Cuando creyó haber alcanzado la excelencia en realidad se había quedado obsoleta. Los cuarenta años de experiencia la habían pulido y convertido en una herramienta mucho más eficaz en la lucha contra el terrorismo. El día que en 2011 ETA anunció que lo dejaba, el engranaje de la Justicia española hacia unos años que había conseguido sobreponerse a décadas de sinsabores, amenazas y recelos gubernamentales. También había logrado que por fin las salas de vistas de la Audiencia Nacional registraran los índices de trasiego de etarras acusados y condenados más altos para ser juzgados. El sistema judicial contra ETA funcionaba a pleno rendimiento. Hasta que llegó el ‘yihadismo’ y lo dejó casi inservible…

El terrorismo de ETA había acabado y con él el sistema judicial para hacerle frente. La ‘yihad’, el nuevo terrorismo que habría que afrontar, demostró que aquella estructura de jueces, fiscales y acuerdos internacionales e incluso de procedimientos de investigación e instrucción ideados para el terrorismo ‘local’ eran casi inútiles para la nueva amenaza.

En la Audiencia Nacional, el organismo especializado en la lucha contra el terrorismo trabajaba con ‘armas’ insuficientes para abordar un fenómeno casi desconocido y cuyos patrones de funcionamiento en nada se parecían a los que ETA había empleado desde hacía medio siglo. Ni el modo de atentar, ni los objetivos, ni su organización interna se parecían a lo que hasta entonces habían instruido e investigado. “Vimos que estábamos ante un fenómeno muchísimo más complejo. Se diferencia en todo respecto al de ETA”, asegura Miguel Angel Carballo, teniente fiscal de la Audiencia Nacional.

El ‘yihadismo’ ha obligado a transformar completamente el modelo de lucha contra el terrorismo empleado contra ETA en la Audiencia Nacional

A sus espaldas acumula haber participado en juicios contra decenas de miembros de ETA, algunos tan significados ‘Txapote’ por el asesinato de Miguel Angel Blanco. Tras doce años en la AN reconoce que la experiencia adquirida en la lucha contra ETA ha tenido que pasar una puesta a punto completa. Jueces y fiscales han tenido que cambiar sus modelos y todo lo que habían aprendido del funcionamiento de una organización terrorista ‘nacional’. “Antes caía el ‘comando Vizcaya’ y de alguna manera era tirar del hilo, eran gente de aquí y que operaban aquí y se organizaban aquí. El yihadismo, no”.

Un reto “superior al de ETA”

Carballo subraya que investigar un caso de yihadismo se ha hecho mucho más complicado, “este es un reto superior al de ETA”, subraya: “Antes con ETA había un contacto previo, unos pasos que el candidato a pertenecer a ella iba dando. De una actividad social se pasaba a unos contactos, luego iba a Francia y finalmente se integraban. Era un proceso largo que se podía seguir y en el que había señales de que alguien se había integrado en la banda”, asegura.

Sin embargo, el fiscal de la AN reconoce que el seguimiento de los integrantes de organizaciones vinculadas al islamismo radical se ha complicado sobremanera. El paradigma en el que se produce, alimenta y convive el nuevo terrorismo ha cambiado por completo. “Ya no hay contacto previo. Uno se autoadoctrina y se autointegra. Internet se ha convertido en el ‘campo de entrenamiento’ virtual y permite que dos personas que no se conocen y que tiene poco que ver se retroalimenten. Hacen un juramento al Daesh y ya se han convertido en terroristas, así de sencillo”.

La complejidad del fenómeno ha llevado a que no sólo se tengan que reforzar los mecanismos de investigación sino también los de cooperación. Durante su intervención en las III jornadas Memorial Foronda celebradas en Bilbao, Carballo subrayó la dificultad de poder tener controlada a una organización “de la que no sabes en qué momento alguien se va a integrar ni cuándo y dónde va a actuar”: “Es un terrorismo que ni siquiera necesita explosivos ni armas. Basta un martillo, un cuchillo. La radicalización se puede producir en su propia casa y el paso del pensamiento a la acción se puede producir sin que nadie se entere. En este tipo de terrorismo tampoco hace falta un cooperador necesario, ni haber viajado a Siria a formarse”.

La integración en ETA era un proceso largo y se podía seguir. Con el Daesh basta con autoadoctrinarse y hacer un juramento”

La Audiencia Nacional ha acelerado en los últimos años su puesta al día. Hoy el foco se sitúa en gran medida en las redes sociales. Ello ha obligado a formar y recurrir a expertos informáticos de primer nivel y a la aplicación de técnicas informáticas muy especializadas. “La lucha es complejísima. Hablamos de un tipo de terrorismo que emplea programas complejos de encubrimiento. Un mismo terrorista puede utilizar hasta 60 ‘nicks’ diferentes en las redes sociales y actuar en conexión con otras personas en cualquier lugar del mundo”.

Una globalización que exige al mismo tiempo multiplicar el radio de colaboración judicial en medio mundo. Las dificultades que en los años 80 supuso la falta de colaboración de la Justicia y autoridades francesas en la lucha contra ETA han quedado ya superadas. Hoy España, junto a Marruecos y el país galo forman un eje de colaboración indispensable en la batalla contra el yihadismo. Carballo asegura que en la mayor parte de los casos se repiten las conexiones entre quienes son detenidos, con algún tipo de participación o relación con hechos o personas en Marruecos, Bélgica o Francia. Responsables judiciales de los cuatro países mantiene reuniones cada cuatro meses, “y este tipo de conexiones prácticamente siempre salen en los casos que se ponen sobre la mesa”.

“¡Que Dios nos ayude!”

Otro de los pilares que hubo que renovar tras el final de ETA y la irrupción del yihadismo fue el legal. Las leyes para hacer frente a la violencia etarra eran insuficientes. El nuevo fenómeno terrorista se mueve en otras coordenadas y el código penal debía saber adaptarse. “Por eso se adelantan las barreras penales y se incorporan delitos como el adoctrinamiento, la captación o incluso el autoadoctrinamiento. También se modifican las definiciones de terrorismo y su tipología”. Un cambio que considera que ha alcanzado niveles muy novedosos como el de poder condenar a “personas jurídicas” por haber sido ‘imprudentes’ y haber permitido algún tipo de actuación en su seno que favorezca la financiación del terrorismo.

Se han tenido que adelantar la ‘barreras penales’ para incorporar delitos como el adoctrinamiento y la captación”

Lejos quedan los años en los que la impotencia de los jueces españoles ante la falta de colaboración de Francia impedía la resolución de atentados terroristas y en muchos casos obligaba a su archivo. Carballo cita los años en los que el país vecino se negaba a entregar a un acusado hasta que no cumpliera la condena impuesta en Francia o las entregas “temporales” para poder ser investigados que poco después se acordaron.

Hoy, la cooperación con otros países en la lucha contra los crímenes yihadistas ha abierto y multiplicado las posibilidades de colaboración y avance en la compleja batalla judicial en contra del nuevo fenómeno violento que amenaza occidente. Pero el reto es mucho más complejo y fe de ello da la expresión con la que el teniente fiscal de la Audiencia nacional concluye su exposición acerca del nuevo reto de la justicia española: “¡Que Dios nos ayude!”.