000 retweets este fin de semana haciéndose pasar por una manifestación en contra de la aplicación del 155.

Ni rectificó, ni ayudó a aclarar nada entre las bases independentistas que se afanaban en dar las gracias al pueblo vasco por su solidaridad. El mensaje caminó libre entre vídeos del 1-O, retweets de Julian Assange y acusaciones de manipulación a todas las televisiones del país salvo La Sexta y TV3. Al final del día, el alcance total de sus publicaciones superó por mucho a la audiencia de sus programas en la televisión pública catalana y el mensaje fue evidente de cara a las próximas semanas: el 155 tiene sus límites. No se puede intervenir la omnipresencia.