El primer rostro en aparecer en la televisión pública catalana fue el del humorista Joan Pera, después de una hipnótica careta de introducción de 1 minuto y 15 segundos en la que el logo de la cadena iba emergiendo bamboleante, formando una senyera a ritmo ochentero. “Señoras y señores, buenas tardes. Amigos, hoy 10 de septiembre de 1983 os saludamos por primera vez desde TV3, Televisión de Cataluña”. A continuación, el primer contenido emitido fue un anuncio de la serie Dallas doblada al catalán y un comercial de Coca-Cola. Lo siguiente un speech de Cassen, actor clásico de la comedia española en el último franquismo (Atraco a las tres, La tía de Carlos en minifalda, Busco tonta para fin de semana, Ligue Story…)

En aquella primera emisión intervino Jordi Pujol para dejar clara la importancia estratégica de TV3, con un objetivo en mente: la normalización lingüística, cuya principal norma de desarrollo se aprobó ese mismo año. La televisión y la escuela son los agentes responsables de que la última encuesta del CEO de la Generalitat muestre un empate técnico entre ambas lenguas: el 44,8% asegura utilizar el castellano como lengua principal, el 43,1% el catalán y el 10,8% ambas por igual.

La corporación que rige TV3 defiende a día de hoy que la principal misión de TV3 sigue siendo esa. La oposición en bloque denuncia sin embargo que la televisión pública se ha convertido en un ejército de propagandistas a sueldo del secesionismo. El Gobierno, al aplicar el 155, decidió no decantarse y dejó los medios públicos catalanes sin intervenir. Rajoy no hizo caso a Albert Boadella, que recetó como arma definitiva contra el independentismo “cerrar TV3 dos meses”.

¿Habría solucionado algo? Es imposible de determinar, pero sí habría dejado a muchos telespectadores huérfanos. En su camino hacia la catalanización, la televisión pública catalana se ha convertido progresivamente en el refugio, casi único, del independentismo.

Hegemónica

Los datos ofrecidos por los barómetros de la Generalitat son contundentes. El 82,7% de los catalanes utilizan la televisión para informarse de la actualidad política. Y el independentismo, sencillamente, ni se plantea ver nada que no sea TV3. El 87,5% de los votantes de Junts pel Sí consume los informativos allí (82,1%) o 3/24 (5,4%). Sólo el 3,6% optan por La Sexta, un 2,3% por Antena 3 y un 0,7% por Telecinco.

Entre los de la CUP, TV3 y 3/24 copan el 88,5% de la cuota. La Sexta se queda con el 5,8% y el 4% acuden a Antena 3. El resto de canales ni se mencionan. Cuando se habla del poder adoctrinador de TV3, cabe tener esto muy en cuenta: para buena parte de la población, lo que no se emite aquí no existe en términos informativos.

El bestial dominio de TV3 desaparece entre los votantes del resto de opciones políticas. De hecho, la pública no lidera en ninguno de estos sectores. Entre los afines a Catalunya Sí Que Es Pot, TV3 y 3/24 concentran al 33% de los consumidores de informativos, por detrás del 38,1% que eligen La Sexta y por delante del 6,7% que optan por Antena 3.

En el caso del PSC, TV3 es la tercera opción más vista con un 17%, por detrás de Telecinco (17,1%) y La Sexta (23,5%).

Los datos son aún peores entre los votantes de Ciudadanos, que prefieren Antena 3, Telecinco y La Sexta. TV3 sólo cosecha un 11,3% entre ellos.

Menos aún entre los del PP: un 7,2% que queda lejos de Telecinco (24,3%), Antena 3 (20,1%) y TVE (16,1%). Ni TV3 es atractiva para el PP, ni el PP es atractivo para TV3: esta misma semana, la entrevista en prime time con Xavier García Albiol hundió la audiencia del canal hasta el 4,6%, en un espacio que lleva meses fluctuando entre el 10 y el 20%.

El ‘procés’ frena el declive

La hegemonía de TV3, no obstante, se ha ido matizando en el tiempo. Ya no existen los tiempos en los que la pública se iba hasta casi el 25% de share, como sucedía a finales de los 90. Su declive durante todo el siglo XXI, acelerado por la competencia creciente, ha sido rápido. En 2004 bajó por primera vez del 20% de media anual. En 2008 perdió el suelo del 15% y no lo ha recuperado nunca. 2016 lo cerró con un 11,37% que suponía mínimo histórico por cuarto año consecutivo.

2017 no iba mucho mejor. Hasta septiembre, la máxima audiencia mensual había sido del 10,6%. Y entonces llegó la efervescencia del procés. En septiembre, la preparación del referéndum, las manifestaciones y las operaciones de la Guardia Civil impulsaron la audiencia de la pública hasta el 12,9%. Octubre reventó la baraja: un 17,5% que TV3 no registraba desde marzo de 2007.

De los 40 programas más vistos del mes, 30 se emitieron en la nostra. Lo más visto fue el pleno del 10 de octubre en el que Puigdemont declaró efímeramente la República: 1.6 millones y 52,3% de share. El top-10 lo copan los especiales del 1-O, los telediarios de la huelga del 3 de octubre y el Polònia del 26 de octubre, el día en que Puigdemont coqueteó con la convocatoria de elecciones para finalmente decidirse por la DUI.

El primer programa ajeno a TV3 del ránking fue el Real Madrid-Tottenham de Champions League que emitió Antena 3. Y detrás de eso, varios especiales informativos de La Sexta, el España-Albania de fútbol, una película y una emisión de Masterchef Celebrity.

La autonómica más cara… con diferencia

Por primera vez en muchos años, la pública se colocó al nivel de la inversión que recibe desde la Generalitat vía presupuestos. En 2016, la partida para la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales fue de 307 millones de euros, casi el doble de lo que Andalucía destinó a Canal Sur, la segunda en el ránking: 164. El País Vasco, con una apuesta por ETB tan ambiciosa como la de la Generalitat con TV3, dedicó a sus autonómicas 137 millones.

TV3, con su 11,37%, fue la autonómica más vista del año. Por encima de la TVG gallega (9,8%), Aragón TV (9%), Canal Sur (8,6%), ETB2 (7,3%), Extremadura TV (5,5%), Castilla-La Mancha Televisión (5,1%), TV Canarias (5,1%), TPA (5%), Telemadrid (4,8%), IB3 (3,4%) y La 7 (2,4%).

También fue la más cara en términos relativos: cada punto de share de su canal principal le costó al contribuyente 27 millones de euros (20,3, si se cuentan todos sus canales). Bastante por encima de los 19 millones que cada punto le costó a los andaluces, o los 18,78 que le costó a los vascos (12,8, contando todo el espectro). En este sentido, las autonómicas más eficaces fueron la murciana, la asturiana, la extremeña y la aragonesa.