Inés Arrimadas y Marta Rovira se han enfrentado este domingo al primer debate electoral antes del 21-D. Lo han hecho en un cara a cara en el programa Salvados de La Sexta, en el que ambas han asegurado que respetarán los resultados que salgan de las urnas el 21 de octubre, aunque la secretaria general de ERC ha adelantado que, si pierde el independentismo, puede dimitir.

La líder de Ciudadanos en Cataluña y la número dos de Oriol Junqueras representan a los dos partidos a los que más votos les dan las encuestas de cara al 21 de diciembre, pero ninguna obtendrá los suficientes votos como para gobernar en solitario, de modo que en el debate han avanzado los posibles acuerdos que buscarán tras las elecciones. Arrimadas ha apoyado el bloque constitucionalista formado por Ciudadanos, PP y PSC y apuesta por la abstención de los comunes para presidir la Generalitat. Rovira, por su parte, repetiría la fórmula de la pasada legislatura con JxCat y la CUP dado que, según ha apuntado, no conoce la posición del partido de Doménech.

La representante de ERC ha asegurado que el Ejecutivo “ha cumplido algunas de sus amenazas”

Sus posturas, totalmente contrapuestas, se han puesto sobre la mesa con apenas un punto en común: la mala imagen de las cargas policiales del 1-O. Lo que para Arrimadas supone una mala gestión por parte del Gobierno, que prometía que no habría urnas ni papeletas, le ha dado argumentos a Rovira, que ha insistido una vez más en que existieron amenazas de violencia por parte del Gobierno si los independentistas continuaban su hoja de ruta. “Hay gente que me dio la razón y alguien tenía que romper el hielo”, ha señalado la número dos de Junqueras.

De hecho, la representante de ERC ha asegurado que el Ejecutivo “ha cumplido algunas de sus amenazas” con las querellas de “30 años de prisión” para los ex miembros del Govern, algo que ha rechazado de plano la líder de Ciudadanos en Cataluña. Si bien las dos han coincidido en “solucionar los problemas políticos con política”, Arrimadas ha reprochado a su oponente que sea declarada persona “non grata” en uno de los ayuntamientos donde gobierna el partido republicano.

La educación ha tenido bastante protagonismo en el debate. La republicana ha negado en todo momento cualquier tipo de adoctrinamiento en las aulas catalanas mientras Arrimadas, datos en mano, ha enumerado los casos de niños señalados por que sus padres no apoyaban el independentismo o el uso de menores para actividades con un significado político de apoyo a la secesión.

No han faltado los reproches en el cara a cara. Rovira ha recriminado a Arrimadas el apoyo a la intervención de Cataluña, algo que ha defendido la líder de la formación naranja en la comunidad autónoma, que ha acusado al Govern cesado de haber provocado el enfrentamiento entre los catalanes, además de haberse saltado las leyes y aprobar normas con el objetivo de que las tumbara el Tribunal Constitucional para alimentar el victimismo. En esta y otras intervenciones ha utilizado informaciones y correos electrónicos intervenidos por las autoridades que han dejado en ocasiones en evidencia el discurso de la republicana.

Inés Arrimadas y Marta Rovira son las caras visibles de dos partidos totalmente antagónicos y las dos, además, han ido ganando protagonismo a medida que avanzan la carrera contrarreloj de las elecciones. Arrimadas, abogada de profesión y andaluza de nacimiento, se embarcó en Ciudadanos dejando a un lado la empresa privada. Presume, al igual que la mayoría de miembros de su partido, de pertenecer a la sociedad civil y tener así un punto de vista más objetivo de la política. Ahora, representa a un partido nacional con origen catalán que quiere dejar a un lado el independentismo desde el centro político.

Rovira, por su parte, es la mano derecha del ex vicepresident de la Generalitat Oriol Junqueras y la secretaria general del partido. Con Junqueras en prisión y ante la posibilidad de que permanezca ahí cuando se celebre la cita electoral, es la elegida para seguir con el mandato de ERCy postularse como candidata a la presidencia de la Generalitat, en palabras del ex vicepresident.