Carles Puigdemont quiere ser president, y no está pensando sólo en una presidencia honorífica. Confía en ser presidente ejecutivo porque se considera avalado para ello por las urnas y, no menos importante, porque necesita ingresos para sufragar su estancia en Bruselas. Una investidura honorífica, mientras se escoge un gobierno ejecutivo en Cataluña, podría relegarle rápidamente al olvido y complicar su futuro. Por ello, el ex president se resiste a las presiones que, dentro de su propio entorno, empiezan a llegarle para que acepte la opción que buena parte de los independentistas -en ERC pero también en el PDCat y en JxCat- ven como la más viable para salir del bloqueo en el que se encuentra el independentismo entre las aspiraciones de Puigdemont y la realidad de sus situación legal. Un gobierno presidido por algún dirigente de JxCat, los ex consellers Josep Rull y Jordi Turull son los mejor situados, con una «presidencia en el exilio» ostentada por Puigdemont desde Bruselas.

Para rechazar ese escenario, Puigdemont juega con dos bazas: la promesa de volver a Cataluña una vez investido -como insistían ayer fuentes de su entorno, y él mismo se encargó de alimentar colgando una imagen de Camprodón en su Instagram– y dejar así en evidencia al Gobierno si ordena la detención del presidente de la Generalitat recién investido tras ganar las elecciones convocadas por Mariano Rajoy. O la amenaza de bloquear la constitución del Parlament y forzar la repetición de elecciones. Una opción que provoca rechazo en su propio partido, como demostró ayer el ex president Artur Mas ante el Consell Nacional del PDCat.

Si no tiene garantías de una investidura telemática, Puigdemont podría exigir a los diputados independentistas que boicoteen la constitución del Parlament si el Gobierno de Mariano Rajoy no retira el 155 antes de la investidura para permitir su regreso sin la amenaza de una detención inmediata -el independentismo confunde habitualmente la aplicación del 155 con la acción de la Justicia para responsabilizar al Gobierno de las detenciones de los líderes independentistas-. El ex president sabe que la CUP se sumaría de forma entusiasta y su propia candidatura, JxCat, no podría negarse, aunque los pocos representantes del PDCat que quedan en ella probablemente tuvieran reparos. Y en la situación de bloqueo en la que se encuentra Esquerra, difícilmente podría sustraerse al mandato.

Sin los 70 diputados de la mayoría independentista el pleno no tendría quorum suficiente para su constitución y la elección de la Mesa del Parlament. Según el artículo 89 del reglamento, «para adoptar acuerdos válidos, el Parlament debe estar reunido con la presencia de la mayoría absoluta de sus miembros». Si la mayoría independentista bloquea la constitución del Parlament, podría acabar forzando una nueva convocatoria electoral. Pero hoy por hoy Puigdemont parece ser casi el único defensor de esta tesis.

Artur Mas, opositor interno a Puigdemont

Artur Mas lidera el rechazo a la repetición electoral dentro del PDCat. En la reunión del Consell Nacional del partido el rechazo a esa opción fue mayoritario, informa Ep, y el propio Mas advirtió del riesgo de perder la mayoría independentista en caso de repetir los comicios autonómicos. El ex president, secundado por la mayoría en la dirección del PDCat, rechazaba así la opción defendida oficialmente por JxCat en el sentido de que no aceptarán otro presidente que no sea Puigdemont y forzarán unas nuevas elecciones antes de investir a otro candidato, incluso de la propia lista.

Mas capitaliza así el descontento de unos cuadros nacionalistas que defienden la necesidad de que se escoja un gobierno para iniciar una legislatura lo más estable posible que permita al partido preparar las elecciones locales de 2019, la última esperanza del PDCat de consolidarse como fuerza al margen de los designios de Puigdemont.

Colominas, portavoz de los posibilistas

El politólogo Agustí Colominas, ex presidente de la Fundació Catdem de Convergencia y una de las voces con más autoridad en el mundo independentista, defendía ayer en un artículo en El Nacional que «Catalunya se necesita un Govern fuerte, presidido por la candidatura que ha ganado las elecciones en el campo soberanista, JxCat» y añadía que «replegarse no es una mala opción. Ya sé que en la campaña electoral de JxCat se reclamaba el regreso del president y la restitución del Govern legítimo, pero (…) es imprescindible no quedarnos parados con una propuesta de restitución que, por ahora, es complicada».

Una reflexión que cada vez comparten más personas en el entorno próximo de Puigdemont. Especialmente el grupo de ex altos cargos de su gobierno que ha llevado a cabo la dirección efectiva de la campaña, capitaneado por Elsa Artadi, cuyas aspiraciones políticas podrían verse truncadas por una nueva convocatoria electoral. Según fuentes próximas a JxCat el ex president está convencido de que una repetición electoral volvería a darle réditos en detrimento de ERC, pero en su equipo no están convencidos de ello. «Pedimos el voto en contra del 155 y para permitir el regreso de Puigdemont» apuntan, pero si el ex president no vuelve no podemos volver a usar ese argumento.

En el propio PDCat temen que el bloqueo del Parlament y la repetición de elecciones ponga en riesgo la mayoría independentista que ahora se sustenta en un exiguo margen de dos diputados, pero el ex president hace tiempo que no escucha a la dirección formal de su partido. Y en Esquerra están convencidos de que unos nuevos comicios con Junqueras en prisión y el partido descabezado tras el fracaso de Marta Rovira sería un riesgo inasumible. Por esto todos han asumido el discurso de Puigdemont como único candidato, pero presionan para que esa candidatura se configure de un modo que posibilite formar gobierno y acabar con la excepcionalidad del 155.