El líder de Podemos, Pablo Iglesiasa, atiende a periodistas en el Congreso de los Diputados.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, atiende a periodistas en el Congreso de los Diputados. EP

Política

Cuatro años de Podemos: el Pablo Iglesias tertuliano antes del partido

Podemos nació en los platós. Mucho antes de que el partido se presentara públicamente, un profesor universitario aficionado a la comunicación y con la indignación por bandera saltó de la autoproducción en una emisora de Vallecas, Tele K, y se paseó por las principales tertulias de las grandes cadenas nacionales. El 17 de enero de 2014, Pablo Iglesias presentaba Podemos en el Teatro El Barrio de Lavapiés (Madrid). Junto a él caras como Juan Carlos Monedero, Luis Alegre o Carolina Bescansa. Apenas un puñado de periodistas. Iglesias era aún un desconocido para gran parte de la opinión pública, aunque llevaba meses a sus espaldas acumulando cuota de pantalla: ya se había ganado un nombre y era suficiente para dar el pistoletazo de salida.

El nacimiento de Podemos estuvo estrechamente vinculado al personaje de Pablo Iglesias que se forjó en los distintos programas. «Fue la persona antes que el partido», reseñan desde la formación. El personaje representaba unas ideas por entonces un tanto heterodoxas y poco vistas en los principales medios de masas. Y en ese clima de crisis económica y hartazgo social se metió en el bolsillo a miles de espectadores. La idea montar un partido se fraguó según se iban desarrollando los acontecimientos. La reacción social al fenómeno Iglesias fue la mecha que prendió y que después se convirtió en un movimiento organizado.

«La propia coyuntura nos animó a lanzar una apuesta pensando que había sustrato social en donde apoyarse», admiten desde el partido. Sin embargo, la idea de Podemos no estaba presente en las primeras apariciones de Pablo Iglesias en los medios, sino que fue la consecuencia de estas apariciones la que planteó la posibilidad de organizarse como partido político. «Luego, a más de uno le cogió a contrapié que tras ese tertuliano estuviera fermentando Podemos».

El líder de Podemos no oculta su anhelo por esta etapa, en la que gozaba de gran visibilidad y no sufría la responsabilidad política que hoy le conlleva el cargo. Es habitual en su círculo más próximo hacer referencia a este ámbito. «Si me ofrecen un programa como el de Wyoming, dejo el partido», ha bromeado en más de una ocasión.

De la autoproducción a las cadenas nacionales

Sus andaduras audiovisuales comenzaron mucho antes que su vida pública. A finales de 2010, antes incluso que el movimiento 15M, un joven Pablo Iglesias, con aros en las orejas y un piercing en la ceja, se puso al frente de La Tuerka, un programa de tertulia política que en su primera fase estuvo centrado en el ámbito universitario.

Iglesias era el conductor, «que no moderador», como solía decir. Poco a poco, este espacio pasó de contar con invitados únicamente de izquierdas a ir ampliando su espectro para acoger a todos los tintes políticos. El respeto en las formas a las distintas opiniones y la dureza en su discurso sería una de las fórmulas que durante años ensayó en este programa y que más tarde le valdría en su lanzamiento al ámbito nacional.

Iglesias presentando La Tuerka en 2011.

La atracción de Iglesias por el ámbito audiovisual le llevó en 2012 a fundar la productora Con Mano Izquierda (CMI), un ente inscrito como asociación sin ánimo de lucro que sin embargo realizó trabajos para varias campañas de IU en 2012 y 2013. Los pagos que recibía la productora por parte de IU llegaban directamente a través de dirigentes de la formación o por transferencias emitidas por el entonces productor para los vídeos de IU, Denis Thomas Maguire, que desde febrero es el nuevo tesorero de Podemos.

Fueron los hijos del ex dirigente de IU Willy Meyer, Amanda -entonces secretaria general de vivienda en el Gobierno andaluz de Susana Díaz- y Tristán, que trabajaba para la productora, quienes favorecieron los contratos entre Izquierda Unida y la empresa de Iglesias. En estos contratos también intervino el entonces coordinador de campaña de IU, Ramón Luque, ahora asesor de Pablo Iglesias en la Secretaría General del Podemos.

Por entonces, Iglesias era un profesor de Geografía Política en la Universidad Complutense de Madrid que en sus ratos libres se ponía una corbata roja y ejercía de presentador en La TuerkaFort Apache, otro espacio que creó bajo su productora. Ambos siguen en marcha a día de hoy, y continúan presentados por Pablo Iglesias. Esta circunstancia dio lugar a una rareza en el Congreso de los Diputados, cuando Podemos tejió una inédita alianza con PP y Ciudadanos para aprobar el Estatuto del Diputado, que permitía la participación de los parlamentarios en actividades privadas y daba manga ancha al dirigente para continuar en sus tertulias. Frente a esto, el PSOE votó en contra. Defendía un mayor control para las actividades privadas de los diputados y pedía a Iglesias aportar datos sobre la empresa y la financiación del programa.

Intereconomía, el tobogán a la televisión nacional

No fue hasta 2013 cuando Iglesias saltó a una cadena de televisión nacional. Y fue precisamente en Intereconomía donde encontró el primer espacio en su salto a la opinión pública. El dirigente acudió por primera vez a la tertulia de El Gato al Agua el 25 de abril de 2013, el día en que tuvo lugar el Asalto al Congreso. En aquella tertulia, Iglesias no tenía cargo público alguno y era presentado como «simpatizante del 15-M». El tertuliano comenzaba su intervención marcando una distancia ideológica con el resto de contertulios.

Iglesias andaba loco por venir, no sabía cómo ir a las tertulias, tenía ansias de salir en la televisión nacional»

«Gracias por la invitación, es un gusto cruzar las líneas enemigas y charlar en territorio comanche», fueron sus primeras palabras. «Si usted nos considera enemigos…nosotros le consideramos muy bienvenido en esta, su casa», le respondió Javier Algarra, el entonces presentador y director del programa.

«En su primera reacción fue poco educado pero luego me di cuenta de que venía con más miedo que otra cosa», destaca el periodista cuatro años después. «Venía a la defensiva por ser Intereconomía, ese nido de fachas, de ultras -ironiza-, y venía muy preparado para la autodefensa cuando le invitaba». Intereconomía fue la primera tertulia a la que acudió asiduamente. Por entonces ni siquiera existía Podemos, y era el único altavoz del dirigente para medir el impacto de sus ideas en una sociedad golpeada por la crisis.

Tras el nerviosismo inicial «bajó la guardia y se relajó», reseña Algarra. «Se dio cuenta de que podíamos hablar y discutir utilizando la dialéctica con total normalidad. La fama de la cadena obedecía más a quien no nos veía. Iglesias vino con reticencia pero se adaptó perfectamente y estuvo casi un año con total normalidad. Era uno más».

Iglesias iba entonces por libre. No tenía equipo de argumentario, como ahora, aunque sí contaba con personal de La Tuerka que le ayudarían a preparar sus intervenciones. A través de mensajes al móvil, el dirigente recibía ideas que lanzar en directo. Después de las tertulias se reunía con ellos en bares del madrileño barrio de Lavapiés, donde valoraban la intervención.

Cuatro años después de aquel estreno en El Gato al agua, el periodista rememora el aterrizaje de aquel profesor universitario en su programa. «Fue una cosa bastante casual porque busqué a un portavoz de quienes formaban parte de estas protestas de Asalto al Congreso, que ni siquiera era una cosa organizada. Y lo encontré a él, que después resultó que tenía ambiciones políticas», recuerda. «Posteriormente me llegó que andaba como loco por venir, que no sabía cómo conseguirlo, pero que tenía ansias de salir en la televisión nacional».

Iglesias acudió por última vez como tertuliano habitual a esta cadena en diciembre de 2013, un mes antes de presentar Podemos en sociedad. Coincidió con el despido de Josep Pedrerol de la cadena. «En directo, justo cuando le despedía, soltó que se solidarizaba con Pedrerol y con el equipo de deportes despedido. Iglesias me había propuesto que también fuera Tania Sánchez, de IU, y Tania también lo dijo», relata el entonces presentador de El Gato al Agua.

Este detalle terminó por dinamitar la relación con la primera cadena que se había interesado por ese profesor con ambiciones políticas. «Cuando acabó el programa les dije que me parecía bien que opinaran, pero que en antena era violento que dijeran esas cosas cuando estaban invitados. Y yo creo que se debieron molestar, desde entonces no volvieron. Les volví a llamar pero ya no se ponían, también es que tenían ya en mente el partido político. En el momento en que montaron Podemos se sintieron importantes y dejaron de atender el teléfono, tampoco le di más importancia».

El lanzamiento: Cuatro y La Sexta Noche

El que sería una figura clave en la historia contemporánea compaginaba sus clases en la Universidad Complutense con su labor de tertuliano. En mayo de 2013 Jesús Cintora comenzó a presentar Las Mañanas de Cuatro. Y ahí apareció Pablo Iglesias, que tenía que revisar su horario de clases antes de confirmar su asistencia al programa. En su primera etapa antes de saltar al estrellato acudía al plató solo, en su moto, cargado con la mochila que aún a día de hoy sigue llevando para trabajar en el Congreso de los Diputados.

«Cuando empecé con el programa tuve unos días para hacer la renovación que me pidieron y me puse a mirar vídeos de Youtube para cambiar caras de tertulianos. Viendo esos vídeos me encontré a Pablo. Alguna vez le había visto en La Tuerka, a través de Tele K. Vamos, igual que le vi a él, llamé también a Francisco Granados, al que conocía de otras tertulias», reconoce Cintora a El Independiente. «Yo buscaba gente un poco diferente a lo que se veía habitualmente, tanto en edad como en discurso, y el Pablo que me llamó la atención tenía una forma de hablar muy correcta en las formas y un discurso duro que conectaba con el mensaje del 15-M».

Sánchez, Rivera, Garzón e Iglesias coincidieron por primera vez en 2013, antes de liderar sus partidos

Con Cintora fue la primera vez que Iglesias empezaba a acudir con regularidad a una tertulia de una gran cadena nacional. «Nos gustó. De entrada había incluso un punto de provocación en el hecho de plantar a un tío con el pelo largo y aros; era una forma de reflejar a sociedad y a la gente que se viste así». La forma y el fondo de su discurso terminaron por convencer al presentador del programa, que da pistas sobre la fórmula de su éxito: «Era muy duro en el contenido pero correcto en las formas», reconoce Cintora.

El presentador llamó a la Universidad Complutense para hablar con Pablo Iglesias y terminó por dejarle un mensaje en el buzón de voz. Así empezó a colaborar en el que sería uno de sus grandes escaparates hacia la opinión pública. «Gustó mucho, siempre te empezaban a preguntar por ‘el coletas'», relata. «La primera vez que coincidió con él Esperanza Aguirre entró en maquillaje preguntando que dónde estaba el comunista», recuerda ahora.

El ex presentador de Cuatro cree que Iglesias integró Podemos al no ir en puestos notables de listas de IU

El periodista, además, rechaza de plano la opción de que Iglesias fuera a su programa con idea de liderar un partido político. «Con el tema de Pablo ha habido una teoría precocinada sobre si acudió al programa de forma premeditada para después hacer Podemos. No fue así. Vino una vez y siguió viniendo porque gustaba. Un contertulio, si no gusta, deja de venir. Igual que siguió viniendo [Francisco] Granados hasta que lo detuvieron», matiza.

Cintora se muestra convencido de que el origen de Podemos fue la imposibilidad de hacerse un hueco en el partido de Cayo Lara. «Pablo defendía las tesis de IU y acabó montando Podemos porque quería ir en un puesto notable de las listas de las elecciones Europeas de Izquierda Unida y no lo consiguió», relata, en una teoría ya presente en su libro Conspiraciones (Espasa, 2017).

Iglesias, un tertuliano ejemplar

Pablo Iglesias no era un tertuliano más. Quien ha coincidido con él en estos espacios de debate reconoce su afán por conocer bien los temas a tratar y por preparar sus intervenciones. «Era muy aplicado, se preparaba los temas. Siempre venía al programa con documentación, llegaba con boli en la mano, que hay quien viene con las manos vacías», detallan desde el equipo de producción de Las Mañanas de Cuatro. Iglesias incluso llegaba a pedir con antelación los temas que se tratarían en el programa para disponer de más tiempo de estudio.

«Lo habíamos visto en La Tuerka y en Intereconomía. Era un sparring, todo el mundo se metía con él y el tío se defendía muy bien, así que decidimos probarlo», destaca un miembro del equipo de programación. El resultado fue fulminante: «Era un fenómeno, nos dejó flipados. Hablaba muy bien, tenía un discurso bastante rompedor que encajaba con el programa porque queríamos hacer algo diferente. Era un discurso popular y populista, pero nunca ningún político nos había hablado así. Y la verdad es que sorprendió», relatan desde el equipo.

Pablo Iglesias pedía debatir con Albert Rivera cuando el líder de Cs ya era un líder reconocido

En su primera incursión en Cuatro, Iglesias  coincidió con una mesa de ‘jóvenes promesas’ en la política. Los componentes fueron los entonces diputados rasos Pedro Sánchez, del PSOE, Alberto Garzón, de IU, Pablo Casado, del PP, y el diputado en el Parlament por Ciutadans, Albert Rivera. Fue el primer encuentro ‘casual’ de los que poco después serían los líderes de los principales partidos del país.

Jesús Cintora recuerda la relación inicial entre Albert Rivera y Pablo Iglesias, que coincidieron por primera vez en su programa. «Visto con perspectiva, es curioso», señala. «Al principio era Pablo el que me pedía que viniera Albert para debatir con él. Y Albert, más reconocido como un político de nueva generación, no quería. Para que se vea hasta qué punto un político busca notoriedad con algún otro político más de moda», describe el periodista, que relata cómo cambiaron las tornas una vez que surgió Podemos. «Luego era Albert el que me pidió que viniera Pablo cuando ya habían montado el partido. Se buscaban cada uno cuando el otro era más famoso».

El presentador reconoce las dos vertientes de Iglesias. Su firmeza en el discurso y su timidez fuera de pantalla. «Era tímido, venía solo en su moto y con su mochila», cuenta Cintora. «Había debates muy agrios, pero era de los que decían ‘déjame terminar’, no de los que interrumpían». El periodista recuerda además que «en plató aprovechaba para conocer a otros políticos». «Podría tener un debate más o menos duro con Rivera o con Bono, pero luego el trato era cordial».

Podemos nació en directo

Poco después de aterrizar en Las Mañanas de Cuatro, Iglesias llegó también a La Sexta Noche. «Allí tenía más notoriedad porque era un espacio de prime time», reconoce Cintora. En Cuatro Iglesias era un personaje original, pero tampoco supuso una subida de audiencia. «Los récords los teníamos con otros personajes. Es más, el récord lo hicimos el día que detienen a un colaborador nuestro del programa, que era Granados. Pablo funcionaba muy bien pero no nos dio récords».

El dirigente estaba en directo cuando recibió los avales necesarios para ser candidato de Podemos

La Sexta fue la nueva casa de Pablo Iglesias, que ya estaba en contacto con un grupo de personas que serían después el germen de Podemos. En el plató de esta cadena vivió en directo el inicio de Podemos como candidatura y se despidió de su etapa como tertuliano, tras ser elegido eurodiputado y mudarse a Bruselas.

El 13 de julio, Iglesias acudió por última vez al plató como un invitado raso. El cierre de etapa estuvo marcado por un encontronazo con Esperanza Aguirre, cuando la presidenta del PP madrileño entró en antena por vía telefónica para reclamar al líder de Podemos que condenase a ETA y repitiera con ella que “los etarras son asesinos”. Iglesias no tuvo objeción en ceder, pero continuó recordándole casos de corrupción. “Repita usted conmigo: ‘la trama Gürtel firmó contratos mientras yo era presidenta’”, le replicó el ya eurodiputado de Podemos, en la que los suyos describen como una de las mejores intervenciones de su líder en televisión. A partir de ahí, acudiría como político invitado y no como opinador.

Pero más épica que la despedida fueron los comienzos. El viernes 17 de enero de 2014, Iglesias presentó la «iniciativa» Podemos junto a otros dirigentes y se comprometió a liderar una candidatura para las europeas si obtenía 50.000 avales. Al día siguiente, el sábado 18 de enero, una docena de personas que luego conformarían las filas de Podemos se reunieron para seguir juntos el programa de La Sexta Noche.

Iglesias estaba en directo mientras se comunicaba con los suyos por el móvil. Mientras transcurría el programa no sólo llegaron los 50.000 avales requeridos para presentarse como candidato, sino que obtuvieron más de 80.000 y quedaron muy cerca de duplicarlos. El posible candidato de Podemos siguió los acontecimientos en el aire, frente a la cámara, y fue en plató cuando supo del éxito de su propuesta. Ya era oficial. Podemos había nacido.

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