Política HOMICIDIO DE ZARAGOZA

"Se compró los tirantes un mes antes pero no era un radical. Todo el mundo lo quería"

El músico aragonés Antílope León recuerda a su amigo Laínez: "Él apaciguaba al que se salía de tono en temas políticos"

Víctor Laínez (izquierda), Antílope León y otro amigo en un bar de Zaragoza en una foto tomada hace unos 10 días.

Víctor Laínez (izquierda), Antílope León y otro amigo en un bar de Zaragoza en una foto tomada hace unos 10 días.

«Maldita sangüijuela, maldita cucaracha, que infectas donde picas, que hieres y que matas…». No volverá a sonar ya igual en El Poeta Eléctrico, el gin-club con sala de conciertos zaragozano que él solía frecuentar, la canción Rata de dos patas. El conocido tema de la mexicana Paquita la del Barrio era el preferido de Víctor Laínez, presuntamente asesinado hace una semana por el joven antisistema Rodrigo Lanza Huidobro tras una discusión desencadenada por el hecho de que la víctima vestía unos tirantes con los colores de la bandera de España.

«Es la canción que siempre escuchábamos en el bar. Le gustaba mucho», recuerda el músico aragonés Óscar Vicente Lázaro, más conocido por su nombre artístico de Antílope León. Hace unos cinco años que trabaron amistad a través del flamenco por medio de unos amigos comunes. Dos horas antes de que sufriera la brutal agresión, Laínez y Antílope León se cruzaron los últimos whatsapps: estaban preparando la comida que iban a celebrar la próxima semana como antesala de las fiestas navideñas.

«Nos habíamos visto el martes en El Poeta con unos amigos y precisamente llevaba los mismos tirantes, que se los había comprado un mes antes. El mismo jueves me mandó un mensaje a propósito de la comida que íbamos a hacer el día 20 en una parcela con unos amigos. Estaba muy ilusionado y era él quien lo estaba organizando; éramos ya unas 20 personas. Ahí quedó la cosa. Al día siguiente me llamó su sobrino y me contó lo que había pasado», explica a El Independiente el músico aragonés, también propietario del citado bar y de otros locales de ocio en la capital zaragozana.

Nunca pudo imaginar Antílope León que aquellas líneas iban a ser las últimas que iban a enviarse y que, días después, escribiría esta despedida en su cuenta de Facebook: «Ya han desconectado a Víctor Laínez, El demonio de la vida. La vida que tanto nos dio, la que tanto tenía. La gente lo respetaba mucho, tenía un halo de maldito pero el que lo conocía sólo veía un enorme corazón. Posponemos la cena de la próxima semana y todas las canciones que nos quedaban por cantar en El Poeta. Te voy a echar mucho de menos, hermano. Te quiero. Gracias por todo».

Por su apariencia podría dar la imagen de radical, pero era todo lo contrario. Era él quien apaciguaba al que se salía de tono en temas políticos», recuerda un amigo

Nacido en la localidad barcelonesa de Terrasa en el seno de una familia con ascendencia aragonesa, separado y con hijos, Laínez se había ganado la vida durante mucho tiempo con el mantenimiento de equipos de aire acondicionado y ahora se encontraba en el paro. Sí había vuelto a ocupar su corazón. «Estaba enamorado desde hacía un mes aproximadamente», revela su amigo, con el que compartía su afición por la música y al que le confesó alguna vez su deseo de viajar nuevamente a Costa Rica. Pasó una etapa en el país centroamericano, donde llegó a regentar un hotel.

Víctor Laínez era feliz hasta que Rodrigo Lanza, que ya fue condenado en sentencia firme por el Tribunal Supremo a cumplir una condena de cinco años tras dejar en estado vegetativo a un guardia urbano de Barcelona, se cruzó en su camino y presuntamente lo asesinó. La autopsia ha revelado que la víctima sufrió diversas fracturas en el cráneo que resultaron mortales de necesidad.

El destino quiso que encontrara la muerte en el barrio en el que residía y donde era muy respetado. Se trata de La Magdalena, una zona de Zaragoza donde vive mucha población inmigrante. «Tenía amigos okupas, de izquierda, dominicanos… Se llevaba bien con todo el mundo. Todo el mundo lo conocía, lo respetaba y lo quería», añade Antílope León.

Lejos del perfil con el que el presunto homicida ha querido describir a su víctima este jueves en su declaración ante la juez, ante la que dijo que fue la víctima quien se abalanzó hacia él para apuñalarlo con una navaja después de llamarlo «sudaca de mierda», el amigo de Laínez asegura que éste era «una persona muy tranquila y muy calmada» desde una posición ideológica abiertamente de derechas. «Por su apariencia estética podría transmitir la imagen de un radical, pero era todo lo contrario. Era él quien enseguida apaciguaba al que se salía de tono en temas políticos. Era muy comprensivo y no se radicalizó, ni hablaba de extremismos», comenta.

«Trasfondo político»

Antílope León no tiene dudas de que la agresión tiene un trasfondo político. «El agresor se vio provocado por llevar esos tirantes y entraron en una discusión. Falta ver qué dice el atestado policial con las declaraciones de los testigos, pero parece que el componente político estaba ahí. No me apetecería mirar a los ojos al presunto homicida, no querría ponerme a su altura. Creo en la Justicia y espero que pague por lo que ha hecho», razona.

La comida del día 20 seguirá en pie como homenaje al amigo y El Poeta será a partir de ahora un poco más triste sin Laínez, el motero apasionado de la música al que le encantaba escuchar Rata de dos patas con sus amigos. Ya no volverá a sonar igual. «Infrahumano, espectro del infierno, maldita sabandija, cuánto daño me has hecho…». 

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