En la mañana del 9 de abril de 2013, los siete agentes de los Mossos d’Esquadra que llevaban a cabo el registro por orden judicial de la vivienda de Eduardo Pascual de Arxé se llevaron una sorpresa. Los investigadores esperaban encontrar en el interior de la cámara acorazada que el ‘prófugo de los ERE’ ocultaba en un sótano del inmueble -ubicado en pleno Ensanche barcelonés- documentación clave que les ayudara a desentrañar la trama de descapitalización de la mutua catalana Fortia Vida y se encontraron con otro botín: 47 cuadros, cinco esculturas y una carpeta con seis láminas.

La colección de arte del ex presidente de Eurobank del Mediterráneo, detenido en la capital de Burkina Faso el pasado mes de mayo tras permanecer fugado de la Justicia desde el verano de 2015 y cuya entrega aguardan desde hace más de siete meses las autoridades españolas tras tramitar la extradición, permanece inmovilizada a la espera de que el Juzgado Central de Instrucción 6 de la Audiencia Nacional concluya la instrucción de esta causa y se enjuicien los hechos que se investigan desde 2011. No será hasta entonces cuando se conozca el destino que espera a estas obras, entre las que destacan las de al menos seis artistas catalanes: Lluís Masriera, Alfredo Opisso, Joan Abelló, Modest Urgell, Juan Antonio Valls i Trullás y Andreu Solà.

“No hay ninguna que sea excepcional pero, por autor y periodo pictórico, más de un cuadro sí podría completar la colección de alguno de los museos de arte moderno de Cataluña”, explica a este diario un especialista que conoce las obras intervenidas a Pascual. Éste fue imputado por el juez que instruye el caso Fortia por estafa o apropiación indebida, delito societario, insolvencia punible, blanqueo de capitales, falsedad, contra la Hacienda Pública y la Seguridad Social, asociación ilícita y contra el derecho de los trabajadores y extranjeros.

Un especialista dice que ninguno de los cuadros es excepcional pero que hay varios que sí podrían completar la colección de algún museo de arte moderno de Cataluña

No es la única causa que le espera en España. Eduardo Pascual fue llamado como imputado a la causa de los ERE por ser el “jefe” de una de las dos empresas  que se repartían el negocio millonario de la intermediación en las pólizas de prejubilaciones que durante una década sufragó la Junta de Andalucía (Vitalia), lo que le llevó a estar en prisión preventiva durante 15 meses. En concreto, Vitalia recibió sobrecomisiones por un montante de al menos 36,2 millones de euros -según ha puesto de manifiesto la instrucción- y Pascual es uno de los 19 investigados en esta pieza separada del caso, en la que aún no se ha dictado auto de apertura de juicio oral.

Mientras llega la resolución judicial del caso Fortia, los cuadros aguardan en los almacenes que el Servicio de Atención de Museos en Girona -dependiente de la Consejería de Cultura de la Generalitat- tiene en el barrio gerundense de Pedret, según ha confirmado El Independiente. En dichas dependencias permanecen en depósito por orden de Eloy Velasco -el juez que llevó la instrucción del caso Fortia y que el pasado mes de mayo consiguió plaza en la Sala de Apelaciones de la Audiencia Nacional– hasta que previsiblemente se vendan en el futuro para responder por el presunto perjuicio causado por el principal investigado en la causa a los mutualistas y a la Hacienda pública. Por los indicios que acumula la instrucción, no parece probable que las obras hagan un viaje de vuelta hasta la cámara acorazada.

Caso ERE - Cuadros

Fotografía realizada por los Mossos de algunos de los cuadros de Eduardo Pascual y que fueron inmovilizados.

Sólo una obra no pudo emprender viaje hasta Girona debido a las grandes proporciones. Se trata de un lienzo firmado por el pintor barcelonés Lluís Masriera en 1945 en la que se ve a una mujer aseando a un bebé junto a otras personas. Aunque más conocido por su faceta de diseñador de joyas, Masriera cuenta con varios obras en el Museo Nacional de Arte de Cataluña: Composición decorativa (1911) y Sombras reflejadas (1920).

En las obras incautadas predominan los retratos de mujeres y los paisajes, como el que firma el pintor valenciano Ricardo Manzanet. Hay también escenas marinas, detalles de caballos, bodegones y centros florales. Muchas de los cuadros o son de autor desconocido o la firma es ilegible.

Los cuadros se encontraban en una cámara acorazada que Eduardo Pascual, detenido en Burkina Faso en mayo, había instalado en un sótano de su vivienda barcelonesa

El experto consultado por este periódico destaca las obras de Opisso -como las que plasma la imagen exterior de un teatro con vestimenta de principios del siglo XX y el interior de un cabaré-, la de Abelló -panorámica de una ciudad con diferentes tonalidades- y la citada de Masriera. En el inventario también figura un lienzo de Valls i Trullás que tiene como motivo central un tren negro pasando por debajo de un puente.

En las diligencias 42/20111 se investiga la descapitalización de la antigua mutua catalana a través de una cesión encubierta de cartera, desviándose fondos a través de una “maraña de sociedades instrumentales y personas interpuestas”. El juez definió a Eduardo Pascual como el “alma mater de la trama” oculto bajo la figura de un “mero asesor”.

Plano de la vivienda de Pascual. La zona sombreada en amarillo es donde estaba la cámara acorazada.

Plano de la vivienda de Pascual. La zona sombreada en amarillo es donde estaba la cámara acorazada.

Aquel búnker en el que el ex banquero catalá guardaba su colección de arte había pasado inadvertido para los Mossos d’Esquadra cuando registraron la vivienda del Pasaje Permanyer el 21 de febrero de 2011 por primera vez. Pero el análisis de los archivos contenidos en los dispositivos intervenidos en aquella entrada en el inmueble permitió a los investigadores conocer que Eduardo Pascual había instalado una cámara acorazada en un sótano al que se accede desde el pequeño jardín delante del edificio. La factura de la empresa que llevó a cabo la instalación les puso sobre la pista, lo que les llevó a pedir a la Audiencia Nacional autorización para volver a registrar la vivienda.

La casa estaba a nombre de Santarino Holding BV -sociedad interpuesta con sede en Holanda, filial de CNE Corporate Services BV y administrada por Trust International Management BV- y considerada por los investigadores como el “centro neurálgico de la trama”. La compañía holandesa constaba como arrendataria del inmueble a una hija de Eduardo Pascual, si bien éste disponía de despacho en la primera planta.