Qué papel debe jugar Santi Vila en las elecciones autonómicas del 21 de diciembre. Esta es una de las incógnitas de los comicios convocados por el Gobierno al amparo del artículo 155. Amigo personal y confidente de Carles Puigdemont, candidato en todas las quinielas del PDCat en los últimos años, hombre puente del Gobierno con la Generalitat; el único dirigente que se ha postulado abiertamente para liderar la candidatura de la ex convergencia el 21-D. Y desde el 26 de octubre, blanco de la ira de los independentistas “pata negra” que no le perdonan su salida del Govern horas antes de la proclamación de independencia en el Parlament. Esa campaña, y el anuncio hecho por Carles Puigdemont de que se plantea concurrir a las elecciones ha hecho que sus aspiraciones se diluyeran en apenas una semana.

Tras el anuncio de la convocatoria de elecciones para el 21-D Santi Vila fue el primer dirigente del ámbito independentista que se postuló abiertamente para encabezar la lista de su partido, el PDCat, en esos comicios. Mientras los líderes de Esquerra y la CUP se debatían todavía -por lo menos de cara al público- sobre la oportunidad o no de legitimar la convocatoria decretada por Mariano Rajoy, Vila anunció su voluntad de sustituir a Carles Puigdemont como número uno de la ex convergencia. Siempre y cuando su partido no concurriera fundido en una nueva coalición independentista, siguiendo la estela de JxS.

Vila daba por descontado entonces que ERC impondría su negativa a revalidar la gran coalición y aprovecharía por fin sus buenas expectativas electorales. Pero la orden de prisión provisional sin fianza para todos los miembros del Govern que se personaron el jueves en la Audiencia Nacional ha hecho resurgir la opción de la lista unitaria. Es la favorita de su partido, como dejó claro el viernes Marta Pascal. Y en esta lista Vila sólo puede aspirar a un papel secundario como el ocupado en 2015.

Tampoco tiene opciones de liderar el espacio del catalanismo moderado que quedó huérfano en esos comicios, con la ruptura de CiU y la desaparición de Unió. Los grupos que han trabajado en los últimos meses para recuperar ese espacio, como el partido Lliures, que encabeza provisionalmente el ex convergente Antoni Fernández Teixidó, no están dispuestos a convertirse en su plataforma electoral. Así lo aseguran desde el mismo partido, que rechazan rotundamente la opción de “fichar” a Vila para el 21-D.

Blanco de todos en las redes

Al margen de la dinámica de coaliciones que puede dar al traste con sus aspiraciones, Vila tiene que luchar también contra la imagen de traidor a la causa independentista que se ha extendido en la órbita soberaista tras su salida del Govern. Invectivas como “botifler” o “judas” son habituales estos días en las redes sociales para referirse al ex conseller y ex alcalde de Figueras. Su excarcelación, tras hacer efectiva la fianza de 50.000 euros impuesta por la juez Carmen Lamela, no ha hecho más que agudizar estas críticas.

El tuit de la diputada de la CUP Mireia Boya es un ejemplo de la indignación destastada. “Y por cierto, 50.000 monedas de plata. Recordádselo” señala la diputada antisistema, remitiendo al tuit con el que la semana pasada el diputado de ERC Gabriel Rufián descalificaba al president Puigdemont cuando se apuntó que optaría por convocar elecciones anticipadas para evitar la aplicación del artículo 155. Un intento de frenar la DUI en el que Vila tuvo un papel determinante.

Si consigue superar la animadversión que republicanos y antisistema extienden contra él, y finalmente no se concreta la oferta de Carles Puigdemont para encabezar la candidatura independentista o la del PDCat, Vila tendrá que someterse las primarias de su partido, como le recordó ayer la coordinadora general Marta Pascal. Unas elecciones internas en las que probablemente se dispute el liderazgo electoral con Mercé Conesa, quien ya le ganó hace un año los comicios internos para escoger al presidente del Consejo Nacional del PDCat -pese a que Vila concurría avalado por Artur Mas-.

Otro de los nombres que han vuelto a resurgir en las últimas horas es el de Neus Munté, ex portavoz del Govern que abandonó el ejecutivo en verano, cuando Puigdemont echó del ejecutivo a todos los consejeros moderados para hacerse un equipo a medida con la vista puesta en el 1-O. Sin descartar una eventual candidatura de otro ex consejero, Josep Rull, que forma parte de los encarcelados en Estremera.