Donald Trump es también un soñador. “Todos los americanos somos soñadores”, dijo en su primer discurso del Estado de la Unión, en un claro guiño a los jóvenes inmigrantes amenazados de expulsión por su política migratoria. En uno de los discursos más largos, casi una hora y media, que se recuerdan, Trump aseguró: “Es el nuevo momento de América. Es el mejor momento para vivir el sueño americano”.

Con llamamientos continuos a la unidad y a la responsabilidad de los congresistas republicanos y demócratas, esgrimió patriotismo, en un tono lejano de su ardor tuitero pero igualmente contundente en sus postulados, especialmente en política migratoria. Como argumento para defender las restricciones y el muro en México, aludió a las pandillas de delincuentes que se cuelan por la frontera y a la permisividad que ofrece el sistema de visas.

Interrumpido continuamente con aplausos de su bancada, apeló a los congresistas de la oposición demócrata, a los que necesita para aprobar la reforma, a que den luz verde a una reforma por la que se daría una salida a los 1,8 millones de dreamers (hijos de inmigrantes ya establecidos en el país). Eso sí, a cambio de fondos para el muro. Llamó al  consenso “aunque no todos consigan lo que quieran”.

Su propuesta, como explicó, se basa en cuatro pilares: “Ofrecer el camino a la ciudadanía a 1,8 millones de dreamers”; “asegurar la frontera con el muro y más fondos a las patrullas ciudadanas”; “el fin de la lotería de visas (green cards); y la limitación de la inmigración en cadena (reagrupamiento familiar). Los demócratas y asociaciones en defensa de los inmigrantes denuncian cómo el presidente hace rehén de esta manera a los dreamers para aplicar su política dura en inmigración.

Para exponer los peligros que acechan a los estadounidenses por este sistema de inmigración aludió a dos familias destrozadas por la pérdida de sus hijas adolescentes debido a la violencia de la pandilla MS13. También como ejemplo del riesgo de lo que llama lotería de visas y a la inmigración en cadena, refirió a los últimos ataques en Nueva York. “Se acabó con la práctica de arrestar y liberar”, puntualízó Trump.

El himno, la bandera, la familia, la fe, estuvieron presentes en el discurso del presidente, que ensalzó “los deberes cívicos estadounidenses”. En este sentido, dijo que autorizará a los miembros de su gobierno a despedir a los empleados federales que fallen a los estadounidenses, sin concretar más a qué se refería.

Mientras los republicanos interrumpían al presidente de forma continua con aplausos, los demócratas no ocultaban sus discrepancias con el gesto. No rompieron el protocolo llamándole “mentiroso” como si hicieron los republicanos con Obama. Eso sí, las congresistas demócratas vestían de negro en señal de solidaridad con la campaña que denuncia el acoso sexual a las mujeres, y como forma de protesta contra Trump. Su esposa Melania, que llegó sola, lo que  no es habitual, lucía un traje pantalón de color de marfil.

Las demócratas estadounidenses en el Congreso, de negro.

Las congresistas demócratas, en el centro Nancy Pelosi, de negro para denunciar el acoso. EFE

Realizó el presidente un repaso triunfalista de su primer año en el cargo, basándose en los datos económicos, su gran aval. “Tal y como prometimos a los estadounidenses en este mismo podio, hemos aprobado la reforma fiscal más grande de la Historia”, presumió orgulloso. Insistió con ejemplos en que los beneficiarios son las clases medias, mientras que los demócratas insisten que favorece a las rentas más altas. También los medios estadounidenses recordaban cómo también hubo estímulos económicos de gran calado con Clinton, Bush hijo y con Obama.

Nunca antes ha habido un mejor momento para comenzar a vivir el sueño americano», dijo Trump triunfalista

«Desde la aprobación de la reforma fiscal, por lo menos tres millones de de trabajadores han recibido bonos y recortes: muchos de ellos de miles de dólares… Trabajadores, si os esforzáis, podéis conseguir lo que queráis. Este es nuestro nuevo momento para Estados Unidos. Nunca antes ha habido un mejor momento para comenzar a vivir el sueño americano», dijo el presidente.

“Desde la elección hemos creado 2,4 millones nuevos empleos, 200.000 en fábricas. Por fin vemos que los sueldos están subiendo, tras años de estancamiento. Hay menos desempleo que hace 45 años, la tasa más baja en afroamericanos nunca registrada antes, y de los hispanos también. La confianza de los pequeños empresarios es alta, y la Bolsa ha ganado 18 millones de dólares en estos meses. Tal y como lo promulgamos hemos hecho las mayores reformas de la historia”, aseguró entre aplausos.

También presumió de cómo Apple va a crear 20.000 empleos en breve y cómo grandes consorcios de automoción están regresando a invertir a EEUU. “Hemos eliminado regulaciones como nunca antes en la Historia. Somos exportadores de energía al mundo. En Detroit rugen de nuevo los motores. Muchas fábricas de automóviles están fabricando de nuevo. Están volviendo. Quieren estar en EEUU. Durante muchos años se fueron. Ahora vuelven”, señaló en alusión a una de sus promesas electorales.

A su vez pidió al Congreso que apruebe invertir 1,5 trillones en infraestructuras para construir puentes, carreteras y red viaria. “Vamos a unirnos, a dejarnos de politiquería y hacer nuestro trabajo”, interpeló a las dos Cámaras.

Un anuncio del discurso del presidente relacionado con el terrorismo tiene que ver con Guantánamo. Trump señaló que acaba de firmar una orden ejecutiva para mantener abierto Guantánamo. Uno de los objetivos no cumplidos por su antecesor, el presidente Barack Obama, era cerrar la prisión situada en la isla de Cuba. Allí siguen 41 detenidos. Trump ya prometió en campaña mantenerla abierta y llenarla “de hombres malos”.

En política exterior, Trump se refirió a Rusia y China como regímenes “que nos desafían”, apoyó al pueblo de Irán en sus recientes protestas contra los ayatolás, volvió a criticar el tratado nuclear con Teherán, aludió a las sanciones a Cuba y Venezuela, al éxito en la lucha en Irak y Siria sobre Estado Islámico, y, sobre todo, habló del grave riesgo que supone para EEUU “el depravado régimen de Corea del Norte”.

No repetiré los errores de anteriores administraciones (con Corea del Norte) que nos han llevado a la situación peligrosa de ahora»

“La experiencia pasada nos enseña que la complacencia y las concesiones solo invitan a la agresión y a la provocación. No repetiré los errores de anteriores administraciones que nos han llevado a la situación peligrosa que vivimos ahora”, dijo Trump, que volvió a referirse al imprevisible carácter del dictador Kim Jong-un.

En uno de los momentos más emotivos del discurso, rindió homenaje a la familia de Otto Warmbier, el joven estadounidense detenido y acusado de espionaje, que fue entregado el pasado verano a EEUU poco antes de morir víctima de su paso por las prisiones norcoreanas. Según Trump, esta familia es muestra “de la terrible amenaza que pende el mundo”.

En este sentido, abogó por reforzar el arsenal nuclear de EEUU. “Como parte de nuestra defensa hemos de reforzar nuestro arsenal nuclear para evitar cualquier agresión, como disuasión…  Quizá en el futuro llegará un momento mágico cuando todos los países eliminen sus arsenales nucleares pero aún no ha llegado el momento”, puntualizó.

La primera encuesta de la CNN hablaba de un buen recibimiento de las palabras de Trump. Un 48% de los encuestados reaccionaron «muy positivamente» al discurso y el 62% cree que América «va en la dirección correcta» con el líder republicano.

Creen los encuestados que efectivamente es el «nuevo momento de América», como dice el presidente. Ese sueño de una América próspera, fuerte, segura, se perfila como una realidad en el horizonte de Trump. El Trump del Capitolio, que ensalza al pueblo americano sobre todas las cosas y clama por una unidad a su imagen y semejanza. Quienes no lo ven así se quedan fuera.