Cada vez menos gente en el mundo vive en sistemas democráticos libres. A 31 de diciembre de 2017, sólo el 39% de la población mundial lo hace. Por contra, hay un 24% de personas viviendo en sistemas parcialmente libres y un 37% que lo hace bajo regímenes autoritarios. Aunque los niveles siguen por encima de los de principios de siglo, los índices de libertad en el mundo llevan 12 años consecutivos deteriorándose. Y 2017 fue especialmente malo: «La democracia sufrió este año su mayor crisis en décadas y sus sustentos básicos -incluyendo la garantía de elecciones libres y justas, los derechos de las minorías, la libertad de prensa y el Estado de Derecho- fueron atacados en todo el mundo», concluye el último informe sobre la libertad en el mundo publicado esta semana por la ONG norteamericana Freedom House, que lo elabora anualmente desde 1972.

España continúa afianzada en la vanguardia del mundo libre y mantiene la misma puntuación que en la última edición del informe: 94 puntos sobre 100. La metodología tiene en cuenta 25 parámetros que puntúa con hasta cuatro puntos. En el último informe personalizado sobre el país, España conseguía una puntuación inmaculada en pluralismo político, participación y procesos electorales. Se quedaba a un punto de la perfección en derechos individuales, asociacionismo, independencia judicial y libertad de expresión. El punto más flojo fue el funcionamiento del Gobierno, que obtuvo 10 puntos sobre 12, lastrado por el bloqueo institucional sufrido por el país durante buena parte del período sometido a análisis.

Detalle de la valoración de España en el informe de Freedom House 2018.

Detalle de la valoración de España en el informe de Freedom House 2018.

En su valoración global, España mantiene la máxima puntuación tanto en derechos políticos como en libertades civiles y recibe una media perfecta de 1 sobre 7. La metodología del ránking divide a los países en ‘Libres’ (si la media está entre 1 y 2,5), ‘Parcialmente Libres’ (entre 3 y 5) o ‘No Libres’ (entre 5,5 y 7) y añade la puntuación agregada como factor de desempate.

En este sentido, los países nórdicos (Finlandia, Noruega y Suecia) consiguen un inmejorable 100/100, por delante de Canadá, Holanda (99/100), Australia, Luxemburgo, Nueva Zelanda y Uruguay (98/100). Los 94 puntos que consigue España la igualan con Alemania, Austria o el Reino Unido, y están por encima del resultado de Francia (90), Italia (89) o los Estados Unidos (86), que caen hasta la 53ª posición del ránking.

Mapa de libertad en el mundo, por puntuación total.

Mapa de libertad en el mundo, por puntuación total. FREEDOM HOUSE

El caso norteamericano es especialmente significativo y guía el declive global del ránking en la última década. En 2008, Estados Unidos conseguía 94 puntos. Diez años después, se hunde hasta los 86 y mantiene un declive imparable desde al año 2014. «El país ha experimentado una serie de retrocesos en la justicia y el desarrollo de las elecciones en la última década -bajo el liderazgo de los dos grandes partidos-, pero en 2017 sus instituciones centrales fueron atacadas por una Administración que rechaza normas éticas básicas», dice el informe, que acusa a Donald Trump de haber «mezclado su imperio empresarial con su rol como presidente, nombrado a miembros de su familia como parte de su equipo, concedido altos cargos a lobistas y representantes de intereses especiales y se negó a cumplir con las prácticas de divulgación y transparencia observadas por sus predecesores».

El informe avisa de que las declaraciones y acciones de Donald Trump pueden debilitar instituciones básicas de la democracia estadounidense

«El comportamiento del presidente se debe en parte a la frustración con los controles y equilibrios democráticos del país, incluidos los tribunales independientes, un poder legislativo fuerte, la prensa libre y una sociedad civil activa. Estas instituciones se mantuvieron bastante resilientes en 2017, pero las declaraciones y acciones de la administración podrían finalmente debilitarlas, con graves consecuencias para la salud de la democracia estadounidense y el papel de Estados Unidos en el mundo», abunda el informe, que recuerda algunas de las medidas más polémicas de Trump, como sus continuos ataques a periodistas, la restricción de viajes por nacionalidad de origen o sus declaraciones sobre los jueces que han paralizado o tumbado alguna de sus medidas.

El informe ha sido recibido con preocupación en Estados Unidos, y no sólo ha sido publicitado por el Partido Demócrata. El gobernador de Ohio John Kasich, que llegó a ser uno de los más serios rivales de Donald Trump durante las primarias republicanas, se ha hecho eco de la publicación de Freedom House con una reflexión sobre la posición de Estados Unidos en el mundo: «América es más segura cuando apoyamos la libertad y la democracia en el mundo. Debemos seguir comprometidos fuera de nuestras fronteras. Cuando nos retiramos, los enemigos de la libertad llenan ese vacío».

El populismo lastra a Europa

Pero Norteamérica no es ni la única ni la mayor preocupación del informe, que señala también hacia Europa y subraya el crecimiento de candidaturas extremistas en Francia, Alemania o Austria. Del mismo modo, apunta hacia la consolidación del populismo reinante en Polonia y Hungría, los dos países a los que la Unión Europea tiene bajo una estrecha vigilancia previa a la activación del artículo 7 que podría llegar a retirarles su derecho a voto en las decisiones del Consejo.

El artículo también pone el foco sobre el estancamiento de la situación en los Balcanes, y especialmente en Serbia. «La tolerancia de los líderes europeos hacia las tendencias autoritarias del primer ministro Aleksandar Vucic le han permitido avanzar en el aislamiento de la oposición y el debilitamiento de lo que queda de prensa independiente», dice, precisamente durante el semestre en el que Bulgaria, como presidencia de turno del Consejo de la Unión Europea, pretende impulsar el proceso de acceso a la UE de los países balcánicos.

La democracia se esfuma en Turquía

No obstante, el mayor foco de preocupación para Freedom House en el entorno europeo lo constituye Turquía, cuyas aspiraciones de sumarse al proyecto comunitario son cada vez más débiles. El país, de hecho, entra por primera vez en la lista de regímenes autoritarios gracias a su «caída libre desde 2014 debido a una creciente escalada de ataques a la prensa, a los usuarios de redes sociales, manifestantes, partidos políticos, el sistema judicial y el electoral, mientras el presidente Recep Tayyip Erdogan lucha por imponer un control personalizado sobre el Estado y la sociedad».

Las perspectivas no son mucho mejores en el resto de cabezas visibles del mundo árabe. Túnez es el único calificado como país libre, aunque su tendencia es a la baja. Siria se consolida como el peor país del mundo en términos de libertad (-1 puntos), y en los discutibles puestos de cola de este ránking aparecen también Arabia Saudí (7), Libia (9), Bahréin 12), Yemen (13), los Emiratos Árabes Unidos (17) e Irán (18). En similares baremos se mueven potencias como China (14) o Rusia (20).

Venezuela, que vuelve a descender hasta los 26 puntos, se consolida como régimen autoritario y supone la principal excepción negativa en todo el continente americano. Los peores puestos del mundo, no obstante, los siguen copando África y Asia Central: Siria, Sudán del Sur, Eritrea, Corea del Norte, Turkmenistán, Guinea Ecuatorial, Arabia Saudí, Somalia, Uzbekistán, Sudán, República Centroafricana y Libia.