El presidente del Parlament, Roger Torrent, ha confirmado este lunes que el único candidato a la investidura es Carles Puigdemont. Será Puigdemont por tanto quien tenga que someterse a la confianza de la cámara antes del 31 de enero. Pero a diferencia de lo que sucedió con la Mesa del Parlament, en esta ocasión la aritmética del Parlament y la posición política de los grupos de la Cámara complica el regreso a la Generalitat del líder de Junts per Catalunya. Puigdemont no será presidente si no se permite el voto delegado de los huidos en Bélgica, o si ninguno de ellos renuncia a su escaño y deja correr las listas de su partido.

Esto es así porque el reglamento de las votaciones de investidura en el Parlament permite los empates. Al igual que en el Congreso, el candidato a la investidura necesita la mayoría absoluta de los votos en primera ronda para ser confirmado en el cargo: por lo menos 68 votos. En segunda ronda es suficiente con una mayoría simple: más síes que noes. Actualmente, no se cumple ninguna de las condiciones.

Si la Mesa del Parlament mantiene el criterio de la Mesa de Edad en la sesión de constitución del Parlament, admitirá el voto delegado de los tres diputados presos (Oriol Junqueras, Joaquim Forn y Jodi Sànchez), pero no de los cinco huidos en Bruselas. Y con esa aritmética parlamentaria, se produce un empate: 65 diputados independentistas (JxC+ERC+CUP) y 65 diputados no independentistas (Ciudadanos+PSC+Catalunya En Comú+PP).

El ‘No’ de los comunes, clave

A diferencia de la votación para la Mesa, en la que los comunes se abstuvieron para permitir la presidencia de Roger Torrent, la formación de Xavier Domènech ya ha anunciado que votará ‘No’ a cualquier candidato independentista a la Generalitat. Especialmente a Carles Puigdemont, pero también a cualquier otro que propongan Junts per Catalunya o ERC y que pretenda seguir con la línea marcada por el anterior Govern.

Si se produce el empate en la primera y segunda votación, comenzaría a correr el plazo de dos meses antes de las elecciones automáticas

De producirse ese empate, el tiempo empezaría a correr en contra del independentismo: tendría dos meses para encontrar una solución antes de la disolución automática del Parlament y la convocatoria de elecciones. Esta es una diferencia fundamental con la votación para la Mesa, en la que el empate continuado termina resolviéndose a favor del grupo mayoritario, que en este caso habría sido Ciudadanos. CeC, sin embargo, decidió votar en blanco.

La solución en el caso de la investidura, salvo pacto con los comunes por un candidato de consenso, sólo pasa por el permiso de delegación de voto a los diputados que permanecen en Bruselas eludiendo la acción de la justicia española. Una decisión que le corresponde a la Mesa y que Torrent ha recordado este lunes que es «política», aunque cuenta con la opinión en contra de los letrados del Parlament, que no consideran que la presencia voluntaria en Bruselas pueda ser interpretada como «incapacidad prolongada» y por tanto motivo de delegación de voto.

Si la Mesa aplica un criterio consistente con el que mostró en la primera sesión de esta nueva legislatura, la única opción para el independentismo pasaría por la renuncia de uno de los cinco diputados belgas a su escaño, permitiendo que lo ocupase la siguiente persona en las listas. De esta manera, el bloque nacionalista sumaría 66 votos válidos y podría investir a su candidato en una segunda votación. Si en vez de uno renunciaran tres, alcanzaría los 68 y podría hacerlo en primera ronda.