El ex presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, fue avisado por varías vías de que la declaración unilateral de independencia podía provocar una reaccionar violenta del Estado. «Algunas fuentes nos alertaron de que habría sangre y que no serían pelotas de goma, sino armas de fuego», ha afirmado este viernes la secretaria general de ERC, Marta Rovira.

Según recoge el diario Ara, afín al independentismo, entre las personas que avisaron al Govern de esta circunstancia estarían el defensor del pueblo de Cataluña, Rafael Ribó; el lehendakari vasco, Íñigo Urkullu, y el arzobispo de Barcelona, Joan Josep Omella, que, según este medio, mantuvieron contactos en los días previos a la DUI para acercar posturas entre la Generalitat y el Gobierno central.

Ribó ha explicado que el mismo día 25 de octubre tenía una reunión concertada con Puigdemont para informarle de los avances de sus gestiones. Ribó explicó que, según las conversaciones mantenidas con sus contactos, el Estado preparaba una «respuesta contundente» en caso de que se declarara la independencia.

«El mensaje que llegaba era que habría una intervención muy fuerte por parte del Estado, y eso es lo que iba a explicar a los presentes en la reunión», cuenta el defensor del pueblo de Cataluña, que puntualiza, por otro lado, que no participó en las reuniones de la cúpula independentista. Ribó se defiende afirmando que toda su labor en esos días estaba destinada a facilitar el diálogo entre las partes.

Urkullu también habría advertido a Puigdemont de las consecuencias de su decisión, pero fuentes cercanas al lehendakari, según informa Ara, lo desmienten. Sí que es conocido que el líder vasco jugó un papel intentando convencer al Govern de suavizar sus posiciones y acercar posturas con el Ejecutivo central.